“El método Grönholm” más de 38.000 personas la han visto

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Protagonizada por Jairo Camargo, Fernando Arévalo, Nicolás Montero y Patricia Tamayo “El Método Grönholm” sigue agotando la taquilla. Se estrenó el 25 de Julio en el Teatro nacional La Castellana, el 31 de Agosto se trasteó al teatro de la Calle 71 y con ella sus seguidores.

Con una gran dosis de humor negro e inteligente, esta pieza teatral ha colmado y sobrepasado las expectativas de los asistentes. El Método Grönholm es una obra que cuestiona los sistemas de selección de las oficinas laborales, sometiendo a un juego de pruebas que rallan en el ridículo y la crudeza a cuatro candidatos a un excelente puesto, desatando un combate de sentimientos ambiciones y envidias, siempre en los límites entre la realidad y la ficción, entre la verdad y la mentira.

Producida por el Teatro Nacional y bajo la dirección del uruguayo Mario Morgan, El Método ha sido toda una revelación en de las principales salas de Europa y Latinoamérica y en Colombia no se ha quedado atrás. Nadie se la quiere perder.

Escrita por el español Jordi Galcerán, “El Método Grönholm es la obra teatral revelación de Europa, surgida del Teatro Nacional de Cataluña en el 2003, y ahora montada en las salas más importantes del mundo. Ha recibido los premios más importantes de las tablas en España, México y Argentina.

Ahora llega a Colombia en una producción del Teatro Nacional con las actuaciones de Jairo Camargo, Nicolás Montero, Fernando Arévalo y Patricia Tamayo; la dirección de Mario Morgan, la producción de Víctor Sánchez, escenografía de Julián Hoyos, el vestuario de Angel Yañez y Casa Rinaldi; las luces de Rafael Vega y Chacho Jaramillo y la asistencia de dirección de María del Rosario Díaz.

Funciones: Miércoles, Jueves y viernes 8:30 p.m.  Sábado 6:00 p.m. y 8:30 p.m.

Boletas: $30.000 Platea delantera y $20.000 Platea trasera

El método Grönholm pretende hablar de la crueldad en las relaciones laborales, y quiere hacerlo tomando como excusa uno de los procesos más crueles que se viven en el mundo laboral: una selección de personal. El asunto es simple. Los cuatro últimos candidatos a obtener una plaza de ejecutivo en una importante multinacional son reunidos para ser sometidos a las pruebas finales del proceso de selección. Unas pruebas que, rayando en lo absurdo, nada parecen tener que ver con el puesto de trabajo en sí. La idea del juego como metáfora de las relaciones humanas se convierte aquí en un referente absoluto.

Formalmente, la pieza juega a todos los niveles posibles: los personajes juegan entre sí y el público es invitado a participar con ellos, a intentar descubrir con ellos la verdad y la mentira, si eso es posible. Todas las pruebas a las que son sometidos los aspirantes, por increíble que parezca, están inspiradas en técnicas reales de selección de personal, documentadas de los sesudos volúmenes escritos por especialistas del tema. Lo único que hace la obra es llevarlas hasta el extremo sin desdeñar el humor que llevan implícito.

La idea de la obra nace en una anécdota real. En una papelera de Barcelona se encontraron una serie de documentos en los que un empleado del departamento de personal de una cadena de supermercados había anotados sus impresiones sobre las posibles candidatas a un puesto de cajera. Los comentarios estaban llenos de frases machistas, xenófobas y crueles del tipo “gorda”, “tetuda”, “dientuda”, “idiota”, etc. Aquel empleado, escudado en la sagrada misión que le había sido encomendada, se creía con derecho a emitir y poner por escrito aquellas sandeces sobre una serie de personas a las que no conocía para nada. El hecho de tener el poder para otorgarles o no un trabajo le legitimaba para ser cruel e implacable. Imaginé a esas pobres chicas intentando dar una buena imagen de sí mismas, una imagen empresarialmente correcta, intentando hacer lo que creían que se esperaba de ellas, dispuestas a soportar incluso pequeñas humillaciones para conseguir ese trabajo que necesitaban.

Eso es lo que hacen, llevándolo hasta el extremo, los personajes de El método Grönholm, porque no importa quiénes somos ni cómo somos, sino lo que aparentamos ser. Nuestra auténtica identidad no le importa a nadie, quizás ni a nosotros mismos. De estos pequeños efectos colaterales del capitalismo es de lo que habla esta comedia.

Fuente: Prensa Teatro Nacional 

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