Oscar D’leon preparado para su gira colombiana, el 22 de julio se presenta en Bogotá

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A los 68 años, el venezolano se presenta el próximo 22 de julio en Bogotá.

Cali. Hace dos semanas, en la Feria de Tuluá, en una noche lluviosa y fría, Oscar D’León subió a cerrar la primera noche del evento a las 4 de la mañana. Abrió con Llorarás y demostró, con 16 temas más, por qué es el mejor sonero del mundo. Caminó hacia la parte trasera de la gigantesca tarima donde lo esperaba Oswaldo Ponte, su mánager general, y Richard León, su hijo, quien hace las veces de road mánager. Se puso dos suéteres y un gorrito de lana. Íbamos a buscar el bus, pero el grito de una decena de personas que coreaban su nombre lo hizo devolverse. Se quitó todo lo que se había puesto y volvió al frente, para cantar tres temas más, entre ellos Lluvia con nieve, de Mon Rivera, y Rumba rumbero.

Apenas recibió la ovación, alrededor de las 5:30 de la mañana, nos subimos al bus para regresar a Cali. Oscar D’León, a diferencia de casi todas las estrellas, va con su orquesta en estos desplazamientos. Se sienta en el primer puesto, a la derecha, solo, se abriga bien, se quita los zapatos y duerme. El león se cuida. Al día siguiente, me dice: “Si me dejan, sigo. Había un sonido espectacular y, para mí, el público es todo”.

La salsa venezolana tiene sus precedentes en Federico y su Combo, Ray Pérez, El Sexteto Juventud, los Kenya y otros grupos que buscaban su identidad. Oscar D’León, apoyado por el pianista Enrique Iriarte, ‘Culebra’, y César Monge, trombonista, montó un sexteto con Rojita, Elio Pacheco y Jesús Narváez, quienes se presentaron por primera vez en la cervecería La Distinción.

“Respeto la inspiración de los pioneros, tenían feeling, los tambores estaban en las calles, yo solo tenía el sonido que había aprendido oyendo a la Sonora Matancera, a la orquesta Aragón y la Casino de la Playa, y en La Distinción nació mi música; eso hay que decirlo y no se puede obviar”, dice Oscar.

César Miguel Rondón afirma, en El Libro de la salsa: “Oscar tiene fuerza en la parte lírica y creatividad para inventar, con la música y la palabra, en el desarrollo del montuno”.

En la última conversación que tuve con Celia Cruz, me hizo un balance de quienes habían grabado con ella y exaltó al venezolano: “Oscar se ha convertido en mi mejor acompañante, porque él hace el género que yo hago”. Oscar me confiesa que encontraba en ella una verdadera amiga:“En este medio, donde hay tanto quítate tú para ponerme yo, Celia me demostraba otra cosa. Cuando le hicieron el homenaje, yo estaba en Fránkfurt y no llegué a tiempo; cuando murió, yo estaba en Italia, en Reggio Emilia. Para mí siempre fue la diva, la persona que uno tiene como modelo para imitar su talento, su puntualidad, su responsabilidad, su organización y su respeto por todos los seres humanos”.Una y otra vez escucharemos El son de Celia y Oscar, grabado en RMM. Celia decía: “Entre todos los soneros no tiene comparación / Celia y Oscar D’León son de los primeros(…)”. Y Oscar replicaba: “Ahora sí, Celia / qué linda voz tiene mi negra, / Cuba y Venezuela”.

Dentro de su proceso personal, la gira por Cuba en 1983 fue definitiva para su carrera artística.

Oscar recuerda: “Llevé música, no ideas políticas, pero regresé con el son y eso provocó una revolución musical, porque los jóvenes estaban orientados a otros ritmos y les hice saber que esa música era de ellos”.Cuando recuerda conciertos importantes, habla primero del que se realizó en Guantánamo, otro en Panamá y uno más reciente en Chile, con casi 80.000 personas.

Al día siguiente, sábado por la tarde, Oscar D’León va al estudio de José Aguirre, ex director musical del grupo Niche y actual director musical de la orquesta de Yuri Buenaventura, para grabar Colombia tierra querida, de Lucho Bermúdez, para una orquesta de invidentes llamada Antorcha, en la que hace dúo con Asaí, la voz del grupo.

Patricia Cifuentes, amiga del empresario Oswaldo Ponte, ha hecho previamente todo el contacto y el acuerdo. Aguirre le tiene todo listo: la grabación hecha por algunos músicos profesionales. Por los efectos del desgaste, en Tuluá, a Oscar le cuesta sacar la voz. Demora más de media hora, grita dos palabras: Jaime y paciencia. Hasta que al fin se aclara y lo hace con desparpajo, un sonero de verdad.

Acoge todas las instrucciones de José Aguirre y en dos horas queda listo el trabajo, con unas improvisaciones sensacionales. En el carro, de vuelta al hotel, nos dice: “Aguirre es un fenómeno como arreglista, músico e ingeniero de sonido. Las orquestas caleñas tienen un sonido muy peculiar, sin duda, desde que César Monge pasó por Niche. Dejó una herencia de inspiración para estas nuevas generaciones de músicos”.

Cali tiene memoria de Oscar D’León desde cuando vino a la caseta Toro Sentao, contratado por el finado Larry Landa, en 1975. Después estuvo en Las Vallas, con Enrique Iriarte, ‘Culebra’, y Leo Pacheco.

En un festival de orquestas, entró corriendo por la pista atlética, recorrió 800 metros, se subió a la malla y rugió. Muchas presentaciones en el teatro Jorge Isaacs. Oscar lo recuerda así: “La primera vez, vine con la Dimensión Latina y la vedette de la Feria era el Gran Combo de Puerto Rico. Tengo con Cali una relación bonita, le doy lo que le gusta, temas conocidos, y en tarima me la juego toda. Cali es la capital de la salsa en el mundo, eso es totalmente cierto. Aquí saben de música, el que gusta aquí tiene la bendición y se le abren las puertas de todas partes. Los caleños son excelentes coleccionistas; en Nueva York conocí al más grande de todos, Humberto Corredor. Es impresionante todo lo que tiene en su colección. Fíjate cuando estrené Me voy pa’ Cali, que es una composición de Gabriel Romero. A mi parecer, debió ser el disco de la feria, pero me ganó Guayacán”.

Oscar D’León afrontó un primer infarto en Martinica, en el 2003, y el segundo el 20 de diciembre del 2009, en Caracas. Cuenta su relación con la muerte así: “La primera vez sentí el dolor, pero el show no había terminado: se me empezaron a dormir los brazos. La segunda vez reaccioné con rapidez, apenas sentí el dolor me fui para la clínica. Me salvé por mi condición física. Yo nací con dos arterias muy delgadas, eso me lo corrigieron, me las destaparon, cuando lo hicieron volví a vivir”.

La tarima es el sentido de su vida: “No se piensa en nada, sino en seguir. Necesito dar a mi público lo que me pide, dejar un legado, ser un artista como lo fueron Celia Cruz o Benny Moré. No basta con sentirse leyenda, hay que demostrarlo todo el tiempo”. Oscar D’León tiene 68 años, nació el 11 de junio de 1943 y cuando entra al camerino hace ejercicios de calentamiento del cuerpo y de la voz. A su lado están siempre Richard, su hijo, y Oswaldo Ponte, el empresario que lleva 26 años a su lado. El éxito de estar juntos es el respeto. Ponte me dice en broma: “Es un poco cascarrabias”. Oscar reacciona: “Yo lo amo”.

Hablamos del estado actual de la salsa: “Está en crisis y en transición, pero completamente viva. Le hacen falta arreglistas como Severino Ramos, de la Sonora Matancera, o un Sergio George. Hace mucha falta Ralph Mercado (en voz alta). Falta apoyo de las emisoras a las nuevas generaciones. También, el problema es que graban muchas descargas. Yo hago música para el bailador, el arreglista no puede hacer música para creerse mejor ni para los músicos. No me soporto una timba. Hay que cantarle al bailador, eso es lo que siento y soy: un sonero”.

Cuando escucha música en su casa vuelve a oír a Bievenido Granda, en ese bolero memorable llamado Soy un borracho, a Celio González y, claro, a Celia Cruz. Hay canciones que no sonaron, que le encantan, Matiagua, Tumba y quinto, Luna sobre Matanzas y Mata siguaraya.

Un físico envidiable, un hablar caribeño, siempre una sonrisa en su boca, unas manos enormes y una cordialidad suprema con quienes se le acercan. Dispuesto para las fotos y los autógrafos y pícaro con las mujeres. A las 7:30 de la mañana, cuando llegamos de Tuluá, extenuados, después de dos horas de viaje por carretera, Oscar posa con las recepcionistas del hotel. Lo más próximo es dormir. Dentro de poco grabará una producción de música colombiana con Discos Fuentes y arreglos de José Aguirre. En Miami le entregarán la Calle de la Hispanidad, es decir, una calle llevará su nombre. Más que merecido, es el heredero del son, el son de su amiga Celia, para que los cubanos no se olviden.

Fuente: El Tiempo / Umberto Valverde