El fin del Palacio de la República

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Berlín se despide de uno de sus edificios más emblemáticos, el Palacio de la República, situado en pleno centro, frente a la catedral y la isla de los museos. La destrucción de la que fuera sede de la Cámara del Pueblo de la República Democrática Alemana se decidió hace casi dos años, pero la falta de presupuesto y la presión ciudadana han ido retrasando el momento. El gobierno determinó en el 2003 que el inmueble debía derribarse para reconstruir el Palacio Imperial de los Honhenzollern, cuya primera piedra se puso en 1443 y que fue residencia real prusiana desde 1701. Tras ser dañado en la Segunda Guerra Mundial, el palacio fue demolido por el gobierno socialista en 1950 al considerarlo un símbolo feudal.

Equipamiento Cultural

En los dos últimos años, los aplazamientos de la operación han sido constantes. Sobre todo, desde que se dio una dimensión cultural al edificio y se organizaron exposiciones, conciertos, charlas, obras de teatro… Con el nombre de Palacio del Pueblo, esta obra de la arquitectura socialista recuperó por un tiempo su finalidad original. Pero la última instalación artística realizada en el palacio cierra sus puertas mañana. La petición que la ministra de Cultura, Christina Weiss, realizó el lunes al Bundestag de desbloquear el presupuesto para la reconstrucción parece indicar que la decisión no volverá a retrasarse. Weiss y el ministro alemán de Obras Públicas, Manfred Stolpe, presentaron ayer un estudio que constata la viabilidad del proyecto. Lo que queda del Palacio de la República no puede ser dinamitado porque está en el centro de Berlín, por lo que habrá que desmontarlo pieza a pieza en una maniobra que costará unos 20 millones de euros. ¿Y después? La reconstrucción del palacio imperial costará, según la prensa, entre 500 y 800 millones de euros y no podrá empezarse hasta que no exista una garantía de financiación, por lo que la antigua plaza del Palacio, después plaza de Marx y Engels, y de nuevo plaza del Palacio, podría quedar reducida a una gran explanada de césped durante 10 o 15 años.

Pero al margen de los problemas estéticos y económicos, se plantea un problema ideológico. Para muchos, el derribo del Palacio de la República es una aberración y un intento de borrar cualquier rastro de la RDA. Para otros, la reconstrucción es parte esencial de la recuperación de la historia anterior a las guerras mundiales y la arquitectura barroca que hizo de algunas ciudades alemanas las más bellas de Europa.

La última propuesta es del arquitecto Claus Anderhalten: consiste en reformar el edificio sobre su estructura original y convertirlo en el Palacio de las Culturas del Mundo, que acoja la colección del Museo Etnológico de Dahlem y exposiciones de arte y eventos musicales y culturales. El proyecto de Anderhalten cuesta 80 millones de euros y puede llevarse a cabo en seis meses. Sería una solución intermedia hasta que Berlín esté preparado para afrontar la reconstrucción o, quién sabe, para afrontar la permanencia del edificio que asistió a la decisión del gobierno de la RDA de integrarse en la República Federal de Alemania.

Fuente: El Periódico.
Foto: El Palacio de la República, de Berlín, en una imagen de 1999.
Foto: ARCHIVO / AP

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