Homenaje al Rey Vallenato Vitalicio Abel Antonio Villa

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En el Teatro Amira de la Rosa, tuvo lugar el homenaje nacional al Rey Vallenato Vitalicio Abel Antonio Villa, organizado por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo de la ciudad de Barranquilla, durante el cual el acordeonero y compositor magdalenense recibirá la condecoración del Senado de la República y en su honor la Banda Folclórica Distrital interpretará, bajo la dirección del maestro Arlintong Pardo, varias de sus obras como: “El higuerón”,”La muerte de Abel Antonio”, “La camaleona” y “Amalia Vergara”.Abel Antonio Villa surge de la escuela riberana del vallenato, muy cercana a la bajera y dominada como ella por los cantos de tambora, el merengue, el son, la décima y los cantos de vaquería.

Nacido en 1924, es uno de los más importantes precursores de la música vallenata actual. En la velada, el maestro, como el gran juglar que es, interpretará sus propias canciones cantando y tocando el acordeón; así mismo, compartirá con los asistente anécdotas vividas en sus 81 años próximos a cumplir. Al final vendrá la presentación de Miguel Herrera y Silo Villa. Paralelo al evento, se abrirá una muestra de fotografías que permitirán conocer muchos aspectos de la vida de este reconocido compositor, cuya obra y trayectoria artística están entre las más célebres de la música colombiana.

Anoche, también como parte de la programación, se realizó una tertulia con la presencia del investigador, escritor y compositor vallenato Julio Oñate Martínez.

Intervención de Rodolfo Molina Araujo, Presidente Ejecutivo de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata

El Presidente Ejecutivo de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, Rodolfo Molina Araujo, hará presencia en el homenaje al Rey Vallenato Vitalicio Abel Antonio Villa, y de la intervención que hará extractamos lo siguiente:

Nos congrega este noche aquí, uno de los sentimientos que hacen al hombre más humano: la gratitud. Gratitud y reconocimiento a una de las figuras cimeras de la música colombiana: El Negro Abel Antonio Villa, ese negro elegante, vestido de blanco, jovial, ingenioso, quien tuvo la suerte de ser pionero, no sólo de una expresión musical que en un principio se llamó música de acordeón y que hoy es la archifamosa música vallenata, sino pionero también de una industria que se creció, con el correr de los años, en algo grande y poderoso: la industria fonográfica.

Él, junto con Pacho Rada (quien ya se nos fue) y Andrés Landero, también en viaje al infinito, formaron la tríada de Reyes Vallenatos Vitalicios extraídos de este lado del río y de sus ubérrimas sabanas, elevados a esta máxima distinción que otorga la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, acto cuya mayor inspiración afloró del sentimiento colectivo de profunda gratitud hacia estos personajes, por sus invaluables aportes a la música popular y a la cultura colombiana en general.

Al ser ungido con la corona real, símbolo de la grandeza de su obra y emblema de la supremacía musical que él encarna en nuestro folclor, Abel Antonio ingresó al Parnaso Vallenato donde habitan las grandes figuras que nos deleitan con su creatividad y productividad artística y se hacen merecedores de todo respeto y de homenajes como el que esta noche se le tributa por iniciativa del Senado de la República y del Instituto de Cultura y Turismo de Barranquilla en este hermoso recinto.

En Abel Antonio Villa reconocemos sus dones y virtudes musicales pero también a ese ser espiritual que habita en él y que lo hace tan especial. Si ha sido un propagador y divulgador y ha defendido y cultivado la música vallenata por más de 70 años, mayor es su aporte a la defensa de los valores y tradiciones de nuestra costa Caribe. Se le nota en su estampa, en su expresión, en sus gestos, en su descendencia. Abel Antonio Villa es prestigio para el mundo musical vallenato y ha sido embajador de nuestras costumbres y valores culturales en Colombia y en el exterior.

Acordeonero y compositor, dueño de un estilo propio, hizo una escuela que echó raíces y deja huellas indelebles en el pentagrama musical colombiano.

Abundar en sus virtudes sería hacer un largo recorrido desde su nacimiento el 1º de octubre de 1924 en Piedras de Moler, en el municipio de Tenerife (Magdalena), en el hogar de Antonio Villa Salas y María del Tránsito Villa De Villabarrios, quienes apenas pudieron pagarle la educación primaria sin saber que él se ganaría, honoris causa, el título de Bachiller del INEM de Cartagena, y sin calcular que su vida de cantador de parrandas le marcaría la senda por donde habría de transitar por pueblos y veredas, ciudades y naciones este niño que comenzó cantándole a “Ana María a la orilla del río”, canción que fue grabada años después por Jorge Oñate y posteriormente por Poncho Zuleta con el título de “Isabel Martínez”.

Pero lo que más me gusta de Abel Antonio es que él, a pesar de las más de 500 grabaciones hechas de sus canciones, de sus viajes al exterior, de sus 22 discos grabados por él mismo hasta el año 1979, nunca dejó de ser lo que es: un campesino. Su vida, ligada al campo como agricultor y ganadero, es un paradigma. Tiene su propia finca en Pivijai, donde orgulloso ha mostrado sus caballos y toros sementales a los visitantes.

Esa estirpe campesina de sus canciones es lo que las hace más ricas y valiosas. Ojalá el tiempo de los juglares, como Abel Antonio, no pasara, para que el vallenato no pierda su esencia de ser la narración de los hechos cotidianos.

¡Gloria a Abel Antonio Villa!, a sus “Cinco noches de velorio”, a “Yo tengo mi Candelaria”, “La pobre negra mía”, “El lorito fino”, “Los amores de Zoila”, “Las noticias del cimarrón”, “Si la vida se comprara”, “Me dicen que estoy de malas”, “El cigarrón negro”, “Recógete” y “El higuerón” y tantas otras piezas que hemos bailado y disfrutado.

En la casa de mis padres siempre se habló con gran respeto de Abel Antonio, y siempre era esperado por los días del Festival. Solo que él no quiso volver a concursar desde 1969, cuando el triunfo se lo llevó Alejandro Durán. Pero lo entendemos, porque él no es músico de concurso, sino de gusto, porque la musa que lo visita no espera premios sino que lo anima para alegrar a la gente.

Gracias, Abel Antonio, por todas las alegrías que nos has dado. Gracias por tanto bien que le has hecho a la música vallenata, y, a ustedes por haber permitido que me expresara en representación de la cultura vallenata.

Muchas gracias.

Abel Antonio Villa Villa

Nació el 1º de octubre de 1924 en Piedras de Moler, en el municipio de Tenerife (Magdalena), en el hogar de Antonio Villa Salas y María del Tránsito Villa De Villabarrios, quienes apenas pudieron pagarle la educación primaria. El INEM de Cartagena le otorgó el título de Bachiller honoris causa.

Su padre fue un cantador de la parranda del “Amor amor”, donde él, a la edad de 8 años, le cogió el gusto al acordeón. A los 11 ya era conocido en pueblos y veredas a todo lo largo de la ribera del Bajo Magdalena, como Chivolo, Plato, Santa Inés y Tenerife, por las interpretaciones que hacía de las canciones de Pacho Rada y de un amigo de su casa de nombre Gilberto Bermúdez. A los 16 años se revela como compositor con “Ana María a la orilla del río”, grabada más tarde por Jorge Oñate y después como “Isabel Martínez” por Poncho Zuleta.

Su primera grabación la hizo a los 19 años, para la casa Diepa de Barranquilla, en discos de acetato, en 1943. Incluyó a “Ana María en la orilla del río” y “La muerte de Abel Antonio”. Otras primeras grabaciones fueron con la casa Amorteguí y en 1945 para Odeón, de Chile, representada en Barranquilla por Foto Velazco.

Dice haber sentido el rechazo social por haberse dedicado a la música vallenata, que, en sus inicios, era repudiada por vulgar. No ha sido hombre de participación en Festivales, pero su carrera artística lo llevó a Estados Unidos, Venezuela, México y Panamá. Su canción más internacionalizada ha sido “El higuerón”, grabada por El Binomio de Oro, cantando el difunto Rafael Orozco.

Abel Antonio recibió en 1997 una condecoración del Congreso de la República y tiene placas y medallas recibidas de distintas organizaciones, eventos e instituciones.

En el Festival de la Leyenda Vallenata sólo registra una participación, en 1969, en el Primer Concurso de Acordeoneros Profesionales. En 1999, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata lo declaró Rey Vallenato Vitalicio.

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