Hoy a las 4 de la tarde, la Octava Sinfonía de Mahler por televisión nacional

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Gustav Mahler en 1909

En un país donde la mayoría de los medios apuntan a la mediocridad de los artistas y a su fama para lograr altos puntajes de rating y bajo nivel de educación para sus televidentes, esta es una oportunidad única para que todos los colombianos disfrutemos de un espectáculo que pocas veces se logra consolidar y más de la magnitud que se va a dar.

Arriba y abajo del escenario el número de personas era casi idéntico. Haciendo un cálculo rápido se podría sospechar que la cantidad de artistas sobre la tarima era igual al colectivo de seres a los que se denomina, simplemente, espectadores. Siendo un poco más rigurosos, la cifra de cantantes, instrumentistas y técnicos estaba en desventaja en algunos dígitos respecto al público. Mientras que había unas 1.200 butacas en platea, balcones y ‘gallinero’, sobre las tablas se ubicaban unas 500 sillas para los músicos con instrumentos y se dejaba un espacio similar para el coro y los solistas.

Pocas veces en la historia se había presentado ese equilibrio cuantitativo entre artistas y público, hasta el 12 de septiembre de 1910, fecha en la que se estrenó en Múnich, Alemania, el montaje de la Octava sinfonía de Gustav Mahler (1860-1911). Algunos compositores como Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), Ludwig van Beethoven (1770-1827) y, por supuesto, el irreverente, para su tiempo, Richard Wagner (1813-1883) habían desafiado a los técnicos y a los encargados de la tramoya con sus ideas al momento de traducir las partituras a una puesta en escena que incluía exigencias casi teatrales. Sin embargo, ninguno de ellos había puesto tan en aprietos a los demás con sus concepciones como Mahler, quien además de incluir la participación de más de mil músicos especializados en diversos sonidos (por eso a la Octava sinfonía también se la conoce como La sinfonía de los mil), puso énfasis en que este montaje iba mucho más allá de una ‘simple’ ópera, a pesar de la inclusión de voces, un elemento al que el compositor nacido en el territorio hoy llamado República Checa, no le tenía tanta devoción.

“La gente no estaba acostumbrada a ver esta combinación de coros y música sinfónica. El público estaba acostumbrado a ver óperas. Pero esto no es propiamente una ópera, aunque sí tiene una estructura narrativa. Mahler decía que no quería hacer una ópera porque él sentía que esta obra la superaba. En una ópera la escenografía limitaría el poder de la imaginación y no alcanzaría a evocar todo lo que él tenía en la cabeza”, asegura el maestro Enrique Arturo Diemecke, quien tendrá a su cargo la dirección de esta puesta en escena.

El director y orquestador mexicano tiene la misión de engranar los ensayos individuales que han hecho entidades como la Orquesta Filarmónica de Bogotá, más de 40 músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional, el coro de la Ópera de Colombia, la Sociedad Coral Santa Cecilia, el coro Voces Blancas de la Fundación Música en los Templos y el coro infantil Crescendo Arte.

El montaje de la Octava sinfonía también contará con la participación de ocho solistas de reconocimiento internacional. Petya Dimitrova, Laura de Sousa, Beatriz Mora, Kismara Pessatti, Carla López, Thomas Studebaker, Antonio Torres y Valeriano Lanchas harán parte de esta puesta en escena.

El estreno de su Octava Sinfonía en Estados Unidos, la cual fue dirigida por Leopold Stokowski e interpretada por 1068 músicos.

“Esta es una obra que habla del perdón, un tema que interesaba mucho a Mahler y que hizo que él, siendo judío, se interesara por el catolicismo. En la primera parte se llama al Espíritu Creador para que venga sobre nosotros, y en la segunda, se recrea un pasaje del Fausto de Goethe, en el que el personaje es redimido gracias al amor materno”, dice el maestro Diemecke, quien estará de frente a más de 400 músicos y de espalda a mil espectadores.

Sábado 15 de octubre a las 4:00 p.m. y domingo 16 de octubre a las 12:00 m en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, carrera 7 No. 22-47. Transmisión en directo a través de pantallas de alta definición en los parques de la 93 y el Tintal, en Bogotá, Parque el Poblado, en Medellín, Parque Panamericano, en Cali, y Plaza de Bolívar, en Pereira.

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