Entre tantos libros de autoayuda, superación personal y vampiros, es bueno que de vez en cuando recuerdes a Borges, y lo nombres, porque el simple hecho de nombrarlo te puede ubicar un peldaño más arriba en la escala de intelectualidad.
Este miércoles, Google homenajeó a Jorge Luis Borges con un doodle a propósito de los 112 años de su nacimiento, oportunidad imperdible para que hagas clic y te documentes a fin de parecer aun más interesante durante las típicas conversaciones sobre libros.
De todas formas, es bueno que sepas que Borges lo sabía todo, que no creía en la democracia, que la academia sueca tuvo como tradición no darle el Premio Nobel, que leer sus cuentos puede llevarte a buenos niveles de perplejidad y asombro, que sus poemas son muy finos, que Mick Jagger está obsesionado por sus textos y que cuando cumplía años prefería que le cantaran una de Pink Floyd en vez del tradicional cumpleaños feliz.
Borges sabía tanto, tanto, tanto que a menudo metía embustes monumentales que se transformaban en verdades hasta que alguien se atrevía a verificar. Luego todos le aplaudían la gracia y le decían: maestro, es usted un genio de la ficción.
Borges sabía tanto, tanto, tanto que a menudo metía embustes monumentales que se transformaban en verdades
Borges eran tan, tan, tan bueno que César Aira se atrevió a escribir: “El mejor Cortázar es un mal Borges”. Borges, Borges, Borges. Conjura su nombre y hazte más inteligente. Dilo. Repítelo. Creete esa superstición o mejor leete los siguientes textos suyos:
-Los dos reyes y los dos laberintos.
Es un cuento brevísimo y genial. Está dentro de otro cuento como una caja de fósforos dentro de una de zapatos. La de zapatos se llama Abenjacán el Bojarí muerto en su laberinto, nombre tremebundo que invita a la lectura de un cuento no tan bueno como la cajita de fósforos de adentro.
-El poema de los dones.
Una belleza. Solemne. Parece escrito por Duncan Macleod, del clan MacLeod, asumiendo que al protagonista de Highlander le hubiesen sacado los ojos y le gustara leer tanto.
-La otra muerte.
¡Qué broma tan buena! Este cuento tampoco tiene mensaje constructivo, ni moraleja, ni nada de eso. Esto es para que lo leas y te pegues un rato para luego preguntarte: ¿Qué es esto? ¿Cómo se le ocurrió?
-El Aleph.
Tú te sientas a leer el cuento y se te olvida que es un cuento. Empiezas a creerte el protagonista y a odiar a un fulano Carlos Argentino que escribe peor que tú.
Fuente: Noticias 24
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