La agrupación «Odio a Botero» es vetada por la Alcaldía de Medellín

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Según lo anuncia su página web (de forma textual), “la Alcaldía de Medellín y la Secretaría de Cultura Ciudadana, por medio de la Subsecretaría Metrojuventud, presenta el Festival Internacional “Altavoz”, como un evento de ciudad en el que podrán participar todos los y las jóvenes de Medellín”.

Lo que no anuncia la Alcaldía de Medellín y la Secretaría de Cultura Ciudadana es que este criterio de participación es excluyente y es manejado arbitrariamente al antojo de los funcionarios de turno, en cabeza del alcalde Sergio Fajardo Valderrama.

Ya son cientos los emails que la banda bogotana “Odio a Botero” ha recibido de parte de jóvenes de la ciudad de Medellín quienes, tanto como los integrantes y el staff de la agrupación, no entienden cómo en una ciudad donde se han desarrollado procesos de reinserción social y desarme (paramilitarismo, sicariato, etc), el simple hecho de poseer un nombre artístico (o de grupo) asociado a un icono cultural de la ciudad es razón suficiente para vetar a la agrupación misma y cancelar su participación en un festival que, según su página web, “tiene como objetivo, brindar un espacio donde las agrupaciones activas de diferentes géneros musicales, pueden mostrar públicamente su producción artística”.

“Odio a Botero” ha sido vetada por la Alcaldía de Medellín y la Secretaría de Cultura Ciudadana porque, al uso de algunos ciudadanos desinformados y carentes de toda óptica que la Alcaldía misma ha decidido tomar en cuenta por encima de la gente que sí disfruta de la música de la banda, es un “grupo que atenta y violenta en su discurso al patrimonio de una ciudad como Medellín”. Adicionalmente, según estas instituciones, porque la ciudad atraviesa por un momento de reconciliación con el maestro Fernando Botero que no puede ser “amenazado” de ningún modo.

Tanto como dichos ciudadanos, la Alcaldía de Medellín y la Secretaría de Cultura Ciudadana se equivocan en creer que “Odio a Botero” basa toda su música, discurso, mensaje o discografía exclusivamente en la obra del pintor (hay cosas mucho más importantes en el mundo de Odio a Botero: reencarnar en un loro, ser un gastronaut, los roscones de 100 y 200 pesos, Reggaeman, Los diálogos del señor Plátano, las lechonerías, las papas fritas Omar Nelson, el eje del mal, Mr Magoo, coreografías de empanadas, cartas al Niño Dios).

Y los discos grabados por la banda no son la única prueba: públicos, empresarios, medios de comunicación independientes y masivos e instituciones públicas y gubernamentales de varias partes del país pueden corroborarlo. “Odio a Botero” (que como cualquier otro tipo de artista tiene el derecho a expresar su inconformidad por las prácticas populistas y triunfalistas en el país cuyo único logro, al final de cuentas, es fomentar la ignorancia y la manipulación) ha recibido reconocimientos de carácter nacional, ha sido invitada durante tres ocasiones a Rock al Parque y ha realizado conciertos de la mano de instituciones como el IDCT de Bogotá, el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, la Fundación Gilberto Alzate Avendaño o la Universidad de Caldas, y en ninguno de estos casos su relevancia ha sido “atentar” contra la obra de Fernando Botero y “violentar” el “patrimonio de una ciudad como Medellín” (y de ninguna otra ciudad, región o tipo de público).

Si lo que la Alcaldía de Medellín tiene por “misión” (según su página web), es “trazar políticas y estrategias integrales para la transformación cultural y cívica de la Ciudad; interpretar los cambios de vida y las nuevas formas de consumir Ciudad” y “dinamizar las potencialidades y las ilusiones de la Juventud; promocionar espacios para aprender a tolerar en medio de la diversidad”, el veto a “Odio a Botero” (simplemente por llamarse “Odio a Botero”) es el ejemplo perfecto de que está haciendo las cosas al revés y que de la “misión” ha pasado a la “moción”).

Moción de censura, como en este caso, que no sólo viola artículos de la Constitución Política de Colombia sino que deja en entredicho cómo Sergio Fajardo Valderrama (Alcalde de Medellín) y Jorge Humberto Melguizo (Secretario de Cultura Ciudadana) pueden jactarse públicamente de haber trabajado como periodistas, docentes y facilitadores de procesos de paz.

Más allá de las violaciones al derecho de expresión y de conciencia y de los daños promocionales que esta exclusión tiene para “Odio a Botero”, esta determinación se opone a los planes de interacción trazados entre los festivales Altavoz y Rpck al Parque (que, dicho sea de paso, debería referirse públicamente al respecto).

En este último festival, por ninguna razón en 12 años de existencia, se ha vetado a algún tipo de agrupación de Medellín, bandas con las que “Odio a Botero” (en varios casos) se ha relacionado de uno o diferentes modos y sin ningún tipo de obstáculos. Finalmente, ODIO A BOTERO no busca con esta comunicación que la decisión tomada por la Alcaldía y la Secretaría de Cultura de Medellín sea revocada. “Odio a Botero” –pese a que libera de toda culpa y obligación a los organizadores directos del festival Altavoz, pues entiende que poner las manos en el fuego en una situación como esta (bajo la presión del Alcalde) es poner en riesgo la totalidad del evento- no asistirá a la muestra. A cambio, envía un mensaje final a todos sus censores:

Mientras en Estados Unidos la obra del pintor colombiano Fernando Botero era vetada por su contenido peligroso para los intereses y la verdad desde el punto de vista norteamericano, en Colombia, a otra escala pero con igual desacierto, Odio a Botero era sacada de la lista de grupos participantes en el festival Altavoz de Medellín. La razón, la misma que dejaba la obra de Botero fuera de EEUU: la censura.

Cualquier individuo inteligente encuentra en las libertades individuales la razón y forma de expresar su individualidad. El maestro Botero sin duda es una de esas personas. ¿Trabajan a su nombre quienes impidieron que Odio a Botero se presentara en la capital de Antioquia? De seguro no. Si el reconocido pintor supiera que para proteger (supuestamente) su buen nombre se utilizan las mismas técnicas de censura y veto que hoy se aplican absurdamente hacia él, no tendría otra opción distinta a la nuestra: deplorar la censura y la intolerancia.

“Odio a Botero” lamenta no poder asistir al evento al que fuimos invitados por funcionarios de mente abierta que fueron dejados en un segundo plano por autoridades medievales que hoy prohíben, en nombre de quien no representan, la música de un grupo y mañana les prohibirán el voto o la libertad de credo. Odio a Botero sabe que este acto medieval es de pocos, que Medellín es una ciudad que entiende el rock mas allá de la política. Que La Pestilencia, I.R.A., Nadie y todas las bandas representativas de su ciudad lo son en tanto que tienen criterio y no se dejan callar. La censura y la manipulación de la información no son expresiones de individuos pensantes. Si lo son de vacíos gorilas con garrotes.

“Odio a Botero” no importa. Y si importa, tampoco importa.

“Yo tampoco maté a Galán. Yo estaba en Soacha, pero comiendo una almojábana” Odio a Botero

Fuente: Pressriot

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