Que un colombiano fuera el ganador del Premio Nobel de Literatura es, sin duda, la noticia más importante que en materia cultural ha tenido el país en toda su historia. Es el hito internacional más grande que ha tenido el país en su historia cultural y nos llevó a creer que en el país se podía vivir de la imaginación, de la cultura y sobre todo, nos llevó a crear un estilo propio para contar nuestras tragedias y realidades en un ‘realismo mágico’ del que pocos pueden negar su influencia.

Aquel 10 de diciembre de 1982, en la ciudad de Estocolmo, en un auditorio repleto de los cerebros y personalidades más importantes del mundo, el colombiano Gabriel García Márquez, recibió de manos del Rey Gustavo XVI, Adolfo de Suecia, la medalla del Premio Nobel y el diploma que lo acreditaba como un gran escritor de nuestro tiempo.

Mientras en Colombia medio millón de estampillas con la efigie de Gabriel García Márquez salía a la calle, en el salón principal del Concert Hall de Estocolmo, el escritor, vestido de liquiliqui blanco —prenda propia de los intérpretes de música llanera— era presentado por el profesor Bengt Pernow, y después llamado hasta el circulo donde el rey Gustavo XVI. Desde el fondo del salón, el Intermezzo interrotto, IV Movimiento del Concierto para orquesta de Bela Bartók, se esparcía en el ambiente.

En el salón de banquetes del Ayuntamiento de la fría Estocolmo, veinte minutos de folclor lo cambiaron todo. Los suecos acompañaron con las palmas de sus manos los cantos de Escalona que interpretaron los hermanos Zuleta, y la reina Silvia tamborileó con los dedos en la mesa siguiendo el ritmo de Totó La Momposina. Ese fue nuestro movimiento, nuestra magia al recibir un grado como ‘escritor’, el ser parte del mundo, así recibimos nuestro grado como ‘colombianos auténticos’.

Fue así como el escritor de ‘El otoño del patriarca’, ‘Cien años de soledad’ y otros tantos libros llenos de ese realismo mágico, se convirtió en uno de los más reconocidos literatos del mundo y sin duda, en uno de los hijos más ilustres de Colombia. Ya son varias las cintas que muestran en imágen las invenciones de Gabo, ya son varios los escritores que han optado por seguir el paso de su pluma por sus vidas como inspiración, de hecho, muchos de los amigos y escritores del Nobel, aun le dedican páginas enteras a escribir sobre su crecimiento en las letras y su consagración hace 30 años.

Sin duda, pasarán varios años antes de volver a tener un honor de este tamaño en nuestro país, sin embargo, parece que no estamos tan lejos, porque hay en Gabo una buena inspiración y en nuestra Colombia, un gran tema.

 

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