Foto: EFE
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El genial guitarrista Paco de Lucía falleció en México tras un súbito desmayo mientras jugaba con sus hijos en Cancún. El músico que contaba con 66 años, disfrutaba en una playa de la ciudad mexicana cuando le ha sorprendido un infarto. Pese a que fue trasladado a un centro médico,  el artista murió durante el trayecto.

Algeciras (Cadiz), su ciudad natal, ha decretado  tres días de luto oficial y el Ayuntamiento de la ciudad ha ofrecido realizar las gestiones, en contacto con la familia, para facilitar la posible repatriación del cadáver.

El artista reconocido por ser fiel al flamenco y que empezara su carrera al lado de Camarón durante los años 60 y 70, fue galardonado con el Príncipe de Asturias de las Artes en 2004, y era considerado guía del arte jondo por nuevos e inexplorados caminos al frente de su sexteto de trazas jazzísticas.

El músico vivía desde hace años en Palma de Mallorca, tras su paso por lugares como la Península del Yucatán o Toledo, donde se dejaba ver (poco), con una mezcla irresistible de bonhomía y reclusión. En los últimos tiempos fijó su residencia en Cuba. Los que lo trataron en Mallorca lo recuerdan con una cierta alergia hacia la guitarra, que dejó de tocar durante un tiempo, con ganas de compartir ratos con gentes sencillas, alejado de los cenáculos artísticos e intelectuales y dedicado a sus dos hijos de corta edad. 

Era la forma en la que Francisco Sánchez Gómez, tal era su nombre real, huía de su propia leyenda. Un mito que también obtuvo sus recompensas comerciales; en 1975, su celebérrima rumba Entre dos aguas lo aupó a lo más alto de las listas de éxitos con la conjura propia de las casualidades. La composición fue la última en entrar en el repertorio de aquel disco que acabaría invadiendo centenares de miles de hogares aquel año en el que España se sacudía el polvo negro de la dictadura.

Ya solo su asociación con Camarón de la Isla, la entente de dos amigos de infancia curtidos en los tablaos que en aquellos setenta andaba dando sus últimas bocanadas, le habría servido para ingresar en las enciclopedias de la música popular. Pero habría mucho más. Sus primeros escarceos con el jazz, por los que fue acusado de bastardización del arte jondo, datan de finales de la década anterior, cuando colaboró, aunque sin figurar, en los discos de jazz flamenco del saxofonista navarro Pedro Iturralde. A mediados de los 70, fue dando forma a una banda irrepetible, nutrida del talento de sus hermanos, Pepe de Lucía y Ramón de Algeciras, y los jóvenes Jorge Pardo, Carles Benavent y Rubem Dantas, con el que se introdujo el cajón peruano en la ecuación flamenca. La cristalización de la leyenda de aquella banda única se dio a principios de los 80, con los discos Solo quiero caminar(1981) y Live… One summer night (1984).

De los ochenta data también su asociación con dos titanes de la improvisación a las seis cuerdas: Al di Meola y John McLaughlin. Juntos giraron por todo el mundo asombrando a auditorios de todas las clases y tamaños con su contagioso virtuosismo.

Además de cruzar flamenco con jazz, De Lucía hizo lo propio con elblues, la música hindú, la salsa, la bossa nova o la música árabe. También contribuyó a difuminar las frontera entre la música culta y la popular con históricos registros en el Teatro Real.

Doctor honoris causa por la Universidad de Cádiz y el Berklee College of Music, el jurado de los Premios Príncipe de Asturias le reconoció su “honradez interpretativa” y su capacidad de trascender “fronteras y estilos” que le convirtieron en “un músico de dimensión universal”. “Todo cuanto puede expresarse con las seis cuerdas de la guitarra está en sus manos”, destacó el fallo.

 

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