Laura García, una de las grandes actrices de Colombia, afirma que sus papeles siempre han sido un reto

Publicado en at 24/02/2011
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Laura García y Paola Baldión en la obra 'La cándida Eréndira', que dirige Jorge Alí Triana.

Su actuación en ‘La Cándida Eréndida’ en Washington, ha recibido excelentes críticas. “¡Laura García!“, gritó su madre, pasadas las 8 de la noche, después de abrir a empujones la puerta principal del Teatro Santa Fe, en Bogotá, para que su hija saliera del embeleso en que la tenía la película Sissi emperatriz, que estaba viendo, en rotativo, desde las 9 de la mañana.

“Mi primera aspiración fue hacer cine. Yo quería estar ahí”, recuerda García, una de las grandes actrices de Colombia, para quien la protagonista de Sissi, Romy Schneider, era su máxima “heroína”, incomparable, inclusive, ante otros a quienes adoraba en su infancia, como Pili y Mili, Joselito, Marisol y Viruta y Capulina.

Aunque el cine se le hizo realidad, la carrera de García comenzó y se consolidó en el teatro. Ahí ha interpretado, como ella dice, personajes con un “universo propio”: Graciela, en el monólogo Diatriba de amor contra un hombre sentado; Clitemnestra, en la Orestíada, y, ahora, la abuela desalmada, en La cándida Eréndira, una adaptación de Jorge Alí Triana de la obra de Gabo que se presenta con éxito en el Gala Theatre, de Washington.

“García hace de la abuela un personaje fascinante, un monstruo decadente, cuyos ojos miran desde las profundidades de un rostro devastado”, escribió Celia Wren, crítica de The Washington Post.

De madre bogotana y de padre samario, Laura García estudió actuación en la Escuela Nacional de Arte Dramático durante un año y comenzó a escribir su historia como intérprete en las agrupaciones El Local, al lado de Miguel Torres; Teatro Popular de Bogotá (TPB), con Jorge Alí Triana, y en el Teatro Libre, con Ricardo Camacho, donde actuó durante 13 años.

“Jorge Alí fue como mi escuela primaria: me puso en contacto con los grandes dramaturgos y escritores. Con él hice Shakespeare, Molière, Tennessee Williams y Chéjov, así como muchos autores nacionales. Mi bachillerato fue en el Teatro Libre”, dice García, que le atribuye su vena artística en gran medida a su abuela paterna, actriz y música -tocaba piano y órgano-, con la que ella cantaba en la catedral de Santa Marta cuando era niña.

El estudio de Laura García es un santuario a los grandes dramaturgos, escritores y actores. Está lleno de libros, postales y fotografías. En una esquina, Shakespeare. Y, en una mesita, debajo de un vidrio, posa con los brazos cruzados Marlon Brando, el célebre alumno del legendario maestro de la actuación contemporánea Lee Strasberg, de cuya técnica García bebió directamente porque estudió en Nueva York con la reconocida coach de actores Susan Batson, alumna de Strasberg.

“Yo buscaba herramientas que me pusieran en contacto con mi emocionalidad privada. Para creerle a un actor, para sentir que su papel le sale de las entrañas, sus personajes tienen que tener una conexión íntima con su vida personal. Es un método que sirve. Sin embargo, yo les digo a mis alumnos: ‘Utilicen el método que se les dé la gana, mientras les sirva’ “.

Esa técnica, llamada ‘memoria emotiva’, la empleó para potenciar a su personaje de la fiscal Eugenia Herrera, en la serie de televisión Correo de inocentes, aún sin estrenar y rodada en cine.

“Era una escena en la que ella tenía que abrir su corazón y su emocionalidad más triste; el resultado fue mágico, pero eso no es magia, sino entrenamiento”. Y así explica cómo se hace: “Si voy a hacer una escena en la que estoy siendo humillada, voy en mi vida privada a lo que se llama mi sitio de derrota. Evoco ese momento: pienso cómo era ese sitio, qué objetos había, cómo era la luz, a qué olía, cómo era la persona que me humilló, qué quise decirle que no le dije, cuáles eran sus rasgos más prominentes. A medida que traes todo, previamente a una escena, eso te sintoniza con una atmósfera similar”.

Investigar para actuar

Para ella, la técnica solo funciona si hay de por medio una investigación para crear a un personaje. García no entiende la actuación sin ese elemento: “¿De dónde hubiera sacado la carne, la sangre y los huesos de Eugenia? Ese mundo de las fiscales era completamente desconocido para mí. Cuando uno va a hacer un papel así, le toca involucrarse completamente”.

Una amiga de García la conectó con una fiscal, que le dio información sobre cómo vivía y trabajaba; ella, a su vez, le presentó a la jefa de la unidad de narcóticos de la Fiscalía General de la Nación, el personaje que la actriz interpreta en Correo de inocentes.

Visitó el búnker de la Fiscalía -“es muy importante conocer la atmósfera del personaje para crearle su energía interna”-, estuvo en juicios, conoció la vida diaria de las fiscales e, inclusive, el 24 de diciembre del año pasado fue al aeropuerto, se entrevistó con las mujeres que controlan la captura de correos humanos, vio el cuarto donde les hacen las requisas y pudo revisar los perfiles de los que habían capturado hasta la fecha.

Quedó contenta con Eugenia y con su regreso a la televisión, un medio en el que ha sido reacia a participar -el público maduro la recuerda por Una mujer de cuatro en conducta (1981), de RTI, su único protagónico en TV.

“Allí todo es más rápido. En una semana es muy difícil hacer Cleopatra de Girardot o de El Cairo, cualquiera de las dos. Prefiero meterme en proyectos que tengan muchos ensayos y charlas con el director. El problema es que en mi condición actual -generacional y profesional-, mi trabajo en televisión equivaldría a ser la mamá de… o la abuelita de… Eso es lo que me han ofrecido. Y a mí lo que me interesa es un personaje que tenga un universo propio. En este momento de mi vida no puedo hacer nada que no represente un reto”.

Su versatilidad y rigor le han permitido, como se verá este año, empezar a moverse al mismo tiempo en el teatro, el cine y la televisión. En abril próximo, se estrenará la película Lecciones para un beso, donde le da vida a Victoria, una diva en decadencia.
“Siento que ejercitarme en las tres disciplinas alternadamente beneficia mi creatividad”.

Desde el 2007, García no aparece en cine. Su personaje de Sol en Buscando a Miguel, donde encarnaba a un travesti, la dejó anhelando el cine, como cuando contemplaba a Romy Schneider en Sissi emperatriz: “Cuando Juan Fisher (director) me lo propuso, solté una carcajada, le dije que estaba loco, pero al final todo resultó genial; inclusive la gente pensó que yo era hombre. El otro día recibí un e-mail tan bonito de Perú, que decía: ‘Señora García, acabo de ver su película. Soy travesti y soy como soy. Y quiero felicitarla porque me emocioné mucho porque usted es idéntico a mí’ “.