Falleció D’artagnan, el polémico columnista de El Tiempo

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dartagnan096aPadecía de una grave enfermedad que finalmente no pudo superar. Fue un protagonista de primera línea del periodismo político colombiano en los últimos 35 años.

Defensor de las instituciones, su pluma estuvo, sin tregua, al servicio de las causas liberales. Sus escritos permitieron entender el curso de los acontecimientos políticos durante el tiempo en que ejerció su profesión.

Algunos creen que era más político que periodista y otros, viceversa. Fue las dos cosas. Pero, ante todo, polemista y analista. La suya fue una vida entregada al debate, la controversia y el juicio público.

Nació el 13 de octubre de 1954, en Bogotá. Desde muy niño aprendió al lado de su abuelo Roberto García-Peña, director de EL TIEMPO durante 42 años, los fragores del periodismo en medio de tintas, linotipos, plomo caliente, la rotativa y el papel impreso.

Junto a él no solo conoció el mundo del periodismo, sino también el de la política.

Desde muy niño fue frecuente interlocutor de los dirigentes de la época que desfilaban por las instalaciones del periódico. En 1968, cuando apenas tenía 14 años y estaba en segundo de bachillerato en el ‘Gimnasio Moderno’, comenzó a escribir su primera columna con el seudónimo ‘Un hincha azul’, que sagradamente revisaba su abuelo.

“Era la primera vez que alguien se destapaba abiertamente en las páginas deportivas de EL TIEMPO a favor de Millonarios y en contra de Santa Fe”, escribió en una crónica sobre su vida publicada recientemente en la revista Soho.

En 1973 se graduó como bachiller del Gimnasio Moderno y en 1980, como abogado de la Universidad del Rosario, donde también hizo una especialización en derecho económico.

Desde 1974 se distanció de su afición por el fútbol y entró de lleno a opinar sobre el mundo de la política. Ese año empezó su columna ‘Torre’, que escribió hasta el pasado 14 de febrero.
Fue director de las Lecturas Dominicales de EL TIEMPO y desde 1986 asumió como director de la Revista Credencial.

En 2005 también incursionó en la televisión con su programa ‘¿Qué está cocinando D’Artagnan?’, donde mezclaba sus dotes culinarias con entrevistas a personajes públicos.

Columnista polémico

“Le gustaba generar polémica, ir contra la corriente, tenía un disgusto por el lugar común”, dijo de él Rodrigo Pardo, director de la revista Cambio.

“Descubrí rápidamente que lo que me gustaba era escribir, más que saber de las peripecias del balompié. Y escribir sobre política, puesto que era ese ambiente el que se ha respirado en casa como oxígeno permanente”.

En su línea editorial fue criticado muchas veces por las posiciones que asumió. Él respondió que era columnista “de posición”.

Sus contradictores le cuestionaron que le gustaba estar del lado del poder.

“Lo que quiero decir es que siempre he tenido posiciones definidas frente a los distintos hechos y situaciones. Y no propiamente las más taquilleras y populares”, reconoció.

Se jactó de haber sido turbayista “cuando eso no solo era pecado, sino lobo”. Acompañó a Alfonso López Michelsen cuando aspiró a la reelección, en 1982.

Aunque era un confeso militante de las ideas liberales, no mostró saña contra los conservadores.

Fue muy cercano al presidente Belisario Betancur (1982-1986), con quien llegó a tener citas semanales inaplazables por muchos años, para hablar de política y poesía, y deleitar el paladar. Apoyó a Virgilio Barco durante la campaña contra Álvaro Gómez Hurtado. Luego se fue con César Gaviria.

El momento cumbre de su carrera fue durante la presidencia de Ernesto Samper Pizano (1994-1998), cuando se convirtió en defensor a ultranza de la gestión del mandatario.

Muchos coinciden en esta apreciación. D’Artagnan llegó a liderar el frente contra los conspiradores que no perdían oportunidad para exigir la renuncia del mandatario como consecuencia del ingreso de dineros del narcotráfico a su campaña.

Su columna se convirtió entonces en una trinchera desde donde se libraron las más fieras batallas para evitar la caída del ‘régimen’, como decía su entonces contradictor, el líder conservador Álvaro Gómez Hurtado.

Solía decir que su batalla por mantener a Samper en el poder fue “pluma a pluma”, por la guerra de columnistas, unos a favor y otros en contra del Gobierno.

“Como abogado de causas difíciles jamás tuvo reparo en ir contra la corriente del unanimismo, cuando consideraba una honra injustamente lesionada, una familia estigmatizada o un juicio sesgado”, aseguró el ex presidente Samper.

Finalmente, acompañó a Álvaro Uribe en la última elección presidencial. Sobre su personalidad, el propio D’Artagnan escribió: “Soy hipocondríaco, comelón, gordo, me rasco donde no toca, pero algunos -aunque sean más bien pocos- me consuelan con que también soy buen amigo, leal, divertido, papá comprometido y acaso infantil. Me arrepiento de muchas cosas y de nada”.

Le sobreviven su esposa, Lorenza Panero, y sus cuatro hijos. Tres niños de 13, 11 y 9 años, y una joven de 22.

Fuente: El Tiempo

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