Atlético de Madrid no pudo con el Barcelona en casa

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El aficionado atlético, con motivos para el enfado, señalará a Pérez Lasa como responsable principal de la victoria del Barcelona en el Calderón. El árbitro y sus enemigos íntimos con banderines fueron un desastre en la segunda parte, pitando dos fueras de juego inexistentes que dejaban a Falcao y Adrián en situación de medio gol y obviando un penalti por mano de Busquets en el último minuto. Señalarán, pues, a Pérez Lasa y encontraran razones. Cierto. Pero tal vez deberían señalar mejor a Messi. O a la ingenuidad reincidente del Atleti. O a la primera parte regalada por Simeone. Pero si me dan a elegir, miren a Messi. Siempre a Messi.

En un partido bronco, con el Atleti rascando más que las sábanas de un motel de carretera, con una intensidad tan desatada que devoró la precisión, Messi reinó fuera de su terreno. Un tenor cantando en una banda de garaje. A su rebufo, la primera parte fue un monólogo del Barça. Pero hasta con un 80% de posesión hasta el descanso, no se vio la fluidez blaugrana de antaño, se sabe la partitura pero ha perdido alma al interpretarla. Piqué volvió a quedarse en el banquillo y, pese al triunfo, Guardiola zanjó: “No ganaremos la Liga“. Nada fluye igual.

Pero el Atleti tardó en darse cuenta de estas fisuras. Simeone planteó un partido impropio del equipo que ha construido: esperando muy atrás, presión retrasada, la falta como estilo de vida y el balón para el contrario. Esté como esté el Barça, darle la pelota sin discutir es un suicidio. Un gol bien anulado a Messi por mano, un paradón de Courtois en una falta de Xavi y, a la tercera, el 0-1. Messi logra escapar del acoso de un grupo de rojiblancos y abre a Cesc, que regala el tanto a Alves, de nuevo más extremo que lateral. Era el minuto 36 y sólo entonces apareció el Atleti.

Los avisos de resurrección local anteriores al descanso se confirmaron tras el mismo. Con un omnipresente Falcao como punta de lanza, el Atleti volvió a ser el habitual desde la llegada de Cholo. Menos violencia y prudencia, más intensidad y ambición. Tardó un suspiro en empatar (Falcao de volea en un córner tras un mal despeje de Busquets, en el minuto 49) y el partido se volteó. El Barça pareció abrumado por el despliegue rival. Sólo le faltó al Atleti un poco de pausa. Al Atleti y a los linieres, que abortaron dos ocasiones clarísimas de Falcao y Adrián por sendos fueras de juego evidentes… Evidente que no eran.

Resolución. El Barça se fue quedando en un equipo de tres jugadores, tres héroes habituales. Valdés, que evitó el 1-2 tapando muy rápido la vaselina de Falcao; Puyol, al que nunca le viene grande una batalla, y, cómo no, Messi. El 1-2, inesperado e inmerecido, fue cine de autor. Minuto 81, falta escorada, el Atleti que se despista colocando la barrera y no tapa el saque rápido, y el argentino la pone en la escuadra como si nada mientras sus rivales se miran con cara de tontos. Ya le marcó uno igual al Atleti en 2008. Genio contra pardillos, un abuso.

Aún sacó orgullo el Atleti para un arreón final, pero se topó con dos paradas de Valdés (a Juanfran y Gabi) y el penalti no pitado de Busquets. Encadena así cuatro jornadas sin ganar y afronta los primeros baches de la era Simeone. Pérez Lasa hurgó en la herida que provocó Messi. Siempre Messi.

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