La ‘Melancolía’ de Lars Von Trier es una visión del apocalipsis

El fin del mundo es hermoso. Triste, sí, pero muy hermoso. Ese es el agridulce sabor de boca que deja Melancolía, la nueva película del siempre peculiar Lars Von Trier que le valió a Kirsten Dunst el premio a la mejor actriz en Cannes.

Melancolía es, en primer lugar, un audaz ejercicio de preciosismo y virtuosismo visual. Especialmente su prólogo -que recuerda indefectiblemente a algunos pasajes de la magistral El Árbol de la Vida de Terrence Mallick– lleno de simbolismo e imágenes oníricas que Von Trier envuelve en la abrumadora música de Wagner.

Tras este alarde de estilo, la historia se nos presenta dividida en dos partes bien diferenciadas: Justine y Claire. La primera lleva el nombre del personaje interpretado por Kirsten Dunst y la segunda el de su hermana mayor, a la que da vida una también muy notable Charlotte Gainsbourg.

En Justine, Von Trier relata una boda, la de la propia Justine, y cómo sus trastornos psicológicos terminarán por convertir una fastuosa celebración hueca y artificial en un fiasco total. La segunda se centra en la familia de Claire, formada por la propia Justine, su marido -interpretado por Kiefer Sutherland– y su hijo Leo (Cameron Spurr). Ellos tres se enfrentan a la inminente llegada de Melancolía, un enorme planeta que se dirige hacia la Tierra y que según los científicos pasará rozándola.

El Apocalipsis personal e interior de Justine, frente al apocalipsis global y exterior que debe afrontar Claire. Dos partes bien diferenciadas con las que el danés firma uno de sus trabajos más delicados y preciosistas. No olvidemos que ‘el señor del Dogma’ viene de perpetrar la desagradable y sobreexcitada Anticristo. El giro de timón de Von Trier es notable. Y es para bien.

Von Trier: “Es una película sobre un estado de ánimo”

Y es que, además de las muchas virtudes del continente visual, el mensaje con el que le rellena Von Trier invita a reflexiones más profundas que la mera angustia apocalíptica.

“Es una película no sobre el fin del mundo sino sobre un estado de ánimo”, dijo el director en aquella ya célebre rueda de prensa en Cannes en la que acabó autocalificándose de nazi y seguidor de Hitler. A raíz de ese escándalo -que le puede llevar incluso a los tribunales- el danés ya no habla con la prensa. De aquellos polvos…

Pero eso es otra historia. Lo importante aquí es ir retirando las delicadas e hipnóticas capas con las que el deslenguado Von Trier envuelve un discurso desesperanzado, pesimista y, sobre todo, melancólico.

 

Kirsten debe darle las gracias a Penélope Cruz

El vacío existencial que va destilando el trastornado personaje de Dunst -que aguanta este peso interpretativo sin alardes pero con una solvencia sorprendente- va atrapando poco a poco al espectador. Cómo el caos interior de Justine va arrastrando y lastrando a quienes la rodean es la verdadera y gran tragedia de Melancolía. El fin del mundo es solo eso. Un final.

Un logro que debemos agradecer a Von Trier, a la propia Dunst y… a Penélope Cruz, ya que ella era inicialmente la elegida por el danés para el papel. Bienaventurados los Piratas del Caribe porque ellos ya estaban hundidos antes de zarpar.