Héctor Abad Faciolince y sus crónicas de viaje a el Cairo

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Entre diciembre de 1999 y febrero del año 2000, Héctor Abad Faciolince viajó con A y C, sus dos esposas, a El Cairo. Sin embargo, su recorrido empezó “mucho antes de partir, en el ensueño del viaje: lo que leemos y lo que imaginamos.” Lo primero que leyó fueron las páginas en que Gustave Flaubert relató su viaje a Egipto. Fue él quien lo dijo: Oriente empieza en El Cairo.

Este libro no es otra bitácora sobre ese monstruo de 16 millones de habitantes bajo el polvo incesante del Sahara, sino un relato único que descifra el corazón palpitante de una urbe caótica, repleta de bazares, mezquitas y callejones.

Presentamos a continuación apartes de la obra:

Lo nunca visto

También nosotros acunamos el sueño de cambiar nuestra vida, o al menos de llenarla con otra materia menos molida por la rumia de los días, yéndonos de aquí. Sentimos una extraña nostalgia por lo nunca visto; nostalgia de todos los lugares menos el propio. “Un paese ci vuole, non fosse altro cher per andarsene.” (“Uno necesita un país, aunque sea solamente para marcharse de él”), dijo una vez Cesare Pavese. Eso es lo que se siente aquí: ganas de irse, ganas de descansar de guerrillas y paramilitares, y ganas de no ver burradas del gobierno, masacres de los malos, secuestros de las fieras, atentados, atracos y desfalcos de los pésimos.

El viajero sedentario

La lluvia es una ducha y a todo, aquí, le hace falta una ducha. Los edificios no pueden hacerse un baño de inmersión en el río, ni las calles ni las aceras, y todo está cubierto por una capa de arena y polvo. Entonces todo necesitaría una ducha. Ese es el primer impacto; aquí no llueve agua sino arena.

Algarabía

El idioma árabe, en español, es una algarabía. Sólo la ignorancia y el prejuicio antiislámico hacen que esa lengua bellísima haya llegado a ser, en nuestros oídos torpes e inexpertos, un sinónimo de ruido.

Si no se va no se ve

Es tan duro y difícil El Cairo que me hace sentir algo que nunca siento: añoranza de Medellín. Como dice un crítico del exotismo, el Oriente es para nosotros un sueño, en inglés, un dream, pero este dream se convierte en su anagrama en italiano: merda.

La mirada

Lo repito: en El Cairo nadie finge no verte, como es ahora la norma en todas las sociedades ricas. Aquí cualquiera puede sentir lo que dicen que viven los famosos: que las miradas de los desconocidos te persiguen.

Mujeres

Los orientales viajan a Occidente para experimentar por un rato la vida de perdición de los cristianos (su alcoholismo, su promiscuidad), y la para ellos excesiva libertad de sus mujeres. Los occidentales venimos a Oriente con un oscuro sueño: que allí, detrás de los velos, estén escondidos los más hondos secretos de la seducción de los cuerpos.

Hombres

Hay un sueño occidental masculino del Oriente sensual, pero también un sueño de sexo y perdición existe entre las mujeres del poniente. Al menos eso me explica C, desde siempre enamorada de un árabe imaginario, especie de ubicuo Omar Sharif, de hombre moreno de facciones elegantes y pestañas larguísimas que se la roba en un viaje, arrebatándola con hombría y arrogancia a un soso novio frío, pálido y condescendiente, y después del rapto se la lleva en una caravana que atraviesa el desierto. Tal vez el sueño de C sea el de tener un hombre que la guíe y la mande sin titubeos y sin hacerle ni hacerse preguntas, capaz de cierta ternura nocturna, pero tan seguro de sí mismo como

una roca enterrada.

Héctor Abad Faciolince es, sin duda alguna, una de las voces primordiales de la literatura colombiana contemporánea. Nació en Medellín, Colombia en 1958. Estudió periodismo en la Universidad de Antioquia, y Lenguas y Literatura Modernas en la Universidad de Turín, Italia. Ha sido columnista de los diarios El Espectador, de Bogotá y El Colombiano, de Medellín; y actualmente es columnista de la revista Semana, colaborador habitual de la revista literaria El Malpensante, de La Jornada Semanal, de México, y del suplemento Verbigracia, de Caracas. Fuera de numerosos ensayos y traducciones literarias, Abad ha publicado los siguientes libros: Malos pensamientos (1991, cuentos); Asuntos de un hidalgo disolutoTratado de culinaria para mujeres tristes (Alfaguara, 1997, traducida al italiano y al griego); Fragmentos de amor furtivo (Alfaguara, 1998); Angosta (2003) y El olvido que seremos (2006). Con su tercera novela, titulada Basura, obtuvo en España a principios del año 2000 el I Premio Casa de América de Narrativa Innovadora, concedido por esta prestigiosa institución y por la editorial Lengua de Trapo. (Alfaguara, 1994, novela, traducida al inglés)

Fuente:  Prensa Alfaguara

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