¿Un rock al parque que para el 2007 será más politizado?

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El día de ayer terminó el 12 festival Rock Al Parque, tres días durante los cuales se contaron más de 320 mil almas que se unieron en una sola voz para ver a los grupos invitados, a pesar del mal clima que azotó a la capital durante el fin de semana. Se destacaron las presentaciones de The Black Cat Bone, La Severa Matacera, Panda, Papashanty, Fear Factory y Manu Chao. Ahora es cuando vienen los juicios sobre un evento que ya no tiene el mismo impacto de siempre.

Según el último boletín de prensa entregado por las autoridades que organizaron el evento, la cifra de asistencia para este año es la segunda más alta desde la creación del evento. Los dos primeros días no se llegó a un lleno total en ninguno de los escenarios, pero la cifra récord se alcanzó el día lunes, cuando ya se acercaba la presentación de Manu Chao. Esto quiere decir que los dos primeros días no tuvieron ni las bandas ni la convocatoria suficiente para un Festival como el capitalino. Prácticamente se puede decir que el segundo día del festival, fue un día para olvidar.

Los verdaderos resultados

Los medios de comunicación, a pesar de ser este evento el concierto más grande de Colombia, cada año le prestan menos importancia. No hay ni un solo “Pirry” que vaya a hacer una nota tipo documental al evento, o un periodista que desee hablar más de 10 minutos con los participantes locales, al ver los noticieros no hay ni siquiera más de 3 minutos en las secciones de farándula que hablen del evento. No hay un solo programa periodístico o relacionado con el rock que hable de la experiencia de “convivencia extrema” que se inventó la Alcaldía. Las notas no pasan de ser el titular de los periódicos y de ser un montón de imágenes de gente entrando al evento bajo extremas medidas de seguridad.

Los propios medios de comunicación han acabado lentamente con los grupos de rock, no solo con los grupos locales, sino también con los internacionales y el Festival que debería ayudarle a abrir la puerta a los nuevos talentos locales y nacionales, simplemente le da más minutos a las cabezas de cartel, a los rancios de tocar en el festival o a los que vienen de otros países a buscar abrir una puerta que no les abren en otros lugares. Hasta ahí llegó la democratización del proceso de selección, que este año no se vio por ningún lado, porque las convocatorias no tuvieron muchas presentaciones al aire libre, como pasó en los festivales 9 y 10.

Se que todo evento sobre todo de esta naturaleza se mide en impacto social, y todas las autoridades sacaran su cuaderno para alegar que llegaron más de 300mil personas, que la transmisión de televisión la vieron tantas personas, que asistieron tantos medios locales y tantos internacionales, pero el impacto del rock nacional sobre la gente, sobre las ventas de los grupos locales, ¿ese no cuenta?

Aquí es donde se puede seguir diciendo que este evento no sirve mucho para las bandas que se presentan, solo sirve para llenar la hoja de vida de un grupo, ya que quisiera encontrar al primer grupo que me diga que luego de su presentación en rock al parque sonaron más en la radio, que llegaron a su primer disco de platino, bueno que por lo menos diga que llegaron a más de dos mil copias vendidas o que ahora realizan más conciertos que antes en todas las regiones del país. Esos son los resultados que se deben medir, porque el resto es la taquilla que se le quitó a los empresarios que creen que pueden venir bandas como Audioslave, Green Day o Aerosmith al país y que temen que la gente no vaya porque el Distrito les puede montar competencia.

Lo siguiente que sigue impresionando fue la cantidad de artistas que se subieron a la tarima y que trataron de encantar los oidos de los asistentes: 43 bandas de 7 países y 350 artistas en escena, más de 1200 personas encargadas de la seguridad del evento y otra cifra igual fue la encargada de la producción general de los conciertos. Esto es algo más de 1600 millones de pesos invertidos en la logística del evento.

Queda de todo esto un punto bastante interesante que de cumplirse, demostraría que los que hicieron el evento ya no piensan tanto en su “capacidad de impacto”, sino en el bien que pueden hacer por los bogotanos que se esfuerzan por tratar de entrar al listado de toques del festival. Este festival ha anunciado la creación de una Red de Festivales de Rock en América Latina, lo que permitirá la circulación de artistas en los Festivales de Rock: Panama Rock, Quito Fest De Ecuador, el Festival De Rock Altavoz de Medellín, Festival Rockodromo De Chile y una alianza con el Instituto de Cultura de Barcelona. Como dicen los abuelos: “Amanecerá y veremos”.

La politización del rock

Ahora bien, lo que se viene es aún más preocupante luego de las afirmaciones que dieron por televisión el Alcalde de Bogotá y la directora del IDCT, la señora Martha Senn. Los dos grandes personajes, han asegurado que de acuerdo a la Política de Juventud trazada por la Alcaldía, se puede asegurar que habrá Rock Al Parque para rato. Esto, si leemos bien entre líneas, lo que quiere decir es que el señor Luis Eduardo Garzón está preparando su plataforma política a partir de los conciertos organizados por el IDCT.

Ya tenemos en la capital todos los eventos al parque que más se pueden organizar: Salsa al parque, Hip-hop, Opera, Tango, Rock, etc., lo que indica que cada vez más la función de entretenimiento se la está tomando a pecho el IDCT y ya no deja nada al azar, todo lo puede hacer, todo lo puede organizar con nuestros impuestos.

Quienes surgieron con esta iniciativa hace 12 años, no pensaban en otra cosa que celebrar de forma atrasada un cumpleaños más de la ciudad y ahora se han vuelto “política pública” estos festivales. Es decir, ya para que siguen los organizadores de eventos y conciertos haciendo conciertos si el Distrito los hace todos y no cuestan nada para el ciudadano? ¿Será esto una idea del  hacer todo un poco más cerca del comunismo sin rayar en lo antidemocrático?

Mientras tanto que se siga cayendo el velódromo Luis Carlos Galán, que el Palacio de los Deportes no se use para lo que se planeó, que se caiga el Coliseo El Salitre, que el Hipódromo de los Andes siga cerrado y que no se piense más en hacer un escenario adecuado para los conciertos en la ciudad y que la Media Torta se medio llene con los eventos que no tienen mucho bombo ante las personalidades de la Alcaldía.

Si bien este año se contaron con algunos aciertos en la producción del evento más grande de la música capitalina, como lo fue la apertura a licitación del sonido y montaje de escenarios, también es un desatino la forma en que se convocaron las bandas y la cantidad de bandas que se subieron al escenario.

Se dice que se ha democratizado aún más la participación de las bandas, pero igual llegaron varias bandas que llevan ya varios años participando sin pasar por el proceso de selección y que no presentaron mayores o mejores propuestas que las de años anteriores. ¿No creen que se pudo haber dejado que las bandas seleccionadas tocaran más tiempo en vez de subir algunos consentidos por la organización del evento? ¿Es aún necesario decir que un festival es bueno o menos malo que otros porque tiene más bandas cada año? Si no hay bandas buenas a la vista, ¿porqué nos han de traer bandas internacionales que escasamente conocemos o que buscan nuestro festival como plataforma de lanzamiento?

Esperemos que para el otro año, la Alcaldía y el IDCT tengan el buen tino de escoger a otro manager que sea capaz de asumir el reto de la forma en que el señor Daniel Casas lo hizo este año y que procure poner un punto aún más alto para los siguientes festivales que nos ha prometido el Gobierno Local.

Textos: Mauricio Cubaque

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