A cien metros bajo tierra, en la frontera entre Suiza y Francia, funciona el acelerador de partículas LHC, un anillo de 27 kms., en el que se hacen chocar haces de protones a la velocidad de la luz.
Un primer haz de protones fue inyectado poco después de las 9:30 (hora local de Ginebra, 1:30 a.m. hora colombiana) en el LHC. “Tras la inyección del haz, se necesitaron cinco segundos para obtener datos”, declaró el director del proyecto LHC, Lyn Evans.
Una luz en las pantallas de control indicó que el haz había entrado correctamente en la primera sección del anillo, provocando gritos de júbilo y aplausos de alivio de los científicos presentes en la sala.
Poco menos de una hora después de la puesta en marcha, el haz había realizado una primera vuelta completa del anillo, cumpliendo el objetivo principal fijado por los físicos para esta primera sesión.
Tras este inicio, seguirá el lanzamiento de un segundo haz que girará en sentido contrario. Las primeras colisiones de protones -para las que habrá que esperar aún varias semanas- se producirán a energías de 450 gigaelectronvoltios (Gev), es decir, cerca de la mitad de la potencia del Fermilab de Chicago, que hasta ahora era el mayor acelerador del partículas del mundo.
Solo más tarde, probablemente dentro de varias semanas o meses, las energías aplicadas en el LHC alcanzarán niveles de hasta 7 teraelectronvoltios (Tev), es decir, siete veces superiores a la potencia del Fermilab.
El objetivo del LHC es “adquirir la comprensión sobre el comportamiento de la materia más fundamental”, declaró a la ‘AFP’ Daniel Denegri, un físico que trabaja en uno de los cuatro detectores de partículas instalados en torno al anillo. “Esperamos hacer descubrimientos que podrían ser muy espectaculares”, agregó.
Las colisiones de protones que se provocarán en el interior del LHC producirán brevemente una temperatura 100.000 veces superior a la del Sol y deberían permitir detectar partículas elementales que no se han podido observar hasta hoy, entre ellas el bosón de Higgs, una partícula que fue propuesta en 1964, pero cuya existencia en realidad no se ha demostrado aún y que es la última pieza de la teoría del “Modelo Estándar” que daría su masa a todas la otras. Es como el eslabón perdido de la física, por eso su hallazgo podría significar el Premio Nobel.
Si esta partícula existiera, se sumaría a las 60 ya conocidas, una cifra que podría aumentar también con la entrada en funcionamiento del LHC, pues precisamente el hallazgo de nuevas partículas es otro de los grandes propósitos del experimento, según Bernardo Gómez, físico de la Universidad de los Andes que participa en el proyecto.
En esa búsqueda trabajan dos de los cuatro experimentos del LHC, conocidos como CMS y Atlas, por sus siglas en inglés.
Las altísimas energías aplicadas permitirán recrear durante una fracción de segundo el estado del universo durante la primera cienmilésima de segundo tras el Big Bang, es decir, el nacimiento del Universo hace 13.700 millones de años.
Las colisiones podrían crear, asimismo, pequeños agujeros negros que los científicos del LHC aseguran que no comportarán ningún peligro debido a su efímera presencia. Rumores que circulaban por Internet desataron la preocupación por la posibilidad de que éstos absorviesen toda la materia a su alrededor, provocando el fin del mundo.
Sobre los hoyos negros, que resultan de una concentración de energía tal que pueden absorber todo lo que esté a su alrededor, Carlos Ávila, director del Grupo de Física de Altas Energías de la U. de los Andes, señala que los que eventualmente llegaran a producirse tendrían una masa tan ínfima y una vida tan corta que no representarían riesgo alguno para la supervivencia del hombre en la Tierra.
“La naturaleza ya ha llevado a cabo el equivalente a cientos de miles de programas experimentales similares al LHC en la Tierra, y el planeta todavía existe”, expresó Jos Engelen, científico jefe del Cern, para disipar los miedos.
Durante más de 15 años, han participado en este proyecto, de una inversión de 3.760 millones de euros, “7.000 científicos del mundo entero”, recordó la ministra francesa de Investigación, Valerie Pecresse, al saludar el miércoles su puesta en funcionamiento.
Pero en total serán 10 mil científicos los encargados del funcionamiento y análisis de sus resultados, que se podrían conocer en tres años.
“Sabemos de qué estamos hechos, pero no entendemos por qué”, dice Marta Losada, directora regional de la Escuela Cern Latinoamérica de Altas Energías.
Datos del acelerador
En el LHC se producirán 1.000 millones de colisiones de protones por segundo.
Cada haz emitido tendrá 3 mil paquetes de 100 mil millones de partículas.
Imanes enfriados a una temperatura de -271°C conducirán los protones.
11 mil vueltas por segundo dará un protón en el túnel de 27 kilómetros.
10 horas seguidas podrá circular cada haz de protones.
3.000 computadores del mundo analizarán la información.
La divulgación de los primeros resultados del experimento tardaría 3 años.
La cuota colombiana en el LHC
Quince científicos colombianos participan en el gran colisionador. Unos hacen parte del Grupo de Física de Altas Energías de la Universidad de los Andes, que fue aceptado en el 2006 como colaborador del experimento CMS, uno de los dos más importantes del instrumento científico, donde actualmente trabajan dos estudiantes de doctorado de la Universidad.
Los investigadores participaron en las pruebas de ensamblaje y respuesta de las unidades que conforman el CMS (de 12 mil toneladas de peso), así como del desarrollo del software para la interpretación de los datos que arroje.
Y ahora, una vez en funcionamiento, estarán encargados de la búsqueda de nuevas partículas y la detección de muones, unas partículas 200 veces más pesadas que los electrones y que en la naturaleza se presentan a través de los rayos cósmicos.
Los otros investigadores nacionales que colaboran son del Grupo de Física Experimental de Altas Energías de la Universidad Antonio Nariño. Ellos entraron hace un año a hacer parte de Atlas, otro de los cuatro experimentos del LHC.
Su misión fue la de adecuar y calibrar el componente encargado del almacenamiento de datos, algo que es posible gracias a una red informática denominada Grid, que trabaja a una velocidad mil veces superior de la que se logra con Internet de banda ancha.
“Estamos moviendo los límites del conocimiento, y ser parte de ese grupo significa que la ciencia en Colombia está acorde con la que se hace en otras partes del mundo”, afirma Carlos Ávila, director del grupo de Física de Altas Energías de la U. de los Andes.
Fuente: El Tiempo
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