María Fernanda Yepes convenció al público que es una ‘sicaria’

María Fernanda Yepes lo logró. Una buena parte de los televidentes del país odia a Rosario Tijeras y otra gran cantidad la ama o, por lo menos, intenta entenderla.

La modelo que la encarna, nacida en una familia de alcurnia y educada en los mejores colegios de Medellín, logró estar a la altura de uno de los personajes mas salvajes de una realidad que conmueve a Colombia, sobre todo, cuando aparece dramatizada en la pantalla: la de las niñas de las comunas violadas, maltratadas y obligadas a convertirse en criminales, a veces, para poder sobrevivir.

Hace tres meses terminó de grabar, pero ni ella misma sabe si el estigma continuará. La Rosario de la novela apenas se recupera de su primer atentado. Todavía le queda vida. Así que Yepes no sabe por cuánto tiempo más tenga que cargarla encima.

Lo cierto es que no solo al país le costó trabajo aceptarla, en especial a algún sector que en Medellín reclamó su violencia en notas editoriales; en Ecuador, la sacaron del aire y en Panamá, el propio presidente, Ricardo Martinelli, se atrevió a decir que las telenovelas colombianas “exaltaban el narcotráfico, el robo y el atraco”.

A la misma Yepes también le costó asimilar a Rosario: estuvo a punto de perder a su novio, a sus amigos y de enfermarse. Perdió pesó inesperadamente y se entregó a Rosario, literalmente, con las vísceras.

“No tenía tiempo para nada más. Se metió de lleno en el proyecto y se comprometió tanto con Rosario que ya no nos veíamos. Todo el tiempo estaba en las comunas y yo en Bogotá. Y eso, claro, afectó la relación”, cuenta el mexicano Arap Bethke, el novio con el que terminó y luego regresó.

Pero es que Yepes la tenía clara y no quería desconcentrarse. Desde los 18 años, cuando por leyó primera vez el libro de Jorge Franco, se prometió interpretar ese personaje , algún día. “Era importante hacerlo porque me tocaba las fibras del corazón. Nací en Medellín en una época muy difícil (1980), de bombas, secuestros, terrorismo, asesinatos y Rosario, paradójicamente, era esa sicaria que imaginariamente, había vivido toda esa etapa tan fuerte. Así que haberme ganado ese casting fue una bendición. Ha sido lo más grande que me ha pasado hasta ahora, a nivel de la actuación”, cuenta con ese típico tono paisa que todavía la delata como Rosario.

Su vida como actriz comenzó tres años atrás, en la novela Pura sangre, cuando el director Herney Luna le propuso hacer una prueba para una de sus escenas con dos personajes. No obstante, como modelo, ya llevaba un largo rato protagonizando pasarelas y hasta portadas de cuadernos.

“Siempre me decía: ‘Yo no sirvo para esto’. Y lloraba y se me bloqueaba en algunas escenas”, cuenta Luna. “Pero en tono enérgico, siempre le decía:’¡Claro que puedes!’ Y terminó amando el oficio de la actuación, hoy me lo agradece y me siento orgulloso. Es una niña que se deja guiar, que se tomó la vaina en serio y que tiene infinitas posibilidades de llegar lejos”, añade el director.

Luego vino Yessica, ‘la diabla’ de ‘Sin senos no hay paraíso’, y encantó con su actuación a los latinos de Estados Unidos. Firmó autógrafos y enloqueció con su pinta de proxeneta colegiala. La vieron también en Argentina, Venezuela, México, Panamá y Uruguay, países en los que también se emitió la telenovela.

Hasta que le llegó Rosario. El personaje que ya tenía nombre propio y un fuerte registro en la memoria, por la película que dirigió el mexicano Emilio Maillé y protagonizó Flora Martínez. En el 2005, Martínez se llevó todo tipo de elogios e incluso premios por su actuación en los India Catalina y el Festival de Málaga (España).

Justamente, ese era el temor más grande de la ex modelo, pero no por eso se le quitaron las ganas de interpretarla. “La gente ya tenía metido un modelo en la cabeza y era difícil cambiarlo. Así que lo que hice fue hacer mi propia Rosario. Honesta, con mucha verdad, vista desde mi punto de vista y desde mis entrañas. Releí el libro y viví prácticamente en las comunas”. Y convenció.

Al margen de que las llamadas ‘narconovelas’ no tengan aceptación en algún segmento de la sociedad, la interpretación de
Yepes no dio lugar a las críticas y, por el contrario, se quedó como la nueva Rosario de Jorge Franco.

“Las comparaciones son totalmente desagradables, pero el de la película es un personaje sofisticado. María Fernanda, en cambio, asimiló muy bien el tono entre sofisticada y mujer de barrio. Me parece que fue un buen reto para ella. Creo que convenció. Tiene muy buenas posibilidades para estar en el medio”, dice el director de la telenovela, Rodrigo Lalinde.

Su vida emocional se vio afectada

María Fernanda Yepes se propuso, desde un principio, acaparar toda la atención con su personaje de Rosario, pero se involucró tanto con él, que terminó llevándoselo hasta su casa.

“No tengo una formación rigurosa en artes escénicas, así que la viví desde muy adentro. Llegaba a mi casa afectada, triste, con la energía baja, porque se la entregaba toda a Rosario. La hice tan visceral que me chocó. Sobre todo en la primera parte, que es cuando la violan, le matan a la amiga y ella mata a su primera víctima”, dice.

El libretista Carlos Duplat explica que “el personaje sí tenía cierta complejidad y logró convencer. Había partes en los diálogos en los que uno creía enormemente lo que decía. Y eso es lo que uno espera: poder creerles. Me gustó”.

Pero la actriz se sacudió. Regresó a Bogotá para grabar otras escenas y se ‘desintoxicó’ de ese ambiente. Se tomó más relajado el asunto y se gozó más el personaje. Igual, seguía sufriendo cada vez que le tocaba disparar un arma o sacar su lado sexy.

Ahora esta libre o, por lo menos, lo intenta. Hace tres meses terminó de grabar, pero en la calle todavía le dicen Rosario. Entre tanto, intenta descubrir, con un taller de actuación al lado de Juan Pablo Félix, cómo no involucrar sus sentimientos con los del personaje.

Fuente: El tiempo

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