Ruud van Nistelrooy, del Real Madrid, causa revuelo por tomarse un café en Bogotá

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El goleador holandés del equipo ‘merengue’ llamó la atención en la llegada del equipo blanco a la capital. El atacante holandés después de llegar al hotel salió a dar un paseo por la Zona T, por supuesto se dieron toda clase de situaciones y logró alterar bastante el ritmo de esta parte de la ciudad. Todos querían estar con el astro y otros no creian que esta figura se paseara por la capital.

Una fiera estuvo suelta en la tarde del jueves en Bogotá y generó conmoción en el norte de la ciudad. Fueron 30 minutos en los que el ‘Depredador del área’ holandés, Ruud van Nilstelrooy, el centrodelantero del Real Madrid, un verdadero ‘galáctico’, provocó una revolución en la zona T y el Centro Comercial Andino, en el corazón de la zona rosa.

El feroz goleador holandés, uno de los estelares futbolistas que pisarán el jueves la cancha de El Campín en el histórico juego amistoso contra Santa Fe (a las 5:30 p.m.), acostumbrado a enfrentar y burlar a los defensores más fuertes del mundo, decidió dar una vuelta.

“Voy a caminar, voy a dar un paseo” fue lo único que dijo el goleador mientras daba pasos atropellados entre siete policías, seis acompañantes del equipo (entre ellos miembros de su seguridad) y otras 50 personas entre hinchas, fotógrafos y camarógrafos de televisión que, sorprendidos, lo siguieron.

Vestido con una camiseta blanca de manga corta (tipo Polo) caminó, como cualquier paisano, desde el Hotel Sofitel de la carrera 13 con calle 85, donde se aloja la delegación española; cruzó la 85 y comenzó su corto recorrido entre aficionados y curiosos que intentaban tomarle (y tomarse) fotos, gritaban su nombre y le pedían “un autógrafo, por favor”.

Un periodista le atravesó un micrófono. Ruud sonrió, bajó la cabeza y no abrió la boca. “Tienen prohibido dar declaraciones”, dijo uno de los acompañantes. En cambio, Van Nilsterooy, con la sombra negra de una barba de 10 horas de vuelo y sin detener los pasos de sus botas de cuero negro, sacó las manos del pantalón gris de paño y levantó el pulgar derecho, regalándoles una toma a fotógrafos y camarógrafos. “Ya no más, prensa”, dijo  amablemente.

Entró al centro comercial y recorrió como pudo un corto pasillo: ya no eran 50 sino 80 ó quizás 100 las personas que se arremolinaron para verlo, que metieron los pies en las fuentes del complejo de almacenes, que sacaron su celular y llamaron a amigos o parientes para decirles, asombrados: “¡No te imaginas a quién estoy viendo!”. Y Ruud, la fiera suelta en Bogotá, se metió a la tienda Juan Valdez. “¿Qué bebida me ofrecen?”, le preguntó a Edwin Cañón, el dependiente, que, casi que mecánicamente le pasó la carta. “Espresso”, dijo Ruud, sin pensarlo mucho. Él mismo sacó el efectivo en pesos para pagar los 2.300 que valía el café.

“Lo atendí rápido porque el espresso dura 30 segundos en hacerse. Se lo pasé y le dije que había hecho la mejor elección, pues ese café era el indicado para él por ser el más fuerte. Le conté que está hecho con un grano que se llama volcán”, agregó Cañón. Allí estuvo otros 15 minutos y luego partió, con sus acompañantes y con los siete policías que lo escoltaban, de regreso al hotel tal como había llegado hasta allí: caminando.

“Ruud salió a tomarse un café colombiano. Él me dijo que salía a eso -informó, después, el jefe de Prensa del equipo, Luis Villarejo-. Me comentó que le pareció espectacular el ambiente de la ciudad, que la gente estaba muy conectada con el partido y con él. Le sorprendió mucho que corearan su nombre. Quedó muy agradado”.

El Real Madrid aterrizó en un vuelo de Iberia a las 2:15 p.m. en El Dorado. “Los jugadores estaban muy impresionados por el dispositivo de seguridad”, contó Villarejo. De allí, luego de salir por la puerta alterna de Catam (el aeropuerto militar), se fueron en caravana hasta el hotel.

En la carrera 13 con 85 y sus alrededores se generó un ‘trancón’ que obligó la presencia de la Policía de Tránsito, que envió boletines para pedirle a la comunidad que usara vías alternas.

Sobre las 3:30 p.m., después de que cada futbolista se acomodó en su habitación individual, los jugadores comieron una “merienda”: un bufete servido con leche semidescremada y de soya, café, té, chocolate en polvo, pan tostado, panecillos variados, pichicatos de pan y galletas variadas (ninguna de chocolate), jamón light, lonchas de pavo, queso, yogur light, jugos naturales de naranja y manzana y variedad de frutas…

Después, el Real iba a El Campín y regresaría al hotel. Pero una de sus fieras se soltó y causó un alboroto de fútbol y café en Bogotá.

Fuente: eltiempo.com

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