Miguel Bosé: ‘hé escrito todos los días de mi vida desde que tengo 7 años’

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Miguel Bosé reveló que publicará a mediados del año su primera novela, “que tiene que ver con la compasión, algo que se ejerce de manera muy hipócrita”.

¿Puedo?

¿Llamarme papito? Claro que sí.

Entonces vamos entrando en confianza. (Papito es el nombre de su último álbum, espectacular, uno de los más grandes proyectos musicales que se hayan hecho en España, que duró diez meses en grabar y que ya ha vendido más de 20 millones de copias). ¿Es cierto que usted casi nace en Medellín?

Sí. Nací en Panamá, pero los planes de mi madre eran que naciera en Medellín. Mi padre quería mucho a Colombia, porque su infancia la pasó aquí, y uno es de donde pasa la infancia y la adolescencia. Sucedía que, cuando terminaba la temporada de toros en España, mi padre agarraba un avión y se venía a Bogotá, con Hernando Santos.

¡Sí, eran íntimos! ¿Dónde conoció su padre, el gran Luis Miguel Dominguín, a nuestro inolvidable Hernando Santos?

Eso yo no lo sé. Mi padre tomó la alternativa con diez años en la plaza de Santamaría y yo creo que esa amistad viene desde entonces, porque Hernando era muy taurino.

¿Le parece muy raro venir a Colombia y que su amigo ‘Pacho’ de la infancia sea ahora el vicepresidente Francisco Santos?

Muy raro, sí. Me hace mucha impresión verlo con esa responsabilidad. Pero no ha cambiado, sigue siendo el mismo. Está igual de cariñoso, igual de Santos, igual de familiar a como lo he conocido siempre, y lo sigo tratando en esa zona. En la de la política no lo trato nunca, ahí lo desconozco completamente.

Pero usted no es completamente ajeno a la política…

No. No estoy afiliado a ningún partido, pero como si lo estuviese: desde hace 20 años hago campañas para el partido socialista.

¿Cuándo empieza su interés por las causas altruistas? Nunca lo vemos haciendo exhibicionismo con ellas…

Lo tengo de toda la vida. Pero mi condición sine qua non para trabajar en ellas es que yo hago cosas, pero que no se sepan. Sin embargo, hubo un momento de tal descrédito, porque muchas celebridades dedicadas a eso lo que querían era la foto y punto, que yo creo que desaparecimos casi todos. Hasta que en un determinado momento nos dimos cuenta de que, si no se mediatizan las cosas, inevitablemente tampoco se consigue el efecto que buscamos cuando se hacen.

¿A propósito, qué está pasando con la Fundación Alas? Fue lanzada con bombos y platillos. Se reunieron los grandes artistas iberoamericanos, entre otros usted, con los millonarios del mundo, para hacer algo por los niños del continente. Comprometieron 110 millones de dólares de Slim y 85 de Buffet. Pero todo parece haberse quedado en una gran foto…

En esta primera etapa nos hemos tropezado con que, a pesar de que muchos de los de los que participamos en su creación tenemos nuestras propias organizaciones benéficas, ninguno tenía experiencia: nunca habíamos trabajado en lo que es el ejecutivo.

¿Por qué da la impresión como de que Alas fuera de Shakira?

Da esa impresión, pero esta fundación realmente es de todos. La filosofía original fue crear una cosa que ideamos muchos. Hasta ahora hemos tenido mala suerte con los dos directores que han manejado la fundación, que parece que les quedó grande, pero nos hemos traído la sede a Bogotá y el señor que ahora la maneja y que escogimos por concurso, nos lo hemos robado de la Comunidad de Madrid, por lo cual su presidenta, Esperanza Aguirre, está furiosa… Eso me encanta, es lo que más me puede gustar. Y el tío está apasionado con esto porque es un tipo de campo, va al lugar, a la trinchera. Eso es lo que necesitaba Alas para empezar a volar.

Miguel Bosé es infinitamente multifacético. Además de cantante, ha hecho teatro, cine, televisión, y ahora se va a lanzar como escritor…

Bueno, eso de escritor se tiene que demostrar. El libro que voy a publicar tenía que haberlo entregado hace dos años, pero por culpa de Papito lo tuve que aplazar. Es una novela que ya está terminada, y que entregaré en mayo o en junio.

¿Y cómo se llama?

No lo puedo revelar. Solo le anticipo que es una novela que tiene que ver con la compasión, algo que se ejerce de manera muy hipócrita. Pero debo reducirla de setecientas y pico de páginas a doscientas, porque no pretendo escribir otro En busca del tiempo perdido.

¿Le da miedo que no funcione el libro?

No. Publico este libro como un acto de traición, porque no estaba previsto hacerlo para nada. He escrito todos los días de mi vida, desde que tengo siete años. Escribía y luego borraba las cosas o las tiraba al fuego. Era como un ejercicio de vómito. Pero de repente alguien me hizo entender que evadir, quemar, de alguna manera era un síntoma de cobardía. Lo voy a sacar. Y con que haya una sola persona que colecte, ya tendrá sentido.

¿Ha fracasado en alguna de las cosas que ha hecho en su vida?

La palabra fracaso no me gusta. Un fracaso es como algo apocalíptico y final, traumático. Digamos que he tenido muchos desencuentros con la gente, muchos momentos desafortunados, pero todas las carreras los tienen que tener, o si no serían irreales.

¿De dónde sale esa química que tiene con Juanes?

Con Juanes desde hace varios años hubo una especie como de buen rollo. Nos fuimos tratando porque nos íbamos encontrando, pero a fuerza de encuentros vino sumándose un conocimiento. Y en estos dos últimos años, bueno, nuestra relación se ha tornado en una hermandad, y nos hemos convertido en ‘Pixie y Dixie’, en un ¡cuidado que ahí llegan!

Sí. Tienen una gran compinchería. Pero, además, los he escuchado y cantan muy bien en dúo… ¿Lo hacen espontáneamente?

Sí. Y podríamos quedarnos ahí, cantando todo el día, sin planear nada. Él muchas veces se lanza a tocar mi repertorio porque, además de que Juanes tiene una gran voz y es un gran compositor, es un gran guitarrista. En mi disco yo lo obligué a que me tocara la guitarra y a él le daba pena.

Según Bosé, ¿cómo es Juanes?

Juanes es un tipo que todavía no se cree lo que le está pasando. Tiene unos valores muy sólidos, originales y primarios, que no le han abandonado para nada.

¿Y qué hacemos para que no le abandonen?

No creo que eso pase, y si pasa, ya le he avisado que le daré yo un coscorrón. (Risas). A él le pasa algo que me pasa a mí, que te marca muchísimo, que es un sentido de endeudamiento por las cosas que te suceden. Y cuando vives con la sensación de que, por mucho que hagas, no estás a la altura de poder devolver lo que se te ha dado, siempre vas a mantener esa postura como de alerta, de tener los pies sobre la tierra, o de sssshhhht, calladito, porque me tocó la lotería y que no se te suba la fama a la cabeza.

La forma como está hablando de Juanes me confirma algo que dicen de usted. Es muy buen amigo…

Pues si lo han dicho mis amigos, sí lo seré. Yo tengo una familia que no es muy grande y la familia de la vida de uno está más allá del ADN. Y Juanes… Bueno, yo echo de menos tener un hermano pequeño. Juanes es ese hermano pequeño.

¿Con Shakira no tiene la misma relación?

Tengo otra, completamente diferente. El mundo de Shakira es distinto del mío. El mío se parece mucho más al de Juanes: somos dos personas completamente distintas, entendemos la música de una forma completamente distinta, pero los valores vitales y los principios a mantener son muy firmes y muy similares. También es verdad que somos chicos, y eso abre otro diálogo. Pero en lo que queremos de la vida y queremos del mundo, en esos sueños y esas luchas, nos azuzamos constantemente. No había encontrado antes eso. Soy Miguel Bosé, el tanque, el imparable, pero ahora tengo a alguien que está justamente a mi flanco.

Viéndolo y escuchándolo hablar entiendo por qué no solo las mujeres, sino también los hombres, lo encuentran tan tremendamente sexy. ¿El erotismo juega muy fuerte en su vida de artista?

No mucho. La música no es erótica. Los personajes que la hacen pueden llegar a serlo. La música, como el arte en general, lo que desata y lo que mueve son emociones. En la música no hay erotismo. Quienes nos dedicamos a ella nos convertimos en malabaristas de emociones. Ahora, creo que el juego del deseo es algo saludable, muy saludable. A todos nos gusta desear y ser deseados. Que nos provoquen el deseo es algo grandioso, luminoso, todo lo que deriva de ese juego crea una altísima energía y armonía.

¿Es cierto que usted es ahijado de Pablo Picasso?

No, es mi hermana Paola. Se llama así precisamente por Pablo. Lo que pasa es que vivimos a su lado toda la vida, hasta que murió. Soy ahijado de Luchino Visconti, que tampoco es un moco de pavo. (Risas). Por eso yo me llamo Luis Miguel Luchino.

¡Faltaba más! ¿Un ‘flash’ de Pablo Picasso, que es mi debilidad en la historia del arte?

Pues los calzoncillos que llevaba. Eran de una marca española que se llama Ocean.

¿Y qué tenían de especial?

Pues nada. Eran unos calzoncillos así, como hueveros, como se llamaban en los años cincuenta, sesenta, antes de que llegara el imperio del boxer. Le gustaba esa marca, se los hacía traer todo el tiempo y en verano eran esos calzoncillos, sus chanclas, y ya está. Vivía así.

¿Es cierta esta anécdota? Que su padre, estando ella casada con Frank Sinatra, se ‘levantó’ a Ava Garner, una de las mujeres más hermosas del cine. Y que después de haber estado con ella, su padre se levantó y se vistió, y cuando ella le preguntó: ‘¿A dónde vas, hombre?’ él respondió: ‘Pues a contarlo’.

Parece ser que es cierto. Ava tenía otra versión, que es más bonita, por lo que nunca contaré la otra.

Es como si en este momento usted se levantara a Angelina Jolie. ¿Eso no se le ha pasado por la mente, Miguel?

¿A Angelina Jolie? Claro. Pero por supuesto. Lo que pasa es que, en aquella época, la chulería del torero hacía parte de la identidad del torero. Yo soy bastante más discreto.

Entonces sí se le ha pasado por la mente… ¿Y levantarse a Brad Pitt?

Todavía no.

¿No califica?

Psss… No sé, a lo mejor en un revuelto con mucha gente, si no hay orden y hay descontrol y no me doy cuenta y ¡JA, JA, JA! Bueno. Matízame esto cuando vayas a sacar la entrevista…

Fuente: El Tiempo

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