Luego de casi tres décadas, el legendario cineasta estadounidense Martin Scorsese logró traer a la vida este proyecto cinematográfico. La lucha por la fe en un mundo marcado por el sufrimiento y el silencio de Dios está presente en cada marco de la película. Basada en la novela homónima de Shusaku Endo, “Silencio” es una notable travesía visual y espiritual protagonizada por Andrew Garfield, Adam Driver y Liam Neeson.

 

En el siglo XVII dos misioneros jesuitas viajan a Japón en busca de su mentor desaparecido, quien tras ser perseguido y torturado, ha renunciado a sus creencias.

Los jóvenes enfrentan a una persecución que atenta contra sus vidas en un momento en el que el cristianismo es ilegal y su presencia prohibida.

La novela Silenciode Shūsaku Endō (publicada por primera vez en japonés en 1966 y luego traducida al inglés en 1969) es resbaladiza y preocupante, un libro que se niega a comportarse. No halaga a ningún lector; se niega a consolar a alguno. Al contar la historia de los sacerdotes portugueses y los cristianos perseguidos en Japón, navega la tensión entre misionero y colonizador, Oriente y Occidente, el cristianismo, el budismo y la ideología política.

La película Silencio de Martin Scorsese, que llega  a las salas de cine colombianas, se basa en la novela de Endō, que leyó poco después de que su película La Última Tentación de Cristo (1988) fuera protestada y condenada por la Iglesia Católica y otros cristianos conservadores. Es casi imposible capturar los matices de una novela como la de Endō para la pantalla; pero Scorsese llega tan cerca como uno puede imaginar, y los resultados son un desafío para los fieles y los escépticos.

La lucha por la fe en un mundo marcado por el sufrimiento y el silencio de Dios está presente en cada marco de la película. Las respuestas en el filme de Scorsese, como en la novela de Endō, se encuentran no en palabras, sino en los espacios entre ellas.

Silencio relata la historia de dos jóvenes sacerdotes católicos portugueses, el padre Rodrigues (Andrew Garfield) y el padre Garupe (Adam Driver) cuando se enteran de que su mentor y exconfesor, el Padre Ferreira (Liam Neeson), que había ido a Japón como misionero, supuestamente apostató. Al emprender una travesía en su búsqueda, son perseguidos por inquisidores defensores del budismo, y también obligados a renunciar a su fe. Los dos misioneros se verán enfrentados a pruebas que los harán encontrarse de frente con la violencia, la desigualdad y la duda en un país donde la religión católica estaba prohibida.

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