Los cómics, es el nuevo lujo de los fanáticos adinerados

La venta de una historieta de Batman por más de un millón de dólares es una señal de que el cómic está vivo y con un mercado de fanáticos incondicionales.

Aunque son dos superamigos, si Superman y Batman llegaran a enfrentarse el hombre murciélago tendría ventaja sobre el hombre de acero. Las apuestas estarían del lado del personaje oscuro gracias a una noticia que conmocionó a la industria del cómic hace unos días: un coleccionista pagó más de un millón de dólares por un ejemplar de Detective Comics, donde este superhéroe debutó en las historietas en 1939.

Sólo tres días antes de esta venta histórica, otro coleccionista había pagado un millón de dólares por la revista Nº 1 de Action Comics, de 1938, en el que Superman hizo su primera aparición en el mundo del cómic. Batman lo superó por 75.000 dólares. Ambos precios contrastaron con el récord anterior, una historieta del superhéroe de capa roja por el que alguien pagó, en marzo del año pasado, una cifra que ahora parece pequeña: apenas 317.000 dólares.

Como era de suponerse, las ventas conmocionaron la bolsa de las historietas, esta vez en manos de ComicConnect.com, una página web donde la subasta de revistas puede empezar en un dólar y llegar hasta varios cientos de miles. También abrieron una posibilidad para ricos con ganas de gastar en objetos de culto y para inversionistas que, en tiempos de crisis, quieren diversificar la compra de acciones, propiedad raíz o arte.

“Creo que esto muestra una reactivación en el coleccionismo. Después de varias crisis es una prueba de que la industria se reorganizó”, afirma Carolina Gómez, propietaria de la Nueva Librería Francesa, un templo del cómic en Bogotá que mantiene viva la afición en el país. Allí es posible descubrir que aunque los colombianos aficionados al cómic ya no van a droguerías, tiendas de barrio y supermercados a comprar historietas, son incondicionales.

Quizás el hecho más importante de la millonaria subasta es que las historietas por fin son vistas sin la prevención de otras épocas, cuando sus lectores eran estigmatizados como vagos o incluso se movían en un submundo prohibido.

El millón de dólares también demostró que el mercado del cómic es una industria en aumento y que aun en tiempos de medios de comunicación digitales, no sólo es estable sino que ha crecido. Las cifras lo demuestran: Marvel, propietaria de héroes como El Hombre Araña, los X-Men o Iron Man, vendió el año pasado más de 100 millones de dólares en revistas, en un negocio que en Estados Unidos generó más de 700 millones de dólares, cinco veces más que en 2001.

La torta se la reparten básicamente DC Comics, dueños de Superman, Batman, Linterna Verde y Watchmen, entre otros; Marvel y Vértigo, esta última especializada en historietas para lo que ellos denominan “lectores maduros”, con un mercado fuerte en las llamadas novelas gráficas al estilo de Sin City, The Sandman y 100 Bullets.

A esto se suma la presencia fuerte del manga, la historieta que sólo en Japón vendió el año pasado casi 3.000 millones de dólares, y que ha colonizado el mercado estadounidense con 175 millones de dólares de ventas al año, y el europeo, con unos 215 millones sólo en Francia y Alemania. Estos últimos, países con tradición en el cómic pero con un formato más local, un estilo más convencional e historias que pocas veces salen del contexto europeo, así aborden la fantasía.

También generan ganancias la adaptación de varias historietas al cine, tanto de superhéroes como de paladines menos populares. No era nuevo que el cine bebiera de la historieta. Lo que era difícil de imaginar era que la tendencia se desarrollara con tanta pasión a finales de los 90. Fue de alguna manera la salvación de la industria del cómic, que venía de una crisis fuerte que tuvo al borde de la quiebra a Marvel. Las nuevas generaciones descubrieron las historietas que inspiraban los éxitos de taquilla y fueron invadidos por una fiebre de personajes que estaban en objetos, juguetes, ropa y toda clase de artículos para todas las edades y de todo uso.

“Sin duda, las películas ayudaron a promocionar el cómic pero también hay que agradecer a internet, porque mucha gente accedió y conoció las historias, los personajes y las diferentes tendencias. Además, los videojuegos también abrieron otro mercado rentable”, agrega Gómez.

El experimento les dejó a los estudios y a las compañías de cómics millones de dólares gracias a la taquilla.
El Hombre Araña, Batman, X-Men y Superman son las líderes, aunque otras clásicas han estado en la pantalla en versiones desbalanceadas y casi siempre contra la oposición de los fanáticos, que no quieren héroes desdibujados por la presión comercial, y que se aferran a la historia impresa, con olor a tinta y manipulable en una revista de bolsillo. En este grupo se sitúan V de Vendetta, American Splendor, Road to perdition, Daredevil, Sin City, Los cuatro fantásticos, Iron Man, Hulk, el hombre increíble y Hellboy.

“Esto es como el libro, muchos dicen que se va a acabar pero a la gente le gusta ver las historietas en el papel”, comenta Gómez. Y aunque la nostalgia pesa en el mercado del cómic, tanto editoriales como aficionados están preparándose para la era digital.

Por ejemplo, el año pasado comenzó Marvel Digital Comics Unlimited, un servicio que permite el acceso a más de 5.000 cómics digitalizados por 4,9 dólares mensuales y en el que hay ciertos privilegios que no están en la tienda de historietas, como los primeros 100 ejemplares de El Hombre Araña. DC Comics respondió con otra propuesta digital en el que por dos dólares puede ver Watchmen y Batman, pero en versión motion comics, que permite zoom y paneos y cuyos diálogos son hechos por actores.

Así no es extraño que una subasta haya superado el millón de dólares fácilmente. Lo curioso es pensar en cuál batirá el récord dentro de 100 años: ¿Los Simpson? ¿Yu-Gi-Oh!? ¿Sailor Moon? ¿Dragonball? O tal vez alguna mujer de formas voluptuosas, característica del manga japonés, protagonizando historias urbanas, policíacas y hasta eróticas. Y a lo mejor, compartiendo el espacio digital con nuevas creaciones o sobreviviendo en papel, como objetos únicos de colección.

Fuente: Cromos

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