Heaven and Hell deslumbró al público bogotano

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Ya no sabemos cuál ha sido el mejor concierto que hemos visto en Bogotá, una ciudad que en materia de eventos está viviendo una agitada actividad por estos días. Con la visita de leyendas como Judas Priest o Iron Maiden creíamos impensable vivir una experiencia sonora o escénica superior, pero nos hacía falta la visita de una institución mayor que completa esa santísima trinidad del heavy metal: Black Sabbath. Una vez les has visto en directo te queda claro por qué han acreditado a la suya como la principal institución del rock pesado. Un equipo de colosos que llevan más de cuatro décadas recorriendo todos los hemisferios con la música más cruda, emocional, lóbrega y descomunal del mundo. Qué entrega, qué carisma y qué disposición tan gigantesca la de éstos cuatro monstruos que hoy se hacen llamar Heaven and Hell, como su primer disco en voz de Ronnie James Dio, y que dieron inicio a la gira mundial de promoción de su nuevo álbum, The Devil You Know, con un concierto que perdurará en la memoria de cada uno de los fanáticos que se dieron cita la noche del martes 5 de mayo en el Coliseo Cubierto el Campín.

Fue un alivio verlos, pues semanas atrás muchos ponían en duda la realización del concierto. Con algo de tardanza debido a un evento que se había realizado en el coliseo durante la noche anterior, los Heaven and Hell salieron al escenario pasadas las 9:00 P.M. Lamentablemente, esos mismos inconvenientes impidieron que el grupo telonero local apareciera sobre la tarima del Campín. Pero hay que agradecer a todos los integrantes del equipo técnico, ya que la calidad del sonido fue inmensamente superior a la que tuvimos que soportar la noche del concierto de Motorhead. Esta vez fue instalada una lona en el techo del coliseo que solucionó en parte las deficiencias sonoras, y se hizo un soundcheck apropiado a pesar del retraso causado por el desmonte del concierto anterior. Muchos consideramos que el sonido fue decoroso y potente, que se hizo un gran esfuerzo para solucionar los inconvenientes acústicos del coliseo, y que logramos oir a una banda de una fabulosa cohesión, con un Ronnie James Dio impecable, unas guitarras finísimas y una prodigiosa sección rítmica como pocas veces habíamos presenciado en nuestro país.

Sobre una austera escenografía que semeja las puertas espeluznantes de un castillo maldito, el concierto comienza con el sórdido presagio de teclado de “E5150”. Es entonces cuando vemos a Tony Iommi, el arquitecto definitivo del heavy metal, aparecer sobre el escenario. Nos asombra el modo como conserva toda su mística intacta. Hay quienes pensamos que jamás envejece, y que es una suerte de científico loco cuando toca a toda marcha su Gibson SG, furia que contrasta con esa mesura de lord británico que exhibe permanentemente (eso es, después de todo), con su solemne indumentaria negra y sus anteojos azules, demostrando una inquietante placidez mientras nos embiste a máxima velocidad con sus riffs endiablados. Encima de una sobrecogedora y envolvente base de teclado a gran reverberación, arremete Iommi con esos fabulosos fraseos que son el fundamento esencial de todo el heavy metal actual, arreglos devastadores pero hermosos, porque en medio de tanta incombustión hay belleza, una apabullante descarga que pese a su brutalidad también logra conmover. Por otra parte, a sus casi setenta años, Ronnie James Dio lo entrega todo al vivo. Su voz sigue impecable y aún demuestra una gran habilidad para animar al público con su grandiosa presencia escénica y su habitual signo de los cuernos, que ya es como su rúbrica. Una vez termina de cantar “Mob Rules”, saluda por primera vez al público y pide prestada la bandera nacional, que ondea frente a todos, ganándose así una ovación más.

Especial mención merece la gran sección rítmica de Heaven and Hell. Geezer Butler, la más grande autoridad entre todos los bajistas que han sido y serán a lo largo de toda la historia del rock ultrapesado, prefiere conservar su diestra al otro costado del escenario, con ese corpulento sonido que le ha dado base y personalidad al sonido sabático. Detras de él encontramos a un baterista salvaje y recursivo, Vinny Appice, hermano de Carmine, que nos dejó a todos boquiabiertos mientras ejecutaba uno de los solos de batería más imaginativos y amenos que hemos presenciado en la capital junto al de Simon Phillips o Chris Slade. Los muchachos de Heaven and Hell hoy ratifican su presencia en el plano de la pesadez musical, y durante el comienzo de su gira mundial fuimos aquí los primeros testigos de ello.

Naturalmente, no falta quien solicita cosas como “War Pigs” o “N.I.B”, pero prácticamente todos teníamos absolutamente claro que no se iban a oir durante el espectáculo las viejas canciones de Black Sabbath en tiempos de Ozzy, ni material del Born Again, The Eternal Idol o cosas por el estilo. A lo largo del recital disfrutamos con las canciones esenciales de Sabbath en voz de Ronnie como “Children Of The Sea”, “Falling Of The Edge Of The World” o “Die Young”, que la audiencia gritó a todo pulmón. También interpretaron dos temas del álbum Dehumanizer, “I” y “Time Machine”. Se echó de menos el clásico “Lady Evil”, pero compensaron con una gran sorpresa: una magnífica versión de “Country Girl”, una de las mejores canciones del álbum de 1981, Mob Rules. Como era de esperarse, debían interpretar un par de temas de su nuevo disco The Devil You Know. “Fear”, “Bible Black” y “Follow The Tears” son canciones oscuras que según el propio Dio podrían ser más positivas si el mundo actual fuese un lugar más feliz, como lo explicara durante su rueda de prensa en Bogotá. A pesar de ello, conservan todo el característico sello sabático de discos como Mob Rules, o Dehumanizer, y que a pesar de no ser conocidas por la mayoría del público, ya que el nuevo álbum todavía no ha llegado a nuestras tiendas, fueron muy bien recibidas por la audiencia capitalina.

Ya para el cierre interpretan la obligatoria “Heaven and Hell”, con todo los prólogos, desarrollos instrumentales y participaciones de los asistentes, y para el “encore” regresan a despedirse con la imperecedera “Neon Knights”. Pudo ser un show más largo, pero los cuatro integrantes de Black Sabbath, Heaven and Hell o como quieran hoy llamarse, lo dieron todo y dejaron para siempre marcada nuestra memoria con su excelsa rudeza sonora. Ojalá que esas promesas de un futuro regreso que nos hizo el elfo Ronnie James Dio se cumplan, y que nuestros promotores insistan en su propósito de traer a la capital a todas las grandes leyendas del rock que siguen transitando las latitudes del planeta, y que aún no visitan tierra colombiana. Faltan muchos, pero ya vendrán. Seguramente así será.

Especiales agradecimientos y felicitaciones a la organización Media Corp y demás entidades involucradas en la realización del evento.

Iván Darío Torres.

 

 

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