Motörhead en Bogotá: breve crónica de una fiesta inconclusa

Publicado en at 08/05/2009
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dsc022061Tuvieron que pasar muchos años para que Motörhead, la banda más sucia, veloz y perversa del universo, ofreciera su tan anhelado primer concierto en Colombia, en el marco de su gira internacional Motorizer World Tour, y luego de tanto tiempo, el recuerdo del show nos genera toda clase de sentimientos; por una parte, no deja de ser una pena que las evidentes deficiencias acústicas del Coliseo El Campín hayan impedido a los asistentes gozar al máximo del acontecimiento. El auditorio, que no ha recibido tratamiento alguno para la realización de conciertos, no era apto para soportar todo el andamiaje técnico y sonoro que la banda trae consigo en su actual gira, y por lo tanto, la reverberación que se percibe en el sitio hace que el ensordecedor volúmen rebote por todo el lugar y termine aturdiendo al público, lo cuál nos recuerda la urgencia de un recinto apropiado para conciertos en la capital.

A eso de las siete de la noche abrieron los teloneros locales Ursus, enérgica y entusiasta banda capitalina que supo entretener al público con su música antes de su simpática versión metalera de “Soy Colombiano” de Rafaél Godoy. Habrá sido, quizá, la anécdota divertida de la noche, pero para entonces ya todo era una gran fiesta y nada importaba, hasta que el acto de apertura acabó su repertorio y vimos finalmente a Motörhead. Los británicos aparecieron a eso de las 8:15 P.M. en el escenario abriendo su recital con las canciones “Iron Fist”, y “Stay Clean”, dos de los escasos clásicos esenciales de su primera gran etapa, pues a lo largo del show se echaron de menos muchísimos temas vitales de lo mejor de su discografía. Es de agradecer, por parte de los más nostálgicos, que Lemmy y compañía hayan interpretado los temas “I Got Mine” y “Another Perfect Day”, clásicos de 1983 en sus tiempos con Brian Robertson a la guitarra. Fue una de las sorpresas de la noche. También hubo canciones como “Going To Brazil” que muchos no esperaban, o la enérgica “Killed By Death”. Un impecable Mickey Dee supo hacer gala de sus habilidades en la batería durante su solo, arrojando acrobáticamente al aire un reguero de baquetas durante otro de los pasajes álgidos del concierto, pero es una pena que los fraseos del veterano Phil Campbell, quien por estos día ha cumplido ya 25 años de actividad en la banda, no hayan sonado de la mejor manera debido a las deficiencias sonoras que padecimos anoche. Por lo demás, una buena parte del show estuvo enfocado en material de sus discos más recientes, como March or Die, Kiss of Death, o el nuevo Motorizer. De hecho, cuando la banda salió de nuevo al escenario, ya para el “encore”, deleitan a todos con una formidable versión acústica de su “Whorehouse Blues”, incluida en su álbum Inferno de 2004. En ese momento vimos a Mickey Dee tomar la guitarra acústica para acompañar los punteos de Campbell, y oir al buen Lemmy haciendo un trabajo estupendo con la armónica. Su blues de burdel, bajo unas luces rojas intensas y una sórdida atmósfera, tuvo el mejor sonido de la noche. Ya para el cierre, la banda se despide con la obligatoria “Ace Of Spades”, y todo el aforo de casi cuatro mil personas, si es que somos exactos, se retira con ganas de mucho más. Ignoramos si el listado de canciones de la gira de Motorizer haya sido concebida de igual manera para otras latitudes.

Nadie duda que para una banda como Motörhead resulta difícil complacer a todos los asistentes, pero es lamentable la ausencia de grandes clásicos como “Bomber”, “The Chase is Better Than The Catch”, “Motörhead”, “Orgasmatron” y especialmente su clásico “Overkill”, con el que suelen cerrar siempre todas sus funciones, y que estaba estimado en el set list definitivo, pero que por motivos que todos desconocemos, decidieron no tocar. Una verdadera lástima. Todo lo anterior, sumado a los problemas sonoros, le impidió a muchos llevarse un recuerdo más grato de la visita de Lemmy a nuestra tierra. Pese a las ya mencionadas dificultades acústicas del auditorio, hay que ofrecer un agradecimiento al joven promotor Christian Krämer por su iniciativa de traer a Colombia a uno de los actos definitivos en la historia del rock mundial. La banda cumplió con un total de seis presentaciones en suelo latinoamericano, cuatro de ellas en Brasil, una en Argentina, y la de anoche en Bogotá, así que démonos por bien servidos. Como es ya típico, nunca falta la plebe desadaptada que aparece para hacer estragos a la entrada del recinto, pero en términos generales, puede decirse que no hubo mayores hechos qué lamentar. A partir de ahora, la banda se dirige a territorio europeo para cumplir con treinta y nueve conciertos más.

Iván Darío Torres.

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