La película ‘1989’ de Camilo Matiz es la otra opción de Colombia en Cannes

Publicado en at 1:24 pm
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tn_camilo_matizLa película se exhibe en la Semana de la Crítica, un evento paralelo del festival, que tendrá ‘Los viajes del viento’, de Ciro Guerra, en el apartado en competencia Una cierta mirada.

En noviembre del año pasado, el actor estadounidense Vincent Gallo se paseó de incógnito durante una semana en Bogotá. Solo un borracho que caminaba por el Parque de la 93, lo miró fijamente y le dijo: “¡Uy hermano, usted es igualito a Vincent Gallo!”.

La anécdota la cuenta el fotógrafo y publicista Camilo Matiz, que por primera vez dirige una película: 1989, protagonizada por Gallo y seleccionada para exhibirse en la Semana de la Crítica, una sección paralela del Festival de Cine de Cannes, que empieza el próximo miércoles.

El primer contacto con Gallo, vía correo electrónico, fue para hablar de motos y no de cine. La afición de Matiz por estos aparatos y su deseo de hacer un comercial con el actor de La casa de los espíritus y Búfalo 66 lo impulsaron a escribirle. Pero las cosas no salieron y, a cambio, se aventuró a enviarle el guión de una película que había escrito un año atrás.

Días después, una voz ronca, con inglés pausado, se presentó en el teléfono como Vincent Gallo. “Lo primero que quiso saber cuando leyó el guión fue sobre mí, mi familia, de dónde venía, las razones que tenía para escribir una historia como esa”, recuerda Matiz.

Sin embargo, y por si las cosas tampoco resultaban esta vez, Matiz había entrado en contacto con otros intérpretes como John Leguízamo y Steve Buscemi, además de varios actores colombianos. “Me han preguntado mucho sobre mi decisión, pero en Vincent encontré un artista tan bueno como todos, pero con una visión impoluta de nuestra violencia y los clichés alrededor de esta”.

Así, en total confidencialidad, y casi escapado del rodaje de Tetro (la película de Francis Ford Coppola), en Buenos Aires, Gallo terminó en Bogotá, en el protagónico de 1989, que también contó con Carolina Gómez, Héctor Navas, Elkin Córdoba y Andrés Ogylvy.

“Desde que escribí el personaje sabía que quien lo interpretara le daría un color particular porque es una historia con una alta carga actoral. La película se hizo como un ejercicio artístico. Tiene un formato muy particular por la duración (40 minutos), la forma como se filmó y las características que tiene”, agrega el realizador que ha dedicado los últimos ocho años, de los 33 que tiene, a la publicidad.

Una muestra de la naturaleza humana

1989 fue una idea que le surgió a Matiz, a partir de los actos violentos que sacudieron a Colombia ese año (el asesinato de Galán, el avión de Avianca, la bomba del DAS). Sin embargo, no es una película violenta sino “el deseo propio de retratar una historia que desnudara la naturaleza humana de unos personajes que están en un entorno violento, pero en la que no se ve nada de violencia”.

El filme se rodó de noche, en tres locaciones del centro de la capital, con cámaras de 35 milímetros y bajo una torrencial lluvia creada por la producción.

“Hacer una película es tan difícil como pintar el comedor de la casa. La decisión del color y el tono que le pones, sea bueno o malo, atrevido o conservador, es algo con lo que tienes que vivir, así te torture al desayuno, al almuerzo y la comida. La tortura vive hasta que lo pintes de nuevo o, en este caso, hagas otra película. El problema es que el dilema vuelve a empezar”, comenta el director.

1989, producida por Colombo Films en cabeza de Camila Rodríguez, se exhibirá en Cannes durante la edición 48 de la Semana de la Crítica, que presenta el trabajo de nuevos realizadores y que se realiza entre el 14 y el 22 de mayo. En el mismo espacio también estarán otros trabajos latinoamericanos, como Huacho, del chileno Alejandro Fernández Almendras, y Mal día para pescar, una coproducción uruguayo-española, dirigida por Álvaro Brechner.

“Mi único medio de expresar lo que era la película era haciéndola. La rodé como miles de personas cuando quieren algo: con amor, paciencia y ahorro (la financiación no contó con ayudas estatales ni de la empresa privada). Claro, la vida es irónica y contradictoria, y como no es una película comercial eso inunda mi correo con deseos honestos y deshonestos de personas que quieren verla y de compradores por distribuirla”.

Casi un monólogo con muchos símbolos

Si se hace un análisis de la distribución del tiempo en 1989, Vincent Gallo, el protagonista, tiene un parlamento de unos 35 minutos (casi un monólogo). Los cinco minutos restantes (la película dura 40 en total) se reparten entre una escena de un suicida -rodada en lo más alto de un edificio, un parqueadero y dentro de un ascensor-, y en la parte final, presentada en cámara superlenta, que transcurre en una cafetería del centro de Bogotá.

Los otros actores (Carolina Gómez, Héctor Navas, Elkin Córdoba y Andrés Ogylvy) parecen parte de la escenografía, junto a un salero, un teléfono público, una hoja arrugada con un poema, la noche y la lluvia.

“Cada cosa juega un rol especifico, simbólico. Todos los actores, sin excepción, se sometieron a condiciones psicológicas y físicas intensas para su papel”, aclara Matiz.

La música cumple otro papel clave en el desarrollo de la historia. “Todo lo que suena fue escogido desde la escritura del guión, excepto lo que acompaña los créditos finales, que fue un disco que encontré en Buenos Aires, mientras caminaba refunfuñando”.

Sobre la duración del filme, el director no se explica aún cómo pasó en el Festival de Cannes como un largometraje (el tiempo mínimo que exigen es de una hora). “Como sea, la película tiene 40 minutos porque fue lo que necesité para contar mi historia”, concluye.

Fuente: Vive in