La Orquesta Filarmónica interpreta el Réquiem de Verdi

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Durante la celebración religiosa más importante para los católicos La Semana Santa, la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB) tiene preparado para el miércoles 4 de abril, la Misa de Réquiem del compositor italiano Guisseppe Verdi, en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán.En el recital a cargo del director colombiano Andrés Orozco Estrada, participarán el Coro de la Ópera dirigido por Luis Díaz Herodier e importantes solistas como Florencia Tinoco de México (Soprano), Martha Senn (Mezzosoprano) y Valeriano Lanchas (Barítono) de Colombia y Rodrigo Orrego de Chile (Tenor).

El Réquiem (en latín descanso) es una misa de difuntos. También es una obra musical de carácter religioso dedicada a los muertos y a su recuerdo, usualmente de género vocal o mixto. Tradicionalmente, El Réquiem se puede escuchar en los funerales, los aniversarios de la muerte de una persona o en el Día de los Difuntos (1 ó 2 de Noviembre, según el país). El término se utiliza también para obras no estrictamente litúrgicas, pero escritas en honor a los muertos.

No es solo una invitacion a disfrutar de la música sacra. Martha Senn quiere que el Famoso Requiem de Verdi, no sea un un tributo a la muerte, que fue lo que inspiró a Verdi a componer su famosa pieza en homenaje a sus amigos más cercanos que vió partir ( Rossini y Alesandro Manzini),  sino que tenga una connotacion diferente: la de la fe, la esperanza, el optimismo.

“Es un réquiem por la vida, por la solidadridad y por el afecto con los más de 4 mil colombanos que permanecen pivados de la libertad, Aunque
nos unimos con Verdi en la idea de rendir culto a sus amigos con su Réquiem, el concierto del miercoles en el Teatro Jorge Eliñecer Gaitán
permitirá homenajear a la vida y no a la muerte”.

¿Dónde y Cuándo?
Teatro Municipal Jorge Eliécer Gaitán. Carrera 7 N° 22 ? 47 Miércoles
4 de abril. Hora:7:30 p.m. Boletería: $6.000.

Giuseppe Verdi
(Nace en 1813, en Roncole, Italia – muere en 1901 en Milán)

Autor de algunos de los títulos más populares del repertorio clásico, como los que componen su trilogía romántica: Rigoletto, La Traviata e Il Trovatore.

En 1868 Verdi tuvo la oportunidad de conocer al novelista Alessandro Manzini. Ese mismo año falleció el compositor G. Rossini, a quien Verdi consideró uno de sus ídolos musicales. Luego de su muerte, Verdi propuso a la comunidad de músicos italianos la composición conjunta de un Réquiem y su posterior interpretación. Verdi se encargó de escribir la última sección, Libera me, Domine. Sin embargo, el proyecto fracasó debido a la falta de colaboración de los compositores.

Alessandro Manzoni murió el 22 de Mayo de 1873. Verdi, conmovido por la muerte del escritor, pensó en completar el Réquiem -originalmente pensado para Rossini- y estrenarlo al año siguiente, con motivo del primer aniversario de la muerte del poeta. Y, efectivamente, el 22 de Mayo de 1874 se llevó a cabo la primera audición de la Messa da Requiem en la iglesia de San Marcos, en Milán. El compositor mismo se encargó de la dirección de la orquesta de unos 100 músicos, 120 coristas y voces solistas. Como solistas vocales actuaron Teresa Stolz (la primera Aída), María Waldmann, Giuseppe Capponi y Armando Maini.

Al éxito del estreno del Réquiem, en 1873, la obra recibió una segunda ejecución tres días después, en el Teatro La Scala, de Milan. Franco Faccio tuvo a su cargo otras dos ejecuciones posteriores. En el mismo año el compositor dirigió siete ejecuciones en París y otras ocho al año siguiente, al ser honrado por el gobierno francés con el título de Comandante de la Legión de Honor.

En la composición de los textos litúrgicos la música debe atenerse al texto, ya que éste es el elemento fundamental. Entre las obras cumbre de este estilo hay que mencionar la Gran Misa de Bach, la Missa Solemnis de Beethoven y los Réquiem de Verdi y Berlioz. Inicialmente se tenía como condición, por las características de estas obras, que solamente deberían ser interpretadas en los templos. Se consideraba que las salas de concierto, de carácter profano, les hacían perder cierto grado de su solemnidad religiosa.

El texto litúrgico de la Misa de Difuntos es de por sí un drama puro y cada una de sus frases tiene una fuerte carga emocional. En el caso de la obra de Verdi, las palabras latinas se ajustan con total eficacia a la música con honda expresividad. Según algunos especialistas, ningún otro compositor, salvo Berlioz, ha trazado como Verdi un cuadro más vívido del Dies irae, ni uno más potente que el Rex tremendae.

A diferencia de la mayor parte de misas cantadas, en donde se manejan, de manera casi exclusiva, textos del Ordinario de la Misa (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus-Benedictus, Agnus Dei, Ite missa est), el Réquiem incluye textos del Propio de la Misa (Introito, Ofertorio y Comunion), una secuencia (forma poética medieval) de poderosas imágenes del día del Juicio Final, el Dies Irae, y un responsorio, el Libera me, Domine, en donde se pide clemencia ante el Gran Juez.

Verdi empleó toda su experiencia teatral para combinar exitosamente lo secular con lo religioso y producir una obra de imágenes convincentes, no sólo en la parte del fervor religioso, sino de su parte dramática como sucede en las secciones que evocan el terror del Juicio Final y el Castigo Eterno.

Según la Enciclopedia de la Música (Ediciones Grijalbo, 1987), desde sus primeros compases se revela en el Réquiem su carácter dramático operístico. En él, la antigua secuencia Dies irae se convierte en un cuadro arrollador de infierno dantesco y es tal vez una de las piezas musicales más nobles de cuantas escribió Verdi. La vigorosa fuga del Sanctus, la original escena eclesiástica del Libera me, o el estremecedor final de toda la obra, en doble pianísimo, hacen de ella una de las creaciones más bellas del siglo XIX.

Entre los Réquiem más conocidos se encuentran los de Ockeghem, Morales, Victoria, Crerols, Gilles, Biber, Mozart, Berlioz, Cherubini, Schumann, Brahms, Liszt, Verdi, Dvorak, Bruckner, Fauré, Duruflé, Stravinsky, Britten, Ligeti, Schnittke, Penderecki y Andrew Lloyd Webber.

Como dato curioso, existe una película de Darren Aronofsky llamada Réquiem por un sueño. Fue planificada como un réquiem musical, para que alcanzase su clímax en el minuto cien. La música es del Chronos Quartet y de Clint Manshell.

Fuente: Cultura Recreación y Deporte

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