Miguel Mateos: ‘No sé si seguiré haciendo discos’

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Según dicta la Real Academia Española, “Fidelidad” es lealtad, observancia de la fe debida a otro. El término también puede sostener acepciones como “constancia” y “devoción”, además de adosarse virtudes vinculadas a la confianza, el respeto y la honestidad. Con las cartas jugadas y destapadas, cae de madura la intención de Miguel Mateos a la hora de buscar un título que englobe a su nueva colección de canciones.

Porque, si Salir Vivo (2002) era un desesperado grito de guerra y Uno (2005) la mirada interior de un tipo que juntaba sus pedazos, el flamante Fidelidad venera el accionar incondicional de quienes aún siguen tras las filas del ex Zas. “Fui castigado a un rincón” canta Mateos en “El Nene más malo del mundo” y, esa línea inconsciente, echa luz sobre la ubicación de quien tiene negado el ingreso al gran banquete que disfruta el rock argentino versión 2.0.

Una condena que resulta toda una ironía en la vida de alguien que fue el néctar de la industria discográfica e hizo penetrar el rock vernáculo en mercados imponentes como México y Estados Unidos. Obviamente, sin contar los clásicos de su pluma que musicalizaron el crecimiento de generaciones enteras. Por dichos motivos, Fidelidad es la única razón que encuentra Mateos para poner en palabras la relación en carne viva de su obra con la gran audiencia.

Como si quisiera volver a tomar envión desde una superficie conocida, este viernes pisará las tablas del Teatro Coliseo, el mismo recinto que fue testigo de la grabación de Rockas Vivas, uno de los mayores fenómenos que recuerde la música popular vernácula. Antes de que ello ocurra, el creador de “Tirá para arriba”

El Miguel Mateos de los ochenta fue distinto al de los noventa. ¿La versión del nuevo milenio también marca diferencias sustanciales?

A partir del nuevo milenio, hago Salir Vivo. Ahí, tenés la pauta de un tipo que a partir del 2001 vive la crisis de la Argentina a pleno, desde el punto de vista personal, laboral, profesional. Hoy me veo como un tipo más tranquilo, más afianzado en su rol, implotando más que explotando. Es así y, a su vez, tengo más certezas, a pesar de que creo que un artista no debe tener demasiadas certezas. Incluso, llegué a un punto donde me tomo mis tiempos para dar cada paso y me cago en todo tipo de tendencias y, también, de última sigo siendo un curioso… Sí, escucho cosas indie y todo lo nuevo que va surgiendo, pero me cago en lo que pasa. Para ser concreto, el Miguel Mateos actual es un tipo completamente relajado, que está muy contento con su obra. También, es alguien que sabe que el formato de álbum murió y que no sabe si va a seguir haciendo discos.

Si tenés la certeza de que el disco murió como obra, ¿cuál es el motor que te impulsa a publicar nuevas canciones bajo un concepto unificador?

Lo que pasa es que soy un tipo que nació con el álbum, que creció comprando Led Zeppelin IV, Sgt. Pepper’s… Llevaba el disco a mi casa y me internaba en la ceremonia de escuchar música. Eso está totalmente perdido. Tengo un hijo de 17 años y veo diariamente el culto que genera la música hoy en día, el cual es completamente diferente al que se generaba cuando yo tenía esa edad. Estoy en contra de los ringtones y de la música que se escucha por celular.

Musicalmente, el álbum Uno marcó un punto alto en tu carrera solista, donde recuperas ese elemento vintage de la música que te marcó en tu niñez…

Sí, sí, Uno me parece un disco maravilloso, sin embargo mi entorno no piensa así. De hecho, es uno de mis discos que aún escucho. Adoro Uno y adoro sus temas como “Afortunado”, “Dama”, “Tres Deseos”…

¿Cuál sería la definición de Fidelidad que más se acerca a tu pensamiento?

Una canción con una guitarra criolla en una playa de Cariló, con una frazada en una madrugada. Haberle puesto a un disco un nombre así, para mí es muy importante y es todo un mensaje. En realidad, el título salió cuando hice la gira La mirada de los Clásicos, que fue una gira nacional e internacional muy grande y en la cual tuve una respuesta tan pero tan grande a mi obra al lado del repertorio de semejantes bestias de la música internacional. Ahí, me dije: “Pero, ¡puta madre! ¡Que gente tan generosa!”, porque aplaudían tanto “Perdiendo El Control” como “Notorious”, “Obsesión” como “Let´s Dance” o “Si Tuviéramos Alas” como “Hotel California”… Algo tenía que hacer porque me sentía totalmente privilegiado… ¡Ese es el concepto de fidelidad! Está dedicado a esa gente que me dice que cuando no puede más, cuando siente que todo está perdido y ya no cree en más nadie, pone una canción mía y siente que le dan ganas de seguir, que le alegra el día. Fidelidad es eso. Punto y aparte.

Más allá de una simple canción de amor como la querés presentar, “El nene más malo del mundo” parece ser una fábula de la imagen que la industria tiene de vos como artista. ¿Es muy rebuscado pensarlo así?

Vos tenés una gran ventaja sobre el resto: me conocés, sabés como pienso y como siento. Obviamente, yo soy pura metáfora, pero… Sí, agarrar la letra por el lado meramente sentimental, sería una lectura demasiado obvia. Claro que la canción tiene ese tipo de connotaciones, el disco en general tiene ese tipo de mensajes, que son muy similares a cuando dije que en la Argentina hacían falta huevos. Sí, la letra es catártica y debe haber incluso mensajes inconscientes. Pero si te ponés a pensar la línea: “Antes era la gloria, memorias, era nuestra historia”… Sí, de alguna manera, consciente o inconscientemente hay puestas ahí cosas de mi vida, de mi historia.

¿De qué manera te plantás para observar el futuro?

La única idea interesante de la existencia es que, a medida que te acercas a un determinado punto, habría que tener algún tipo de revelación…

¿Y tuviste esa revelación?

¡Absolutamente!… No al nivel de un gurú o de la clarividencia, pero sí al nivel de darme cuenta de muchas cosas. Y a mi me parece que la existencia te brinda esa posibilidad y eso te lleva a ser más concreto y claro. La gente entiende cada vez mejor lo que quiero decir y me siento de una manera plenísima como artista. Estoy teniendo como una visión cada vez más clara de lo que quiero. En perspectiva, me veo veinte años atrás y me doy cuenta de que no sabía nada, pero nada. A comparación de hoy, no disfrutaba de los shows, me cansaba, me drogaba… ¡Era una vergüenza! Hoy, disfruto a pleno de mi madurez, primero como ser humano y después como artista

Fuente: 10 musica

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