“Los chicos crecen” suelen decir las abuelas. Y habrá que darles la razón inclusive después de acceder de manera privada y exclusiva al material de Una hora a Tokio, la tercera producción discográfica de Airbag que estará disponible en las disquerías de todo el país a partir del 11 de octubre.
Este crecimiento no sólo es consecuencia de la experiencia obtenida a lo largo de cuatro años de carrera y de haber recorrido infinidad de escenarios de todo el país y algunos puntos de Latinoamérica. Se debe también a un proceso natural de maduración por el que lógicamente atraviesa cualquier chico que comienza a dejar de serlo. No debe olvidarse que los hermanos Patricio, Gastón y Guido Sardelli se iniciaron en la música siendo unos niños y ahora, ya adolescentes, tienen nuevas inquietudes, intereses y un concepto más acabado de hacia dónde desean apuntar musicalmente.
Ya desde sus comienzos, el trío supo deslizar (y no con poco énfasis) que entre sus principales influencias descansaban varios artistas relacionados con el hard rock pero, salvo por algunos puntos de contacto con Bon Jovi, sus dos primeros trabajos, Airbag y Blanco y negro, no reflejaron de manera concreta aquello que insinuaban en sus primeras entrevistas. Más bien, lo suyo transitaba por temas pop con alguna que otra tímida distorsión en la guitarra y una presencia destacada de baladas. Con esa oferta musical llegaron al público y hoy cuentan con una más que interesante legión de fans.
Con la inminente aparición de Una hora a Tokio, Airbag por fin parece demostrar un correlato entre sus declaraciones a la prensa y lo que ofrece musicalmente, además de marcar un profundo quiebre con lo que venía desarrollando hasta el momento. Sus nuevas doce canciones son una explosión de potencia y energía arrolladoras. Y ellos mismos aseguran que éste es “nuestro primer disco de rock”, tal cual puede confirmarse en “Mi sensación”, primer corte que ya está sonando en radio.
En esta oportunidad, al link con el cowboy de New Jersey se le suman riffs, coros y estribillos con guiños a Guns N’ Roses, Poison, Def Leppard, Warrant, Motley Crue y baladas pesadas con pianos acústicos, giros y cambios de ritmo dignos de Meat Loaf e inspirados en Queen. Sí, los chicos subieron el volumen de sus equipos al máximo, distorsionaron al mango las guitarras y la batería invita a agitar cabezas, conformando algo así como un tributo al rock’n roll pesado y al glam metal de la soleada California de los ochentas pero doblado al castellano.
Silvio Furmanski, experimentado guitarrista con una especial debilidad por esta clase de rock, colaboró con el trío en la producción y quizás haya oficiado de Jack Black como en el imperdible film “Escuela de rock”, donde personificaba a un desprejuiciado profesor de música que exigía a sus alumnos escuchar discos de Hendrix, AC/DC y Led Zeppelin como tarea para el hogar.
Siguiendo ese argumento, Airbag – con el tecladista Hugo Bistolfi (Rata Blanca) como invitado – aprendió al pié de la letra la lección y tiene entre manos un álbum que funciona como diploma de graduación. Sólo resta aguardar qué reacción tendrán tanto sus seguidores de siempre como aquellos que nunca antes le habían prestado atención, considerando que el grupo, dueño ahora de una gran soltura, decidió recorrer otro camino que puede sorprender a muchos. Una hora a Tokio podrá gustar o no, pero seguro que no pasará desapercibido. Ni siquiera para las dulces abuelitas.
fuente: 10 musica


