Carlos el ‘gordo’ Benjumea se prepara para volver a la TV

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El veterano actor Carlos Benjumea habla de sus proyectos, recuerda una historia de más de 40 años de vida en el mundo del espectáculo y habla del futuro sin nostalgia.

Tiene el pelo corto y un poco pintado. Su rostro ya no expone las mejillas redondas, pero sus ojos grandes brillan a la par con el tono de voz acelerado de otras épocas.

Solo entonces se descubre que es Carlos Benjumea, por ese timbre bonachón y nervioso que se dio a conocer hace más de 40 años y que en los últimos dos se había perdido un poco de los escenarios.

Ya no es ‘el Gordo’, como todos lo conocían gracias a sus formas rotundas que corrían de un lado a otro en películas y obras de teatro cargadas de humor.

Ese apodo le quedó como una muestra de cariño para los nostálgicos y fanáticos que siguieron su trayectoria. Ahora está más delgado y regresa a la televisión, con la telenovela ‘De eso tan bueno no dan tanto’, del canal Caracol.

¿Qué se había hecho?, es la pregunta más frecuente que le han hecho en estos últimos meses y él no duda en responder: “Estuve ocho meses en Cali haciendo una obra que se llama Diálogos prostáticos, una comedia acerca de estas edades en la que todos le tememos a ese examen”, dice sonriendo.

A sus 64 años, le puede aterrar el procedimiento del ‘Doctor Manotas’ (el personaje del médico en ese montaje), pero confiesa que no le teme al paso de los años y a la pérdida de brillo que significa ser un adulto mayor en el mundo del espectáculo. “Lo cierto es que no puedo dejar de trabajar y cuando no hay nada que hacer, algo me invento”.

Hace dos años, hizo el papel de Ismael Dueñas en la telenovela Hasta que la plata nos separe y luego desapareció. “Fue un paréntesis que no hice yo, lo abrieron los canales y ya lo acabo de cerrar”, asegura.

Benjumea se refiere a su regreso en el drama de los estafados en las pirámides, producido por el canal Caracol, en el que el veterano actor hace el papel de una de las víctimas del dinero fácil. “A mí me toco hacer casting, me llamaron para un registro en cámara y al rato me dijeron que tenía el papel”.

En otras épocas, quizás no habría tenido que presentar pruebas o participar en audiciones. A lo mejor, con solo decir que era El Gordo, lo habrían recibido sin preguntar nada, pero él mismo reconoce que los tiempos cambian.

“En esto uno tiene un cuartito de hora y comienza a bajar y a bajar. Siempre arranca en el papel de hijo, pasa a abuelo y termina de extra”, asegura.

Sus palabras no están cargadas de nostalgia ni pena, al contrario: sin dejar el tono jocoso de su voz, confiesa que es ahora cuando menos ha dejado de trabajar. Escribe guiones, desarrolla espectáculos y sigue soñando con reactivar el café concierto (en el que fue pionero en el país). “Estoy intentando revivirlo y abrir otra vez La casa del gordo”, revela.

Precisamente, en los ochenta ese fue el hogar de espectáculos de teatro, música y un poco de rumba, con los que Benjumea creó un coctel de entretenimiento un poco más ligero que sus primeras experiencias teatrales con obras densas nacidas de traumas de la postguerra en Europa, con las que se estrenó en el escenario.

“Una vez montamos una pieza que se llamaba No me descubras Cristóbal, y la actriz que teníamos dijo que no se le medía al personaje de una reina, por lo que terminé haciendo el papel y al director Pepe Sánchez le tocó hacer de Colón”.

Después, esas sillas llenas de público y las fiestas hasta la madrugada, en la Casa del Gordo, se fueron apagando por culpa de la violencia y las bombas que retumbaban en plena guerra contra el narcotráfico.

“La gente dejó de salir y los costos de los espectáculos eran altos (cerca de un millón de pesos, hace 20 años). El café concierto estaba muriendo por inanición, así que decidimos darle una muerte digna”.

De todos modos, cree que la resurrección es posible, pero prefiere ser discreto y solo contar que tiene casi todo listo para irse a vivir a Cartagena, donde promete no parar de escribir y entretener.

NO SE IMAGINA EN OTRA COSA

Pese a tanta actividad, Benjumea considera que en su vida no hay otra cosa que no sea la actuación. Su papá no lo apoyó directamente el día que decidió que quería medírsele a los clásicos encima de una tarima, pero sí sembró en él un gusto por el teatro y la música. Pensionado de los Ferrocarriles Nacionales, Carlos (el padre) siempre iba a ver la ópera y las puestas en escena que llegaban a Bogotá, pero no se emocionó tanto cuando supo que Carlos y su hermano Eduardo preferían desdoblarse en una tarima o desaparecer detrás de un telón.

“Desde que me conozco, me llevaba a teatro, de pronto a ver el acto del mago más malo del mundo, pero todo estaba ligado al mundo del espectáculo y los escenarios. Tal vez si no hubiera sido actor, habría acabado como tramoyista”, comenta Benjumea de sus inicios.

“Yo quería ser un actor profesional y desde que se estrenó la televisión en Colombia (en 1954) ya lo soñaba”, dice este hombre que comenzó haciendo un pequeño papel en la pieza ‘Doña Rosita, la soltera’, a los 17 años. Un tiempo después apareció (como segunda opción) para el proyecto Esposos en vacaciones, que lo convirtió en una de las primeras estrellas del cine nacional.

“Yo llegué al cine haciendo un reemplazo, de pura casualidad y eso funcionó”, dice acerca de un filme de tres amigos que se escapan de sus esposas y terminan en Cali sufriendo toda clase de aventuras. Esa cinta mostró a Benjumea en el papel de ingenuo y un poco torpe de buen corazón, que repetiría en El inmigrante latino y El taxista millonario, esta última una de la cintas más exitosas de su carrera.

“Esa alcanzó más de dos millones de espectadores (un récord de taquilla para la época) y era una producción sin tanta violencia. Hoy en día si no hay un muerto eso no funciona”, asegura.

Aunque su éxito en el cine repercutió en el país, su fama llegó a oídos de productores de Los Ángeles (E.U.), quienes le propusieron participar en filmes de Pack to Pack (de los que aprovechan las locaciones de un lugar para rodar diferentes películas a mismo tiempo).

“En ese momento yo acababa de ganar una licitación para una programadora (Coestrellas) y decidí ir al otro lado del negocio y fue muy duro”. Benjumea se dedicó a la compañía en 1992, hasta que cuatro años después salió del aire.

La palabra retiro no está en su léxico, ni siquiera a las puertas de cumplir 65 años (el próximo primero de mayo). Las pausas que le impone el medio son solo puntos suspensivos para el inquieto Benjumea.
“Cada proyecto que se alcanza es un retorno”, dice emocionado acerca de la próxima telenovela de Caracol, que cuenta con la actuación de su hijo, Ernesto Benjumea, quien siguió sus pasos.

“Yo no tuve nada que ver, pero vea que ahora en la comida o una reunión familiar hablamos de actuación, es una locura”, reconoce, refiriéndose también a su hija, Marcela Benjumea.

Sobre su figura, afirma que no le molesta pasar desapercibido, gracias a su pérdida de peso. “Cuando salgo con gafas oscuras nadie me dice nada, pero al hablar una vez un taxista me oyó y preguntó si era el Gordo Benjumea”. En otra ocasión una viejita le dijo: “uyyy, usted está muy grave”.

“La verdad es que me faltan tres vidas para hacer todo lo que yo quisiera” dice, mientras espera que la telenovela le dé tiempo para revisar el guión de una película que tiene guardado y cumplir una nueva cita con el café concierto.

“Es muy difícil salirme de esto, que es mi gran amor, la amante permanente, con lo que sueño y con lo que desafortunadamente no tengo sexo: mi trabajo”, dice el actor, considerado un símbolo Por muchos. “Yo no soy un icono, soy un obrero del escenario”,

finaliza.
LE HA JALADO A TODO

Carlos ‘el Gordo’ Benjumea se ha movido como pez en el agua tanto en teatro, cine y televisión. A la pantalla chica llegó en 1963 e hizo las veces de presentador del magazín Estudio 15. Actuó en Lunes de comedia e hizo parte del mítico programa de humor Yo y tú.

Trabajó en el TPB junto a David Stivel y Jorge Alí Triana y además de su recordado papel en El taxista millonario en el cine, se le midió a la presentación, junto a su amigo Fernando González Pacheco en Sabariedades, protagonizó la serie Don Camilo y el programa educativo Ver para aprender.

En general, han sido casi un centenar de producciones que han contado con su participación. Su última aparición en el cine fue en Perder es cuestión de método, de Sergio Cabrera. También se le vio en Un ángel llamado azul, Isabel me la veló, Alicia en el país de las mercancías, Fuego verde y Juegos prohibidos, entre otros.

Fuente: El Tiempo

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