Los Gestores de contraseñas y su utilidad

Los programas que administran claves alivian la memoria del usuario. Pese a la resistencia que aún persiste hacia este tipo de software, los expertos aseguran que eleva la seguridad de las cuentas personales

Los gestores de contraseñas funcionan como una caja fuerte virtual, que el usuario puede abrir con una sola clave. Esto quiere decir que acceder a las redes sociales, la cuenta bancaria o la casilla de correo electrónico es mucho más sencillo.

Por lo general, las personas intentan memorizar todas sus contraseñas. Algunos para simplificar el trabajo usan la misma para la mayoría de sus cuentas, o tienen un papel que sirve de recordatorio. Ninguna de las dos formas es recomendable. La primera, porque si alguien bloquea una cuenta, podrá ingresar a otras. La segunda es insegura, dado que es fácil extraviar la nota.

El software para administrar las contraseñas puede ser una solución en ese sentido. Hay productos de pago o gratuitos. “Las propias necesidades determinan cuál es la elección correcta”, señala la especialista del Centro de Protección de Datos, Marit Hansen.

Algunos programas se instalan sólo en la computadora local, mientras que otros son portables, es decir, pueden guardarse en una memoria USB y trasladarse para ser usados desde otra terminal. Otras aplicaciones sirven para clasificar las cuentas laborales de las personales, a la vez que la mayoría ayuda a elegir claves más complejas, para que resulte más difícil ser hackeadas.

Por otro lado, hay proveedores que guardan las contraseñas “en la nube”, es decir, en el servidor. Esto resulta cómodo, ya que es accesible desde cualquier lugar. Sin embargo, los expertos advierten que muchos servicios en la nube no son lo suficientemente seguros ante los ataques externos.

Los especialistas destacan que lo fundamental es la codificación. Por ejemplo, los sistemas AES 128 o AES 256, de amplia difusión, permiten una gran cantidad de combinaciones difíciles de adivinar, sostiene Ruben Wolf, del Instituto Fraunhofer en Darmstadt.

Pero ninguna codificación sirve si el ladrón puede adivinar la clave de acceso. Por eso, es necesario tener, al menos, una contraseña segura.

No deben emplearse palabras de uso común, ni nombres o apellidos de personas conocidas. Los hackers hacen que sus programas prueben todas las palabras, nombres o combinaciones posibles de ambos: casa, oficina, papá, Pérez, González, Pedro, José, año2012, etcétera. Es lo que se llama “ataque diccionario”.

Las personas pueden almacenar en su cabeza entre 15 y 20 contraseñas sin problemas, según estimaba la asociación informática alemana Bitkom en 2007. Pero hoy en día, ante la proliferación de los servicios en Internet, un usuario promedio debe recordar decenas de claves.

En todo caso, la mayoría se resiste a confiar en un medio auxiliar: el 74 por ciento se aprende las claves de memoria, el 16 por ciento las guarda en un papel en algún lugar de casa. Otro seis por ciento escribe sus contraseñas en la agenda o en una hoja que guarda en la cartera.

Fuente: Infobae

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