Marcela Mar es toda una mujer insospechada

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Un ser humano lleno de contrastes: adora la vida gitana, errante por el mundo, pero también sentar cimientos y hallarse en familia como ama de casa.

Tener una existencia pragmática, en un mundo colmado de cálculos de probabilidad, pero que a la vez cree fielmente en la reencarnación y en que el nexo con sus amigos viene de vidas pasadas…
“Los actores no tenemos personalidad, nosotros poseemos algo del rasgo chamánico para poder mutar…”

Y así, de mutaciones, ha sido toda la existencia de Marcela Mar (30). De niña estudió con María Angélica Mallarino, en su taller Los niños se toman el mundo.

Actuaba y al tiempo practicaba el budismo, religión de su padrastro que le dejó una certeza sobre la meditación.
“Soy una mujer pragmática, no sé si es bueno o malo, pero soy así. Planeo cosas a corto plazo, sin embargo, soy rigurosa con la organización, con la logística, tienen que estar perfectas, soy muy exigente, casi jodida”.

Dice, entre risas, mirando a su mánager, a su cómplice, Marisela Marulanda, quien asegura: “Es jodida porque es una mujer inteligente”.

En los últimos días su nombre se ha visto envuelto en una polémica, causada por unas declaraciones que hizo de la actriz Sara Corrales. En una entrevista en el programa El Lavadero expresó: “Esas bellezas tipo Sara Corrales me parecen de quinta categoría”, cuando le preguntaron sobre la infidelidad entre ella y el actor Robinson Díaz.

Marcela asegura que no se trató de otra cosa más que de una opinión libre.

¿Cómo asumes el alboroto mediático que se armó?

Aparte de que Adriana Arango sea mi amiga, creo que en Colombia uno tiene derecho a opinar; algunas personas tienen miedo de hablar, de decir lo que les gusta o no, de lo que somos como sociedad. Vivimos en un país libre y puedo opinar, independientemente de las emociones que conlleve lo que uno diga.

Pensándolo con cabeza fría… ¿te imaginaste que se generaría tanta algarabía?

Lo que desencadenó es algo que no depende de mí y para eso están los abogados, que son los más indicados para continuar con unas declaraciones que hablan por sí solas. No quiero repetir ni añadir, ellos son quienes deben continuar con lo que se generó.

Tus palabras fueron aplaudidas por unos, repudiadas por otros… Entiendo el impacto que causan las palabras, pero no pensé que fueran a producir tanta atención por parte de la prensa.

¿Te retractarías?
No, porque es una reflexión que estoy haciendo sobre mi sociedad, no me estoy excluyendo de ella. Es un fenómeno que ocurre; es una cosmogonía, una visión del mundo. De pronto mis palabras suenan sofisticadas, pero cualquier nombre es un accidente; creo que está bien que a ti te guste esa silla y a mí no y lo sé porque llevo 20 años siendo actriz y sé que no le gusto a todo el mundo, pero hay que perder el miedo a expresar lo que no nos parece. No es más que libertad de expresión.
Su éxito en ‘El Capo’
Con su personaje de Marcela Liévano, en El Capo, ha mostrado un rostro más fuerte, una Marcela calculadora, guerrera, luchadora.

¿Cómo llegó Marcela Liévano?
El papel se lo ofrecieron a mi mánager. Se sabía que era un proyecto ambicioso, en formato cinematográfico, elementos atractivos para mí. Audicioné y quedé, me deja una experiencia inmensa a nivel actoral y personal.

¿Cómo fue reencontrarte con Marlon Moreno?
Espectacular, Marlon y yo no trabajábamos desde hacía 10 años. Empezamos a protagonizar juntos en Sin límites y hay un cariño enorme, una confianza impresionante. Katherine Vélez, María Adelaida, todos son tremendos actores.

¿Qué tal fue interpretar a una periodista?
Empecé a leer libros sobre el tema, a ver el trabajo de los comunicadores fuera de las cámaras y a sentir la adrenalina de los que cubren orden público. Me enamoré de Marcela: un personaje muy psicológico, muy fuerte.

¿Cómo será el final?
Me siento satisfecha, pues se trata de un personaje que permanece fiel a su naturaleza y acaba siendo la heroína de la historia, que era lo que en un principio se buscaba.

¿Terminaste cansada?
Eran escenas muy exigentes, pero la misma adrenalina y las ganas lo paran a uno de la cama todos los días.

Y llega el papel de su vida…
Luego de un estricto y riguroso casting y de cuatro pruebas, Marcela se ganó el estelar de Operación Jaque, a pulso.

¿Ansiosa por interpretar a Ingrid Betancourt?
Sí, espero contar con la misma suerte que en El Capo. Se trata de una miniserie y está hecha como película, para Televisión Española. Oí del proyecto hace tres meses, pero llegó a mis manos hace dos. Soy compulsiva y lo analicé milimétricamente y dije ‘ahí puedo hacer algo’. Me entrevisté con Juan Carlos Lecompte, Noticias Uno me dio videos y lo armé todo en mi cabeza.

¿No gestionaste una entrevista con Ingrid?
No, creo que cuento con suficiente material como para irme a Francia a buscarla. Fueron cuatro audiciones rigurosas. Silvia Quer, la directora, es muy profesional, una mujer que sabe lo que quiere y domina el set. Se acaba de ganar un premio por su serie 23F, por ser el formato pata televisión más innovador en Europa.

¿Cuál fue el secreto para quedarte con el papel?
Nos pidieron un monólogo libre y llevé uno de Calderón de la Barca, La vida es sueño. El grado de compromiso que ella vio en mi monólogo, hablado en verso antiguo y con propiedad, fue decisivo y capté su atención. Corrí el riesgo.

¿Con quiénes te peleaste el protagónico?
Se demoraron como dos meses para decidirse, pero también vieron a Ana Torrente (Tesis), Noelle Schonwald y Margarita Rosa de Francisco.

¿Es el papel de tu vida?
Siento una responsabilidad impresionante, pues se trata de un personaje histórico que está vivo. Le estoy poniendo el corazón, ya que el cautiverio es el peor castigo que un ser humano puede sufrir, es una muerte en vida.

¿Cómo asumes esta problemática?
Me parece increíble que aun queden 2.000 secuestrados ahí afuera, en un país que lleva en guerra mucho años; que los derechos humanos estén tan embolatados; que se hayan sacrificado poblaciones enteras. Un dolor que llevo dentro.

¿Te duele la patria?
Estoy bendecida por Dios, tengo un trabajo que amo, gente que me ama, entiendo la sociedad en la que me tocó crecer y me duele. Es un dolor silente. Con Marisela apoyamos fundaciones… No se trata de aparecer en revistas, sino de cuestionarse y quizá le parezca muy jarta a mucha gente, pero esa conciencia es la que nos diferencia de los animales.

¿Cómo han sido los ensayos?
Hicimos dos meses de lectura con la directora y Cristina Campuzano, quien hace de Clara Rojas, y ahí corregimos cositas. Voy segura del personaje y vivirlo es lo rico de la actuación. Estoy dejando que el personaje me habite.

¿Y te vas para la selva?
Sí, vamos a grabar un mes internados allí. Buscamos es acercarnos, aunque sea un poquito, a la realidad.

¿Qué dijo tu hijo Emiliano?
Hablé con él, le expliqué que era un reto para mí y lo entendió. Organicé la casa y la familia para que estén con él y no pierda su cotidianidad y la idea es llevarlo los fines de semana para que comparta allá en el set conmigo.

El amor…
Se rumoró una ruptura con tu novio, Scott Steindorff. ¿Qué hay de cierto?
Es totalmente falso. Me han casado, me han separado. He decidido que de mi vida privada no vuelvo a hablar; estoy bien con él, concentrada en mi trabajo actoral y ya.

¿Te devuelves para Los Ángeles?
Escogí una vida gitana. Vamos a terminar este proyecto en enero 29, luego hay dos propuestas, una en Los Ángeles y otra acá. Tengo pendiente un viaje a España, pero sí quiero volver a Los Ángeles.

¿Qué dice Emiliano de esa vida?
A él le gusta más vivir en E.U., pero se adapta muy fácil.
“Emiliano, mi hijo de 9 años, estudia con Misi desde niño y ha protagonizado varias obras. Está preparándose para ser Scrutch en ‘El fantasma de la Navidad’. Toca guitarra eléctrica. Es mi gran orgullo, mi gran amor, el ser mamá me hizo crecer”.

“Las palabras tienen poder, son lo que uno decreta. La gente que está conmigo sabe que soy una mujer de palabra y como madre me preocupo por enseñárselo a mi hijo”.
“Vengo de una familia de clase media, trabajadora, me enseñaron que uno se gana la vida a punta de trabajo y mi abuelo me inculcó que hay que buscar siempre la excelencia. Tengo una montaña para recorrer, busco no ser una más, sino satisfacer las necesidades de mi alma”.

¿Cómo fue la vida afuera?
Fue un tiempo de descanso. Estudié historia del arte, estuve con mi hijo todo el día, con tiempo para mí, en la casa, un año que me nutrió mucho. Un año muy interesante porque viví en familia y enamorada.

¿Fuiste ama de casa?
Me encantó poder ser la señora de la casa, me gusta esa vida en familia. Un año de hacer tareas con mi hijo, de llevarlo, de recogerlo. Aprendí a hablar inglés bien y logré hacer una improvisación sin pena ni miedo.

¿Volverías a ser mamá?
Sí, voy a tener otro hijo, adoptado o mío, pero sí.
¿Cómo has experimentado el ser madrastra?
Es muy chévere. Johnny, el hijo de Scott, tiene 21 años y somos un clan porque todos en su familia son artistas también. Entonces entendemos los procesos de cada uno y nos ayudamos. Hay complicidad.

¿Él está viviendo en Colombia?
Sí, Johnny estudió literatura y derecho, quería venir a Colombia a escribir un guión; compró la adaptación de un libro ruso muy importante y la está desarrollando aquí. Él es un intelectual, entregado a lo suyo, se la pasa escribiendo y leyendo y es la mejor compañía y el mejor ejemplo para Emiliano. Es su hermano del alma, juegan, se divierten y se pelean también.
Siendo director, productor, guionista, ¿Scott te dio algunos consejos para tu nuevo papel?
Él nunca me ha hecho una crítica negativa, me impulsa, es un amigo, un cómplice, mi amor. Me aplaude y está muy orgulloso por este personaje; me dio dos consejos clave, que pondré en práctica.

Fuente: El tiempo-alo

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