Riders on The Storm: The Doors dijeron adiós a Bogotá

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Bonita noche fue la de ayer. Una bella experiencia para quienes se declaren fanáticos de The Doors y también para quienes no, gracias a esa cualidad conciliadora y vivificante que hay en el lenguaje universal de la buena música. Han completado Ray Manzarek y Robbie Krieger más de cuatro décadas llevando sus viejas canciones por todo el planeta y siguen siendo tan aclamados como en sus días más gloriosos en pleno verano del amor. Estos californianos de leyenda, discípulos del postulado filosófico de autores como Alan Watson o Aldous Huxley, y que hoy aseguran haber vivido y superado todas las experiencias lisérgicas para convertirse en seres libres y tranquilos, difusores de la pasión y del concepto de la no violencia, pueden todavía asombrar a muchos con una música que hoy suena más actual que nunca gracias al aporte del vocalista Brett Scallions, del bajista Phil Chen y del baterista Ty Dennis.

El de Downtown Majestic es un recinto que se ha ganado nuestro afecto; ya hemos visto ahí a otros artistas fenomenales como Toto o Ratt, y con el show de los “Jinetes de la Tormenta”, que además sirvió como lugar de encuentro para viejos amigos, pudimos gozar al máximo de una velada que transcurrió como deberían los demás conciertos en nuestro país, sin hechos violentos qué relatar, en medio de un clima de tranquilidad y alborozo total, y con un óptimo sonido. Antes de ver a Manzarek y Krieger, disfrutamos asimismo de una reunión de rockeros veteranos nacionales, y hay que reconocer que sonaron genial. Músicos de gran trayectoria en la escena local que interpretaron viejos clásicos del blues eléctrico y del soul tradicional, evocando a Hendrix, a Cream o al legendario Wilson Pickett con una excelente versión de “In The Midnight Hour”. Felicitaciones a los paisanos. Muy merecidos todos los aplausos.

Con el prefacio sobrecogedor del “Carmina Burana” aparecieron finalmente los sobrevivientes de The Doors, pasadas las 10:30 P.M. Lo que íbamos a oir anoche era un repertorio muy semejante al de la gira que Manzarek y Krieger hicieran en 2003 junto al vocalista de The Cult, Ian Astbury, bajo la denominación de “The Doors of 21st Century: L.A. Woman Live” (han cambiado su nombre ya dos veces para evitar enfrentamientos judiciales con el baterista John Densmore e irse de gira tranquilos), aunque con ciertos cambios en el set list. El recital comenzó con “Love Two Times”. Más adelante vendrían clásicos de siempre como “Break On Through (to the other side)”, “People Are Strange”, “Whiskey Bar”, “L.A. Woman”, “Waiting For The Sun”, “Roadhouse Blues” y una curiosidad: luego del solo de guitarra española de Robbie Krieger recuperan aquella vieja frivolidad titulada “No me moleste, Mosquito”, sólo para divertir a la audiencia capitalina en su mismo idioma. Lo más interesante del trabajo de Robbie Krieger son sus estupendas ideas de finger tapping que siempre combina bien con esos fraseos de blues arrancados a dedo limpio de su Gibson SG. Manzarek hoy cuenta ya con setenta años pero todavía se deja el alma en su teclado, a veces con sonido de piano, otras veces con estilo Hammond clásico, y aún se anima a encaramarse sobre él para tocar con los pies y traernos a la memoria a otros ilustres como Jerry Lee Lewis o Keith Emerson.

Hacía la medianoche se despidieron con una versión extensa de “Light My Fire”, donde un hábil Ty Dennis demostró en la batería toda su pericia en los diferentes colores estílisticos que conoce. Éstos insignes portavoces de la era del Flower Power también se hicieron famosos en el arte de la comunión con el público, y es por eso que su concierto en Bogotá tuvo ese cálido toque de la cercanía, de la interacción constante; no salieron únicamente a dar un concierto, simplemente se fueron de juerga con más de mil amigos íntimos. Han dicho que se trata de su última gira, la de despedida, pero decir adiós es siempre penoso, así que amanecerá y veremos. No ha concluido el año su primera mitad y con el de anoche ya hemos asistido a más de cuatro conciertos memorables. Agradecimientos especiales a todos los impulsores de éste memorable suceso.

Iván Torres.

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