Un documental comprueba que se puede vivir sin el petróleo

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Durante un año, una familia siguió una estricta rutina basada en no comprar nada que utilizara petróleo en su producción. Recipes for disaster es la película sobre la experiencia, que participó en el Festival de Cine del Amazonas.
La cinta finlandesa compite en la sección de documentales internacionales y propone la acción individual para evitar el deterioro del ecosistema, en concreto con la emisión de dióxido de carbono en la atmósfera.

El director John Webster, quien también protagoniza, comienza con una afirmación en tono irónico: “Nos enorgullecemos de ser seres razonables, de planear nuestro futuro, de saber que nuestros actos tienen consecuencias”. El cineasta ha realizado otros documentales como What comes around (2005).

Y así, comienza a lanzar los datos que le llevaron a esta drástica decisión: un ciudadano finlandés arroja una media de 13.000 kilogramos de dióxido de carbono a la atmósfera en un año, una cantidad relativamente baja en comparación con Estados Unidos, cuya polución per cápita asciende a 30.000 kilos por año.

Gasolina y plástico son los principales elementos a desechar en esta dieta vital que la familia Webster, de manera experimental, comenzó a desarrollar un buen día y, desde entonces, los obstáculos no dejaron de aparecer.

Más allá de usar la bicicleta en vez del automóvil o de solicitar bolsas de papel y no de plástico, en el día a día del hombre del primer mundo el petróleo se revela como una suerte de hilo conductor y el entusiasmo de los “protagonistas de esta historia” se va minando poco a poco.

Al final de la película, Webster se pregunta: “¿Qué hemos conseguido además de poner nuestra felicidad en riesgo?”.

Por no usar pasta de dientes, cuyo bote está realizado con plástico entre otros materiales, una receta casera de dentífrico causa llagas en sus hijos; el viaje familiar a Italia se hace en tren y no en avión, por no hablar de la esposa de Webster, que se niega a hablar en inglés desde el principio y convierte a la amenaza de divorcio en un inesperado giro.

El proceso de renuncia al propósito comienza con la compra de un automóvil que funciona con un combustible vegetal, pero ¿cómo regalar juguetes a unos niños en Navidad sin recurrir al plástico? ¿Cómo rodar un documental sin que la carcasa de la propia cámara sea de plástico?

El filme, más allá de sus reflexiones cómicas acerca de los hábitos poco ecológicos, desemboca en un relativo fracaso.

La familia Webster, tras adoptar el excéntrico modo de vida, “ahorra” un total de 9.655 kilogramos de dióxido de carbono durante doce meses, pero es sólo un 52 por ciento del total. La pregunta que sobrevuela el final del filme es: ¿Qué sucederá cuando no sea un experimento sino una imposición de la naturaleza?

Fuente: Canal Caracol

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