Al son de los pollitos Cabas, Arnau y Celedon

Al son de, los pollitos dicen pío, pío cuando tienen hambre cuando tienen frío, Cabas, Arnau y Celedón cantaron a los niños que la Nutrición es mucho más

Muy temprano en la mañana se levantaron ilusionados decenas de pequeños y cuando les dijeron a los más de 150 niños para dónde iban, no lo podían creer, pero ese día sus sueños de subir a un escenario y estar a centímetros de sus cantantes preferidos se hicieron realidad. Lo máximo que imaginaron fue lograr los autógrafos de Andrés Cabas, Lucas Arnau y Jorge Celedón, ídolos de la canción colombiana a quienes ni siquiera habían pensado que podrían conocer.

En un sector del norte de Bogotá se estacionaron varios buses, de los que presurosos descendieron los pequeños que corrieron a una carpa monumental donde tenían cita con estos tres cantantes, quienes no solamente les dieron autógrafos en papeles arrugados y en las camisetas de los niños, sino que además les permitieron estar a su lado, compartir y cantar con ellos.

Sucedió esta semana en el parque de la 93, donde Pfizer Nutrition montó una gran carpa blanca con techo transparente para ver las estrellas de la noche bogotana, y en donde los niños de varias fundaciones y más de 600 pediatras se encontraron para corear y escuchar juntos la música de estos artistas.

Canciones como Increíble de Cabas, Amor de primavera de Arnau y Qué bonita es esta vida de Celedón, junto con Los pollitos dicen pío, pío, pío y La iguana tomaba café a la hora del té.

Un verdadero popurrí musical, que combinó los que podrían ser disímiles géneros musicales e hizo gritar y bailar a los niños que tenían lugar VIP frente al escenario a escasos 20 centímetros de sus ídolos.

El primero en cantar fue Cabas, quien interpretó dos de sus más conocidas canciones y dió pasoqu a La iguana que tomaba café a la hora del té, por lo que los niños corearon entusiasmados y agitaron sus bracitos hasta el cansancio. El pequeño hijo de Cabas, con sus bucles dorados, marcó la pauta al subir al escenario.

Fue, tal vez, el único niño que no le puso atención al cantautor barranquillero, pues estaba distraído jugando con una bomba roja. Al fin y al cabo, al papá lo oye todos los días en casa.

Apenas pisó el escenario, Lucas Arnau se puso unas gafas luminosas. Los niños felices, no vacilaron un momento en hacer lo mismo y todos disfrazados con “ojos de colores” que rompían la oscuridad de la noche, gritaron, cantaron y saltaron al ritmo de la música, acompañados por guitarras y bajo eléctrico y una amplificación que desbordó las lonas de la carpa y llegó a todos los rincones del parque de la 93, donde los desprevenidos escucharon Los pollitos dicen…, eso sí, con pequeños cambios de la letra, como que la gallina les dio la comida hasta el otro día. Pero no importó, porque precisamente se hablaba de que la Nutrición es mucho más, el lema que representa el credo de Pfizer Nutrition en Colombia..

Un pre-adolescente con el pelo crespo, que acompañaba uno de los pequeños, dudaba si cantar o pedir un autógrafo, pero supero el “oso” y al final optó por lo primero, porque Arnau no podía dejar el micrófono al lado, como sí lo hizo Jorge Celedón antes de empezar su parte, pues los infantes literalmente lo asaltaron y los encargados de la logística apenas pudieron contenerlos para acallar la bullaranga. Así que de esta manera Qué bonita es esta vida fue entonada no desde el escenario sino desde el equivalente a platea.

Algunas pediatras arriesgadas se acercaron y se tomaron fotos lo más cerca posible del cantante oriundo de Villanueva, Guajira, quien no paró de sonreír y dar tres brinquitos sobre la pierna derecha y uno sobre la izquierda, baile que los niños entusiasmados y emocionados imitaban en sus puestos. Música y danza en un solo escenario, compartiendo el micrófono con Arnau, Cabas y Celedón, algo que nunca imaginaron los 150 niños, y que fue definido en la primera canción que se escuchó: “increíble pero cierto”.

Fuente: imageandpress.com

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