‘Enojado’, es el nuevo álbum de Alejandro Lerner

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Durante un año se radicó en Los Ángeles. Se alejó del ruido. Se dedicó a sí mismo, a su esposa y a su disco. Aprovechará para promocionarlo en la novela El penúltimo beso.

Más que enojado se ve serio. Alejandro Lerner sonríe poco, pero habla como si le dieran cuerda. No de todos los temas. En los personales es totalmente monosílabo. El título de su disco, Enojado, que promocionará durante la novela de RCN El penúltimo beso,no tiene que ver con su carácter, tiene que ver con la vida. Y tuvo dos razones para llamarlo así.

“Hay momentos en que la industria exige repetir y repetir los éxitos de antes porque eso es lo que genera dinero. Nada importa la creatividad del artista, así que cuando se tiene esa necesidad y no se puede explotar por estar dependiendo de la industria, hay enojo. Lo mismo pasa cuando pensamos en que estamos en un mundo sin paz, lleno de egoísmo, de maldad en la humanidad…”, explica y se toma la palabra.

Y así mismo lo descifra en su canción: “Tengo un poco de dinero, tengo casa y profesión. Tengo a la mujer que quiero, tengo el tiempo a mi favor (…)Creo que ya estoy cansado de sentirme esclavizado. Tanto hijo de puta suelto, yo soy quien le paga el sueldo…”

Por eso se fue. Se radicó un año en Los Ángeles y se olvidó del mundo. Su pelo creció hasta la altura de los codos porque eso le significaba libertad. Y escribió, compuso e intentó con la poesía. Se desconectó de todo y concluyó que era hora de acercarse a sí mismo y hacer lo que realmente quería y sentía.

No pensó en la búsqueda del éxito sino en ser honesto con lo que estaba sintiendo. Hasta que se dio el gusto de hacer un disco como le dio la gana. “Lo produje, lo financié, lo compuse, lo arreglé”. Mejor dicho, lo hizo él.

Invitó a muchos de los mejores. Humberto Gatica, que ha sido productor también de Alejandro Sanz, Luis Miguel y Barbra Streisand, entre otros. Y tuvo a músicos amigos suyos como Dominic Miller, guitarrista de Sting; Vinnie Colaiuta, baterista de ese mismo músico; el guitarrista Jeff Beck, el percusionista Luis Conte, el guitarrista Miguel Botafogo y su amigo Alan Parson, figura mítica del rock sinfónico.

Sus letras siguen siendo elaboradas. Románticas. Su estilo no cambia. Al igual que su clásico, Todo a pulmón, mantiene la profundidad en su creación. “No es algo mecánico. Es un lenguaje comprometido, sofisticado -sostiene-. Yo creo que ninguna compañía se hubiera atrevido a sugerir al menos grabar esa canción, pero la verdad es que tiene un lenguaje tan popular que el pueblo la entiende, les gusta. La creatividad viene sin golpear a la puerta, sale a flote la sensibilidad que uno tiene y tengo la capacidad de convertirla en poesía”.

Su tema Masomenos como el culo es una canción con algo autobiográfico, al igual que otros títulos como Enojado, Verte sonreír -que se la dedicó a su esposa- y Obsesión, entre otras. En ella habla de esos momentos en los que a pesar de que todo parezca funcionar, en los que la gente cree que todo va viento en popa y lo tiene todo, hay algo en su interior que no está bien. Y es entonces cuando se siente “masomenos como el culo”.

Pero no todo el tiempo estuvo encerrado. Con 27 años de carrera artística quiere seguir aprendiendo y estudió ingeniería de sonido y ahora vienen estudios de orquestación. Para él es su más grande riqueza.

Respeta, eso sí, a los jóvenes que con algo de talento solo quieren tener una vocación pasajera. Recuerda que él siempre quiso ser músico y se esforzó para lograrlo, aunque en algún momento de su vida, su cabeza se haya sentido perturbada por la fama.

“Pero entendí que eso era como una brisa que pasaba y se alejaba y eso no era lo que yo quería, siempre quise construir un camino”.
En marzo saldrá a la venta su disco y está negociando para tener algunas presentaciones en Colombia. Por ahora, solo se podrá ver en algún capítulo de la nueva novela de RCN El penúltimo beso, en la que además de cantar, también actuará como invitado y aprovechará para promocionar su reciente álbum.

Fuente: El Tiempo