La película de Jhonny Hendrix Hinestroza, CHOCÓ, que se estrena a nivel nacional el próximo viernes 03 de agosto, además de contar la historia de una mujer que lucha contra todos los demonios que la sociedad le ha impuesto, retrata un flagelo que ha venido afectando a las comunidades y la biodiversidad de uno de los territorios más ricos del mundo: la extracción del oro. Esta producción colombiana ganó el premio del público en el pasado Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias e hizo parte de la Sección Panorama del Festival de Cine de Berlín.

El miércoles 01 agosto es el Día Continental Contra la Industria Extractiva Canadiense a Gran Escala, que exigirá el fin de las prácticas mineras explotadoras injustas. En este país del norte se encuentran el 60% de las compañías mineras del mundo. Comunidades y organizaciones desde Canadá hasta Argentina realizarán acciones de protesta coordinadas como manifestaciones, cobertura en la radio comunitaria y otras acciones alternativas de denuncia y acción ante las oficinas corporativas de las compañías mineras y de las embajadas del Canadá. Dos días después, el 03 de agosto se estrenará CHOCÓ, la primera película de Jhonny Hendrix Hinestroza y la primera vez que el departamento chocoano se retratará en el cine con toda su complejidad. Es también la primera vez que las comunidades afro, son las protagonistas en una ficción con varios tintes documentales que sólo logran contarse a partir del gran conocimiento del director sobre el territorio donde nació. CHOCÓ, cuando el amor sabe a torta una madre es capaz de todo.

El eterno retorno

En el departamento del Chocó la historia pareciera ser un eterno retorno. De las épocas cuando los españoles descubrieron la existencia del oro en este territorio y traían negros esclavos del África quiénes junto a los indígenas nativos debían extraer el precioso mineral, aún hoy persisten síntomas del colonialismo en una cultura que todavía no ha podido ser conquistada por sus habitantes.

Hinestroza siempre supo que su ópera prima tenía que estar situada en el departamento donde nació y que tanto ha ido cambiando; como él afirma, “yo fui niño en un Quibdó abundante, extrañamente abundante, donde había música todo el tiempo, donde todo el mundo sabía tocar un instrumento, ese es el Chocó que yo recuerdo. Una vez cuando me fui de viaje miraba desde el avión y veía muchos árboles por todas partes, solamente se veían selva y ríos. Cuando regresé por primera vez, se veían muchos huecos en la vegetación, huecos de minas, donde cada mina es una laguna verde llena de químicos.”

No en vano su heroína lleva el mismo nombre del departamento. CHOCÓ es una metáfora de la tierra. Es una mujer hermosa, que da hermosos frutos, inteligente, luchadora, sagaz y guerrera. Como el lugar que lleva su nombre, de grandes paisajes, con una fuerza impresionante en sus ríos, que da frutos bellísimos, pero el hombre no la considera, no la cuida, no es precavido con ella. Es de nadie. Grandes multinacionales extranjeras llegaron al territorio en la década de los ochenta para extraer el oro de los ríos utilizando mercurio y desviando el curso de los ríos sin ningún escrúpulo. Mineros motivados por la pobreza y la falta de oportunidades implementan estas prácticas para sostenerse, desconociendo las graves consecuencias que implican tanto para el medio ambiente como para la sociedad.

Grupos al margen de la ley se han ido apoderando de la minería ilegal, la entrada de las multinacionales sin la consulta a las comunidades y el mercurio utilizado para separar el metal del mineral, han venido generando conflictos de intereses donde el pueblo está en la mitad, como asegura Hendrix, “la cuestión es que mucha gente no tiene educación, hay ignorancia generalizada. Ellos están viviendo del peso, del almuerzo del día y cuando se vive de esa forma, es muy difícil pelear por el resto. Todo eso me llevó a mí a contar una película con unos tiempos particulares, con una mirada muy contemplativa, con una añoranza por esa naturaleza, por esa exuberancia que se vive y que se tiene todo el tiempo”. Y es que esta región biogeográfica es considerada la zona de mayor biodiversidad en el planeta. En un kilómetro cuadrado del Chocó hay más variedad biológica que en uno de una zona templada, con 9000 especies de plantas vasculares, 200 especies de mamíferos, 600 de aves, 100 de reptiles y 120 de anfibios, que aproximadamente el 25% de estas especies, sólo se encuentran en este territorio.

Toda esta biodiversidad y la salud de los habitantes de la zona, se está viendo afectada desde hace algunas décadas por las dinámicas que implica la minería del oro. El mercurio se usa para separar y extraer el oro de las piedras en las que se encuentra. Éste se adhiere al codiciado metal formando una amalgama que facilita su separación de la roca, arena u otro material, para después calentarse y evaporar el mercurio para obtener el oro. Los vapores producto del quemado de la amalgama son inhalados por las comunidades que se encuentren cerca, afectando su salud y calidad de vida.

Una historia sencilla pero perdurable

El director quería además retratar en su ópera prima, la manera como estas dinámicas han condicionado la forma de vida de los habitantes de la zona. “Dentro de los imaginarios de un niño en el Chocó está tener una máquina para tumbar bosques, porque es la forma más fácil de ganar dinero o la más directa para hacerse rico”, afirma Hendrix. Es un flagelo que va mucho más allá de la extracción de oro, uno que se relaciona con el olvido y marginalidad del territorio que ha sido gobernado más que por un Estado, por grupos al margen de la ley. Como dice una líder comunitaria, “no sólo con las armas se extingue a los pueblos, también con el abandono”.

Por eso la necesidad orgánica de contar una historia sencilla pero perdurable, en medio de la exuberancia de un paisaje majestuoso, un testimonio audiovisual que retratará por siempre el paisaje chocoano, que lo hará visible y expondrá al público aquello que en silencio ocurre y seguirá sucediendo si no se habla de ello, si no trasciende el espacio donde sucede. Con CHOCÓ, Hendrix le dio voz a un departamento mudo, de una manera sutil y sin ánimos de denuncia, a través de bellos planos compuestos con el verde de la vegetación, los colores de un cielo caleidoscópico y la fuerza de los ríos. El director comparte con el espectador esa nostalgia por su tierra, esa sensación de pequeñez que se siente en medio de la grandeza de la naturaleza y la identidad de un pueblo verraco, pujante y sobre todo alegre, que sobrepone todas estas dificultades con el sonido de la marimba, de los cueros de los cununos y las voces roncas que a pesar de todo, nunca dejan de entonar melodías.

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