Lero, lero, Candelero: Velosa y Los Carrangueros

“Lero, lero Candelero” es el primer disco de carranga, obviamente escrito por el carranguero mayor: Jorge Velosa para niños de pantalones cortos y de corbata; para niños de colitas y de barba; es decir, para niños grandes y chiquitos, porque en el fondo todos seguimos siendo niños.“Lero, lero Candelero” viene para contarnos historias entretenidas de cuando éramos chicos; historias recreadas que educan y divierten, contadas y cantadas al estilo carranguero, que hoy ya paso de género a movimiento.

De la mano de Velosa y Los Carrangueros, los niños chiquitos y los niños adultos de ayer, hoy, mañana y pasado mañana, aprenderán, cantarán y gozarán de este nuevo álbum que con merengue y rap, guabina y rajaleña, cambió la historia de la música infantil del país.

Lo Que Dice la Carranga

Esta grabación casito se llama Abuelo de Pájaro, a la hora del sonsonete, del juego, los colores y la cuchornía (que no sé qué será aunque nos lo podemos inventar). Lero, lero Candelero se ganó la titular.

En Ráquira, un pueblo de Boyacá donde nací y me crié hace ya un buen rato, Lero, lero Candelero era un juego de recreo muy apetecido entre nosotros los chirrimplines y hasta los mayores, porque se prestaba para improvisar y poner penitencias al que se riera, moviera, parpadeara y todo lo que se le ocurriera a quien le tocara “ser la llave del candadito de acero”, mejor dicho, el chacho o la chacha de la jugarreta.

Nunca supe de dónde llegó pero, con el tiempo y un palito, y gracias a nuestras andanzas musicales por muchas partes del país, me enteré de que en otros lugares también se conocía y se jugaba, y que hasta lo llamaban o aún lo llaman, Lero, lero Panadero, carpintero, canalero y ojalá que carranguero.

Desde que empezamos a componer, cantar y publicar canciones carrangueras, hace como veinte años, de cada patota, (mejor dicho, de cada grabación), generalmente un tema iba dirigido a los niños: que “La Rumba de los Animales”, o “Las Diez pulguitas”, que “La Rumba de las Flores” o “la del bosque”, “El Marranito”, “La Gallina Mellicera”; “Lero lero Candelero”, “Los Trabalenguas”; “Cómo le ha ido, Cómo le va”; “Mocoqueco” y “El Chichirochío”.

Curiosamente, algunas de las canciones pensadas para grandulones, se volvieron una golosina para los chirrimplines y hasta me atrevo a decir que gracias a ellos, se dieron a conocer; por eso también traemos a cuento y toque “Las Diabluras” y “La Cucharita”.

También desde que comenzamos a musiquiar, nos pusimos de “penitencia” y compromiso, que cuando tuviéramos un ramillete de canciones ya conocidas entre los niños, se las íbamos a grabar y publicar en manada y en esas andamos con este disco, sólo que otras que estaban por ahí de locha y en remojo, no sé cómo se enteraron del paseo y nos salieron al camino, pidiendo que también las incluyéramos en la lista, y como juego es juego y lo que se da no se quita porque se vuelve pepita y viene el diablo y se lo quita, aquí también están leroleroleando “El Moño de las Vocales”, “El Chirimóyito” y la Guayábula”, “Tilingo Tilango”, “Cuando yo me baño”, “Dónde estarán tantán” y “Las Adivinanzas del jajajay”.

Aunque ya de pasón está dicho, vale la pena subrayar que los diecinueve temas son versión 2003, es decir, la interpretación que el actual grupo VELOSA Y LOS CARRANGUEROS tiene de ellas, luego de estos recientes diez años de andar en compañía.

Aquí nos tienen entonces, entre rondas y merengues; valse, moño y rajaleña; paseo rap y guabina; bambuquito y merelao, a Jorge González en el requinto y el cuatro; a Alberto “El Guafa” Aljure con el tiple y la tambora; a José Fernando Rivas en la guitarra y los capachos, todos canturriando, y a mi de inventor y cantor, viéndomelas con la guacharaca y la dulzaina.

Que bonitica es la vida y que lindo es el amor, dice un romance por ahí, que bonito también cumplir con los compromisos y propósitos, y más cuando se trata de llegar a los niños pequeños, medianos y grandotes como nosotros, especialmente taitas, músicos y profes, con canciones a manera de respiro entre tanto agite y avalancha, entre tanto miedo y nubarrones. Ojalá sirvan aunque sea para “jugar” y pasarla rico, o para acercarnos a la ternura y a la grata compañía; a la vida y sus querencias; a la ecología, a la música y la escuela; a los sabores y saberes populares, y también como punto de encuentro y de partida para seguir armando sueños, caminos y recuerdos.

En sus manos están y en sus molleras, y ahora sí, venga esa gozadera.

Jorge Velosa Ruiz

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