Lo nuevo de Amigos Invisibles saldrá en marzo del 2009

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La banda Los Amigos Invisibles despidió el año 2008 con dos conciertos en Corp Banca, donde repasó sus éxitos, pero también dio un guiño de lo que será su próximo álbum, titulado Comercial, que estará en las discotiendas en marzo de 2009.

El primer recital comenzó pasadas las 5:30 p.m., duró poco más de dos horas y transcurrió como un largo set bailable, en el que un tema se fusionó con el otro casi sin pausas y sin importar las diferencias entre los distintos géneros: salsa, funk, merengue, pop, rock… De las canciones más recientes destacaron Esto es lo que hay, Diablo, Yo soy así, All day today, Yo no sé y Si tú te vas.

Pero las piezas que pusieron a mover el esqueleto a los asistentes fueron, sin duda, las incluidas en dos de sus primeros discos (The New Sound of the Venezuelan Gozadera y Arepa 3000): La Vecina, Cuchi-cuchi, Amor, El baile del sobón, Ultra funk, Sexy, Balada de chusy y El disco anal. Pero la más coreada resultó ser la sugestiva Ponerte en cuatro.

Además, el grupo estrenó los temas Dulce, Mentira y Lo que me haces tú. Aunque sobre todo destacó Merengue Killer, una composición rítmica y estridente que, a juzgar por la recepción del público, podría convertirse en un himno rumbero.

La audiencia estuvo compuesta por venezolanos de casi todas las edades, desde sexagenarios que acudieron quizá por simple curiosidad, pasando por jóvenes que aplaudieron sin parar, hasta niños que se dejaron encantar por la alegría del repertorio.

El cantante Julio Briceño no habló mucho, pero sí hizo contacto con el público al bajar de la tarima. Así recibió una camisa del equipo Leones del Caracas, abrazó a varios niños y hasta permitió que algunos cantarán a su micrófono.

El resto de la agrupación -el guitarrista José Luis “Cheo” Pardo Arrieche, el tecladista Armando Figueredo, el percusionista Mauricio “Maurimix” Arcas, el bajista José Rafael “Catire” Torres y el baterista Juan Manuel Roura- se mantuvo en lo suyo.

La escenografía fue un tanto más compleja de la que usualmente se presenta en esa sala de conciertos: cinco monitores de video al fondo y luces móviles por doquier ambientaron cada tema de una manera diferente.

Fue evidente: Los Amigos no pusieron a bailar al público todo el tiempo -pudiendo hacer honor al título del concierto: 24 cañonazos bailables- pero sí emocionaron al punto de despedirse ante el eufórico grito de “¡Otra!”. ¿El bonus track de la noche? Playa zul, una suerte de bossa nova que tranquilizó a los asistentes. Poco después de las 8:00 p.m., el sexteto recomenzó sus pompos melódicos en otra función.

Fuente: El Universal

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