Este viernes se estrena en las carteleras colombianas de Secreto de Confesión, un viaje sobre la culpa en muchas de sus manifestaciones. Una coproducción entre Colombia y Venezuela distinta a lo que se ha visto en las cinematografías latinas. El conflicto social se puede leer desde lo global más que desde lo local, porque aquellos sentimientos que atormentan nuestra conciencia son universales. Con un reparto de lujo encabezado por Juan Pablo Raba, Marlon Moreno, Luigi Sciamanna, Jorge Cao y Eglantina Zingg, no es un largometraje sobre la institución de la Iglesia Católica, tampoco es una crítica a ella ni una apología. Secreto de Confesión revela todo aquello que nos hace humanos.

Juan Pablo Raba interpreta al Teniente Humberto Restrepo
Juan Pablo Raba interpreta al Teniente Humberto Restrepo

¿Por qué buscamos amparo en los momentos de oscuridad?

Los asuntos de la fe han generado intensos debates en la historia de la humanidad. Sería una alegoría poder dirigirse a alguien en particular; la concepción sobre quién mueve las tiras invisibles que anteceden cada uno de nuestros actos es variante, pero si hay algo seguro es que desde el principio el hombre ha tenido una gran necesidad de explorar la espiritualidad. La religión es “el opio del pueblo”, “adormecedor de masas”, “amparo” y “salvación”, un “mecanismo de control social”, una “esperanza en un mundo devastado”, una “respuesta” (lógica o no) a fenómenos, porque algo está claro, poco conocemos y entendemos el universo. La pregunta sería entonces, ¿Por qué buscamos amparo en nuestros momentos de oscuridad?

Si usted cree en Jesús, si la confesión es un rito sagrado, cada vez que comulga come el cuerpo de Cristo, la misa hace parte de su rutina semanal y la Biblia es el libro que rige su comportamiento, seguramente esto le interesará. Si usted es más bien reservado, cree que existe algo raro que maneja los hilos que nos mueven, cree en una energía superior, es agnóstico, panteísta, no está definido o lo que sea, esto también le va interesar, porque creyente o escéptico, espiritual o más bien banal, todos, absolutamente todos, hemos sentido eso que hace de las suyas con nuestra mente, que nos quita la tranquilidad, nos desvela: la culpa. Caminamos por un mundo que se mueve entre la delgada línea que divide el bien del mal. Intuimos cuándo actuamos de forma coherente con la bondad y sentimos algo difícil de explicar cuando por el contrario nos vamos por el otro lado de la línea así nos haya hecho sentir satisfechos.

Y es que no se trata de cuestionar o juzgar esos comportamientos. Cada quien tiene su propio código de valores. Lo que para unos es pecado para otros no lo es, pero lo que sí se puede decir es que hay patrones de conducta que en todas las culturas corresponden a la maldad o la bondad.

La culpa, la ausencia, la ira, la bondad, el perdón, el arrepentimiento, el placer y el mal serán los sentimientos que acompañarán el recorrido del espectador. Un viaje por el mundo interior de personajes que viven atormentados, solitarios, tristes, desesperados. Es transitar por la senda de la humanidad, reconocernos como pecadores, lo que somos incluso desde antes de nacer; esos complejos seres que se debaten entre sus propias pasiones, demonios y placeres en un mundo medido con una regla divina.

Secreto de Confesion

El Dios creador

El cine, un artificio creado por el hombre, logra aquello que no concebimos desde nuestra humanidad: la inmortalidad, característica que sólo es propia de Dios. Podemos ser nosotros, sencillos humanos, un pequeño Dios, uno capaz de crear universos a nuestro antojo. La subjetividad entonces cobra un gran valor, por eso nadie podría definir mejor cuáles son aquellos elementos que atraviesan este mundo, aquellos valores que lo pondrán a andar, a girar con la fuerza de su voluntad en órbita, en un proyector.

El pecado, la venganza, la justicia, el perdón, el arrepentimiento, la culpa, el bien y el mal serán los valores que le darán movimiento a este universo, y ¿quién mejor que el mismo Dios creador para definir cada uno de ellos? Aquel cuyo primer cortometraje, Touched by a Burger, hizo parte de la selección oficial del Festival de Sundance (2002), con su segundo proyecto, Comedia 5/3, participó en diversos festivales incluyendo el de Nueva Orleans, el de Cine Latino de Londres y fue uno de los ganadores de la primera edición del Concurso de Cortos Nacionales de FOX Caracas en 2004 y con su tercer trabajo de ficción, D_Manifiesto, participó en Biarritz y en el Festival de Cine Latino de Los Ángeles.

El mismo director del videoclip “Lejos de ti” de Los Pixel, que estuvo nominado a los premios MTVLA 2005 y con “No eres tú” de Caramelos de Cianuro, hizo lo propio en 2006. El director de Puras Joyitas, película que permaneció casi cuatro meses en cartelera y se ubicó como la quinta película más taquillera de la historia moderna del cine venezolano; codirector de En coma, de la serie de Sony Televisión Los caballeros las prefieren brutas y cofundador, junto a Juan Pablo Raba y Édgar Ramírez, de la empresa Drive Pictures.

En palabras de Henry Rivero, director y co-guionista, estos valores significan:

El pecado es una falta que puede estar enmarcada en un contexto personal, social, espiritual o religioso, y generalmente posee niveles de gravedad que van desde lo leve como comerse un pedazo de torta demás hasta lo mortal, como sería el apropiarse de dineros públicos.

La venganza es un plato que se sirve frío pero que carcome el alma mientras se prepara.

La justicia debería ser un derecho sin embargo es una lucha.

El perdón es el camino a la paz.

El arrepentimiento es necesario para enmendar.

La culpa es una buena dieta para adelgazar.

En SECRETO DE CONFESIÓN, un asesino profesional (Marlon Moreno) le confiesa a un cura (Jorge Cao) varios crímenes no resueltos por la policía. El relato es parte de una intrincada trama que se teje alrededor de un poderoso Senador (Luigi Sciamanna) signado por la culpa y de un atormentado policía (Juan Pablo Raba) dispuesto a arriesgar su vida, infiltrándose en una red criminal, para evitar que las muertes queden impunes. Amparado en el sigilo sacramental, el asesino continúa con la confesión hasta revelarle al propio sacerdote que va a ser su próxima víctima en la serie de asesinatos.

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