Juanes encantó a los bogotanos con su primer concierto

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Antes de subir al escenario, Juanes le confesó a su manager, Fernán Martínez, que estaba asustado. ¿La razón? Hace varios años que el artista no se presentaba ante el público capitalino, y esta gira tiene un elemento adicional que se convirtió en un reto para el cantante paisa: llenar el coliseo cubierto El Campín durante cuatro días seguidos.

“He estado esperando este momento por muchos años”, dijo ya parado en la tarima con su guitarra colgada.

Sin embargo, los nervios se fueron apaciguando con la respuesta de los 10 mil asistentes al espectáculos que, desde principio a fin, no dejaron de aplaudirlo ni de gozar con sus canciones.

Juanes abrió el concierto con temas de su álbum Un día normal: A diós le pido y La paga. Sorprendió que se trató de versiones muy diferentes a las originales; fueron más pausadas y acústicas.

Luego interpretó Fotografía con la cantante Ximena Ángel (ex vocalista de Pepa Fresa) y en por un instante la letra se le olvidó.

Y él, con la jocosidad que lo caracteriza, confesó en medio de la cación que la memoria le había fallado. Él público sortó una carcajada al unísono, y lo aplaudió durante varios segundos.

Como era de esperarse, el artista acudió a aquellas canciones en las que invita a la paz: A Dios le pido y Bandera de manos:

“Hagamos todos, una bandera con manos negras… Una bandera con manos blancas…”, decía uno de los estribillos de la melodía, que retumbó en el coliseo.

Luego hizo subir al escenario a su invitado más especial, el niño Johan Martínez, de 10 años de edad y quien viajó desde Nariño no solo para asistir al concierto sino para pedirle a las Farc que liberen a su padre, Libio Martínez, a quien no conoce.

El pequeño le regaló una mochila a Juanes, y él lo abrazó mientras interpretaba su canción sueños, que habla precisamente sobre la libertad de los secuestrados.

En el concierto de esta noche intervendrá el artista artista argentino Andrés Calamaro, uno de los artistas preferidos de Juanes, y a quien, según él, dejará que haga lo que quiera en el escenario.

El lunar de la noche corrió por cuenta de algunas personas que entraron botellas de aguardiente con el fin de vendérselo a los espectadores, y una suerte de tropel entre fotógrafos y camarógrafos con el personal de logística que se oponía a que ellos se acercaran al escenario.

Fuente: El Tiempo

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