Miles de personas dan último adiós a Sandro

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Más de 40 mil personas desfilaron por el Congreso de la Nación para despedir los restos del cantante Sandro, primero bajo un sofocante sol de verano y una noche lluviosa. También miles se apostaron al paso del automóvil que transportó el féretro hacia el cementerio privado de Longchamps, al sur de esta capital, en la provincia de Buenos Aires. Allí también lo esperó una multitud, entre llantos y canciones del ídolo, y al grito de “Sandro no se va”.

La ceremonia en el Congreso finalizó a las 13 horas, cuando fueron cerradas las puertas, lo que dio fin a un velorio que duró un día entero. El cortejo que acompañaba los restos del intérprete de Rosa, Rosa llevaba una escolta policial.

En el trayecto, que duró más de tres horas, el cortejo se detuvo en el barrio de Banfield, en la casa del cantante, donde lo esperaban más de cinco mil seguidores. Miles de flores fueron arrojadas al paso de la carroza fúnebre y el colorido de las expresiones populares dio cuenta del dolor y el amor incondicional de sus miles de admiradores, que no se cansaban de hablar ante la prensa de la humildad del llamado El Gitano.

Homenaje a un hombre generoso

Fue el entierro más multitudinario de los tiempos recientes para un ídolo de multitudes, pero además fue el homenaje a un hombre que nunca olvidó sus orígenes y que siempre respondió con generosidad a sus amigos, a sus compañeros y a su público.

Sandro fue velado desde ayer al mediodía en el salón de los Pasos Perdidos del Congreso, a féretro abierto y sin la presencia de los representantes de la prensa, a petición de su esposa.

Los carteles con mensajes de despedida de todos los tonos formarán parte de la iconografía ciudadana, tanto como que esta fecha puede ser declarada El día del hombre de la rosa, como propusieron algunas de sus fanáticas, por la cantidad de rosas que fueron “sembradas” a lo largo del último recorrido de Sandro.

Anoche se sumaron al velorio conocidas figuras del espectáculo, de distintos sectores y posiciones políticas, incluso enfrentadas, para manifestar su pena, lo que daba cuenta de la calidad humana del artista, quien falleció a los 64 años por complicaciones tras un trasplante cardiopulmonar.

Entre quienes elogiaron al cantante estuvieron la diva televisiva Susana Giménez, quien recientemente pidió la pena de muerte en Argentina, así como Soledad Silveyra, actriz comprometida con las causas sociales, que hizo dos películas con Sandro cuando era adolescente.

La presidenta Cristina Fernández habló con Olga Garaventa, compañera inseparable en los últimos años de Sandro y a quien el intérprete atribuía haberlo salvado. La mandataria expresó su dolor ante la muerte de quien consideró gran “ídolo popular”. La representación oficial en el velatorio estuvo a cargo de Aníbal Fernández, jefe de gabinete.

El ex jugador Diego Maradona, actual director técnico de la selección, también envió su pésame y confesó que lloró “mucho” al enterarse de la muerte de Sandro, aunque nunca lo conoció, pese a que ambos manifestaban su admiración mutua.

El recorrido hacia el cementerio duró más de tres horas, pues por momentos el automóvil que transportaba el féretro era rodeado por los seguidores del cantante, quienes no lo dejaban avanzar.

Fue también lenta la entrada al cementerio de Longchamps, por la multitud que esperaba allí, donde después de un responso religioso los restos de Sandro fueron enterrados junto a la tumba de sus padres. Cumpliendo con los principios de discreción que marcaron su vida, no se permitió a la prensa entrar a la ceremonia.

El cantante murió la noche del 4 de enero en Mendoza, al pie de la Cordillera de los Andes, adonde fue trasladado de urgencia, porque hubo un donante y pudo ser sometido al trasplante.

Pero su estado ya era crítico. Su adicción al cigarrillo –dicen que llegó a fumar hasta cuatro cajetillas diarias– derivó en una afección pulmonar y un mal cardiaco que se manifestó con gravedad hace 15 años. No obstante las evidentes dificultades respiratorias, hasta hace muy poco tiempo se presentaba a cantar, aunque con una provisión de oxígeno. “Mi única obsesión es no dar lástima en el escenario”, decía.

“Sandro se ha ido y con él se va parte de la historia de la música latina contemporánea”, dijo en un mensaje el cantante español Julio Iglesias, quien compartió escenario con el argentino en Viña del Mar, en los años 70.

“Fue alguien a quien no se puede olvidar. Un amigo con quien compartí tiempos inolvidables en nuestra querida América (…) nos deja su recuerdo irrepetible como amigo y artista único y excepcional”, señala el comunicado de Iglesias.

“Murió Sandro, una leyenda de la música popular”, publicó el diario Clarín al señalar que “ésta es la historia de un hombre que quería ser cantante de rocanrol y se tuvo que conformar con ser mito. Es también una historia que se resiste a ser fábula: aquí no hay moraleja, apenas misterio. Hablamos de una de las invenciones más minuciosas e intrigantes del espectáculo argentino. Él decía que Roberto Sánchez inventó a Sandro. A esta altura, habrá que sospechar firmemente que Roberto Sánchez era Sandro y que, finalmente, ésta fue la historia de un hombre que se inventó a sí mismo.”

“¿Mi secreto? No tengo: simplemente uso jeans como si fueran smoking y smoking como si fuera jeans”, decía el gran seductor, cuya legión de admiradores se componía al principio de su carrera casi exclusivamente de mujeres; se convirtió luego en un ídolo de todos.

Por amor a la familia, “adoptó” a los cuatro hijos de su mujer anterior, María Elena Fresta, con quien vivió 15 años, hasta su separación en 2005. Luego se casaría con Olga, la ex secretaria de su mánager, quien lo acompañó en sus momentos más difíciles.

Siempre tuvo tiempo para atender a las llamadas nenas, mujeres que iban a cada una de sus presentaciones, siguiéndolo por todo el país, desde muy jóvenes; ellas transmitieron esa admiración incondicional a sus familias y nunca faltaron a la cita para celebrar el cumpleaños del cantante, a quien esperaban durante horas, en improvisados días de campo hasta que aparecía Sandro para compartir ese momento mágico que, según dejaron constancia en las paredes, les devolvía “la fantasía de la vida”.

Fuente: La Jornada

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