
Foto: AFP/El espectador
Lo que parecía iba a ser una noche fría y pasada por agua, se transformó en alegría, fiesta, color y luz. El show que la Fundación Festival Iberoamericano de Teatro y el Teatro Nacional se encargaron de brindarle a Colombia y el mundo, estuvo a la altura del acontecimiento. Al finalizar el acto, más de uno respiró tranquilo, ya que tras el fracaso en Barranquilla con la inauguración, se podía pensar lo peor.
Tras la partida a los camerinos de las dos selecciones, docenas de bailarines saltaron al gramado del estadio El Campín para tomar posiciones y deleitar a los cerca de 36 mil espectadores que colmaron las graderías del escenario deportivo.
De repente, las luminarias del estadio fueron perdiendo intensidad y un buen número de rayos surcaron los cielos bogotanos para comenzar a despertar la euforia en los asistentes, quienes atentos a lo que sucedía, se fueron contagiando con la sencilla pero muy estética puesta en escena.
El show, inspirado en un acto de amor entre el sol y la luna envió a escena a un puñado de niños, quienes se encargaron de dirigir a varios percusionistas, para que con sus tambores realizaran un preámbulo que dió paso al juego de luces que llegó a continuación.
Sobre la mitad de la cancha apareció una luz verde en forma de circulo, de allí, uno a uno fueron desprendiéndose los nombres de las 24 selecciones que hicieron parte de esta fiesta Mundial.
Luego varios bailarines vestidos de blanco saltaron al gramado para realizar cadenciosos movimientos que sirvieron para realizar figuras alusivas a esta fiesta. Poco a poco un balón, un botín de fútbol y una flor emergieron ante la atenta mirada de miles de personas.
La parte final estuvo a cargo del grupo ChocQuibTown, que con su inconfundible ritmo, puso el toque musical para que la fascinate demostración de los juegos pirotécnicos cerrara la prolija ceremonia que terminó con varias explosiones de colores que iluminaron al estadio El Campín. Gran lección de profesionalismo y experiencia fue lo demostrado por Iván Benavides y su equipo de coreógrafas. Lástima por Lignarolo que por más que lo intentó, tuvo una mala noche el día de la inauguración.
Los destellos de luz y color dejaron una grata imagen en los aficionados, quienes animados corearon al unísono ”se lució, Colombia se lucio”.
Lo que si llama la atención es la insistencia de los presentadores y directores de las transmisiones de televisión, por insistir en comentar esta clase de espectáculos como si fueran partidos de fútbol o como si las imágenes no fueran suficientes para dar a entender lo que el show significa o quiera dar a mostrar.
Mal por los dos canales de televisión y las interrupciones innecesarias e incultas, igual no aprenden, en la Copa América y los juegos Olímpicos dejaronn un mal sabor entre los televidentes por su falta de cultura y preparación.
Fuente: El espectador
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