Spencer Tunick desnudó la ciudad de México

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Con sabor a piel canela, se esperaban alrededor de 7 mil personas, pero más de 18 mil estuvieron dispuestas a posar sin ropa para la cámara del fotógrafo neoyorquino Spencer Tunick.

El ambiente que había permanecido en calma, desde las tres de la mañana cuando comenzaron a llegar los primeros participantes, se rompió cuando alrededor de medio millar de personas que no pudieron ingresar a la obra de Tunick, abruptamente iniciaron los empujones, los conatos de bronca y los insultos en contra del fotógrafo y de los policías que resguardaban ese acceso.

La ira de la gente que se quedó fuera obligó a los uniformados a replegarse unos 30 metros hasta la última valla instalada a unos cuantos pasos del Zócalo, en donde fueron auxiliados por otro medio centenar de policías, para contener a las personas que con boleta en mano gritaba: “Foto por foto, desnudo por desnudo…, entramos todos o no entra ninguno”.

Los ánimos se apaciguaron cuando el sonido local anunció que Spencer Tunick se retiraría del lugar si entraban por la fuerza.

Rostros desencajados se comenzaron a ver por toda la calle de Madero, sobre todo en personas que viajaron varias horas con el único objetivo de participar en la obra del fotógrafo neoyorquino, muchos de los que sí lograron ingresar al Zócalo tuvieron que hospedarse en hoteles del primer cuadro del Centro Histórico de la ciudad de México para llegar a tiempo a la cita.

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Periodistas y curiosos observando a los desnudistas

Pero llegó el momento tan esperado por todas las personas que esperaron por mas de 3 horas, al grito de “¡Desnúdense ya!” empezó a correr la adrenalina por los cuerpos de las 18 personas que llenaron rápidamente la plancha del zócalo con el sabor de la piel canela de Evas y Adanes con sangre Azteca.

Fue un momento en el cual todos fueron iguales, hombres y mujeres, jóvenes y gente adulta, diferentes estratos sociales, colores, texturas, olores, tamaños, formas, contornos, todos conformaron parte de una inmensa masa estética y hasta sensual, que si cabe duda es ARTE.

En la Plaza de la Constitución, hay duda de encontrar a alguien que se hubiera arrepentid, todos transpiraban adrenalina y emoción que se seguridad y autoestima.

Hubo que adoptar la primera posición, la “A”, que consistía simplemente en estar de pie con los brazos pegados a los costados del cuerpo, sin problemas, el único inconveniente fue que hacía frío pero hasta eso se olvidó en los largos instantes en que Tunick tardó en lograr acomodar por completo a toda la gente sobre la plancha del Zócalo.

La posición B, acostados mirando hacia el cielo, con la cabeza apuntando hacia el asta bandera, según había ordenado el artista neoyorquino, al terminar inició la odisea de lograr hacer la posición C, que era más compleja y mas para los mexicanos que ven el doble sentido a todo, pero los albures se sustituyeron por los cantos de “Cielito Lindo” y las porras a México que se escucharon desde antes de iniciar la instalación, que además se combinaron con silbidos y mentadas de madre dedicadas a los indisciplinados. La última foto, posaron solamente mujeres.

Después de la tercera toma, todos regresaron al arroyo vehicular de Plaza de la Constitución, el lugar en donde estuvieron esperando el inicio de las esculturas vivientes y donde cientos de miles de prendas dejaron tiradas por vivir la experiencia de pasear desnudo por el zócalo de la Ciudad.

Al final de la jornada, quienes lograron participar en la fotografía de Spencer Tunick calificaron la experiencia como extraordinaria, porque fue un momento donde desaparecieron las clases sociales y los tabúes en torno de la desnudez.

Fuente: Mundo de hoy

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