The Cure realizó un memorable concierto en la ciudad de México

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Este fin de semana, el Palacio de los Deportes se convirtió en el escenario de un sueño: enormes telarañas de sonido, bosques siniestros sin luna, amantes desesperados en la orilla de un mar verde y profundo… Un sueño y una celebración, un ritual oficiado por un rey oscuro y mágico ante un séquito multitudinario de almas errantes, ataviadas de negro y de recuerdos.

El sábado se cumplió la cita abierta tres años antes, cuando en medio de una ovación, Robert Smith prometió volver pronto a esta ciudad, que con tanta euforia lo había recibido luego de una ausencia eterna.

La promesa se cumplió con los acordes iniciales de “Open”, canción tradicional de apertura para conciertos de The Cure, pero poco conocida por un público mayoritariamente conformado por fans de sencillo radiofónico, de esos que van a escuchar las mismas canciones que han oído en el radio toda la vida. Afortunadamente para ellos, la noche del sábado se convirtió muy pronto en un desfile de grandes éxitos y sencillos del grupo inglés.

Los asistentes pudieron escuchar canciones como “Lovesong”, “Lullaby” y “Just Like Heaven”. Además de dos encores igual de complacientes: el primero, con “Let’s Go to Bed”, “Close to Me” y “Why Can’t I Be You”, puso el ánimo de los asistentes en una frecuencia festiva y alocada, mientras que el segundo, un verdadero tren de canciones extraídas de los primeros dos discos de The Cure (que en realidad son más o menos uno solo), convirtió al Palacio de los Deportes en un caldero de euforia donde por momentos era difícil distinguir la voz de Robert Smith entre los coros del público. Con “Killing An Arab” la noche se evaporó y la euforia devino cansancio. Había que retirarse y hacer fuerzas para el día siguiente, cuando todo sería distinto.

Y llegó la noche

El domingo, así estaba escrito, sería la noche de los fans, de aquéllos que acumulan discos, ediciones raras, lados B y bootlegs. Sería la noche de los más recalcitrantes fanáticos de The Cure: un viaje por los viejos salmos, por las oraciones más secretas y los conjuros trascendentales que duermen en cada uno de los 12 discos de estudio de la banda, sepultados bajo toneladas de sencillos pop que circulan en la radio.

Todo comenzó con “Plainsong”, en una versión extraña, sin teclados, pero igualmente atmosférica y ensoñadora. Siguió “Prayers For Rain”, lo que ya aseguraba una noche oscura, mítica. Luego, “A Night Like This”, una de las más perfectas creaciones de Smith, clásico de su álbum The Head on the Door, del que se conoce más, sin embargo, “Inbetween Days”.

Pero la primera sorpresa de la noche vino con una canción que no sonaba en vivo desde hacía unos 15 años: “To Wish Impossible Things”, del Wish. Pocos en el Palacio de los Deportes sabían qué diablos ocurría ahí: el resto estaba hipnotizado.

Luego ya no hubo tregua: “The Figurehead”, “From the Edge of the Deep Green Sea”, “A Strange Day”… era una noche de sombras, de melancolía, de discos viejos y sonoridades turbias. Un festín para los fans. Desconcierto para la masa.

Justo en la cumbre estética de la noche, la banda inglesa interpretó “Please Project”, una de las canciones que incluirá en su próximo disco, en el que trabajan actualmente y cuya producción interrumpieron sólo para venir a tocar a México.

Hay que decirlo: “Please Project” probablemente se convierta en el siguiente clásico de The Cure. Es una de esas perfectas canciones pop que sólo Smith sabe hacer. Pero ya lo dirá el tiempo. Mientras tanto, el público recibió el nuevo tema con mucho interés. También se pudo escuchar el estreno de “A Boy I Never Know”, tan buena como la anterior.

El set regular terminó con “Disintegration”, y cuando se especulaba sobre un encore plagado de sencillos y cancioncitas pop, The Cure volvió a maravillar a sus fanáticos de culto con un tren del disco Seventeen Seconds: “At Night”, “M”, “Play For Today” y “A Forest”, en versión larga.

Tras la insistencia de un público maravillado, la banda volvió una vez más, pero no para interpretar “10:15 Saturday Night” o “Fire In Cairo”, sino para volver a deleitar a los espíritus más oscuros, con dos canciones que no tocaban desde hacía muchos años y que casi nadie en el Palacio de los Deportes conocía: “The Holly Hour” y “Other Voices”, seguidas por “Faith”.

La lenta y monótona línea melódica de bajo con que Simon Gallup envolvió al recinto con su interpretación de “Faith” fue acompañada por un beat parsimonioso de encendedores que parpadeaban como luciérnagas. Una gran mariposa negra cruzó entre el público: acaso la certeza de que la noche mágica terminaba y, en el mismo acto, se volvía eterna.

Ya se iba la banda entre la penumbra del escenario cuando Robert Smith, en un acto inusual, pidió al resto de los integrantes que volvieran para entregar una última pieza. Pero esta vez serían un poco más complacientes. Así comenzaron a sonar los primeros acordes de “Boys Don’t Cry” y fue la locura. Lo que sea que haya quedado en pie anoche, hoy será reducido a polvo, a viento, a sueño, a espejismo: esta noche, The Cure ofrecerá su tercer oficio, su tercer ritual, quizás el último en México, nunca se sabe.

Fuente: Tarabu

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