Estamos cerca de celebrar los 30 años de haber comenzado su carrera Los Fabulosos Cadillacs, quienes arrancaron en 1985 a dar pista por toda latinoamérica y se convirtieron en referente e influencia para muchos de los artistas que están rodando ahora por toda la escena latina. Todo un clásico del rock en español y una institución, eso es la música de los Cadillacs.

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Su ex manager Alejandro Taranto, músico también, fue uno de los primeros que creyó en la banda y que hizo una gran carrera junto con sus representados, al llevarlos a recorrer primero los bares de la ciudad de Buenos Aires y luego ponerlos a hacer varias giras a nivel internacional, lo que los puso en un punto bastante alto para un grupo latino, teniendo en cuenta el país de origen y la lengua en la que hicieron sus canciones, llegaron bastante lejos en los años 80s.

Taranto al parecer era estricto creativamente y gustaba de imponer el orden, lo que motivó que el grupo reaccionara en contra de su actitud y le pidiera que se retirara de su labor como manager que venía ejerciendo desde sus comienzos en 1985. Esta ruptura inspiró al grupo para que se fuera al estudio y le hiciera una de las piezas del cuarto disco de la banda y que titularon “El satánico Doctor Cadillac”.

El disco se llamó igual que una de las canciones que compone el trabajo y sin querer se convirtió en una de las canciones más recordadas de los bonaerenses que en 1989, fecha en que se publicó el disco, atravesaban una crisis creativa y económica que segun Vicentico y los demás, motivaron a hacer que este disco sea uno de los menos queridos por ellos.

Recordando ese disco en sus 25 años de publicación, Vito Rivelli, gran seguidor de Los Fabulosos Cadillacs escribió este artículo en 2003 sobre el proceso de creación del disco y las razones para bautizar el trabajo de esa manera.

Alejandro Taranto
Alejandro Taranto en fechas recientes

El satánico Dr. Taranto

Quedó todo feo, mal interpretado… Mi voz está sin límite. Puro quilombo, y no quilombo bien, sino una energía descontrolada. Había mucha presión interior, no poder parar con la merca, no poder parar de chupar, no poder controlar lo que hacés…” Vicentico, Agosto 2000.

Apenas una semana más tarde de la presentación de Obras, los Cadillacs se dispusieron a grabar su cuarto LP en los Estudios ION, y nuevamente bajo la producción de Mario Beuer y de ellos mismos. Así describía Vaino el proceso:

“En los Estudios ‘Del Cielito’ hicimos una maqueta con todos los temas… como veinte bases, y luego elegimos once. Básicamente, lo que hicimos fue grabar todas las bases en ‘Del Cielito’ para poder hacerlos tranquilos, porque ahí tenés el estudio todo el día, y no hay problemas de horarios. Después hicimos las voces, caños y músicos invitados en ION, y en realidad íbamos a mezclar en ION, pero convenía hacerlo de corrido en Panda”

Por aquellos días sólo hablaban con la prensa de proyectos y de la ‘excelencia’ del inminente disco… Pintaban el cielo color de rosa, ocultando que estaban transitando una etapa difícil: a la crisis económica, que los afectó al no poder tocar seguido y al vender pocos discos, se le suma la expulsión de su manager Alejandro Taranto. A él le dedicaron la canción que a su vez funciona como título del nuevo disco: El satánico Dr. Cadillac.

Ya en la actualidad, Vicentico recuerda lo ocurrido una década atrás: “Nuestro manager de aquel momento decía, después de nuestro segundo disco que había pegado mucho ‘Che, parece que no está funcionando, no suena el teléfono como antes, muchachos’. Y nosotros pensando ‘¿qué hacemos…?’, con una preocupación de verdad por lo que decía un salame que no tenía idea de nada. Ahí se nota que creíamos todo, aunque tampoco éramos nenes que decíamos ‘ah, bueno, hagamos un disco’. Era ‘andá a la concha de tu madre’ pero quedarte pensando. Haber echado a ese manager, fue nuestra primera decisión de ser profesionales.”

El LP, de 11 canciones, es un claro muestrario de este período que transitaban los Cadillacs. Era extraño, porque ya habían superado la etapa de banda nueva, y todo parecía haber quedado ahí ahora. Si de alguna forma se puede buscar un adjetivo que califique el momento, el más acertado es el de ‘caótico’.

Como no podía ser de otra manera, ellos hablaban muy bien del disco en su salida. Pero tiempo más tarde coincidirían en colocarle un imaginario rótulo de ‘Peor disco Cadillac de la historia’. Sin embargo, los fans de la segunda camada (pos-Matador), y algunos de ésta, se encargaron de hacer propias cada una de las canciones, desestimando la opinión de sus creadores e intérpretes.

La portada del LP consiste en un fondo negro, cruzado con rayas rojas, sobre el que se coloca una gran foto de la banda a pleno, mostrando una mixtura de su historia cercana: estrictos trajes, gorritas de béisbol, rostros enojados, anteojos negros, poses forzadas. El que más se destaca en la imagen, como muestrario del aquel presente de la banda, es Luciano Jr. con un gran colgante de Mercedes Benz (¿Lo habrá ‘tomado prestado’ de un camión de trasporte?).

El guitarrista Cadillac además de ser flamante arquitecto junto a Mario, oscilaba entre su función de músico y de manager, ocupando el lugar que dejó Taranto. En una entrevista para la revista Rock & Pop aportó detalles sobre aquella sesión de fotos que ilustra el disco:

“La verdad es que lo hicimos en un sucio río argentino. Después se hizo como un trabajo con aerógrafo para la parte del cielo y el paisaje. El agua es real: nos metimos con ropa y todo.”

El tecladista Mario Siperman, al describir técnicamente la grabación, otorgaba gran importancia al lugar que ocupan los caños y el teclado:

“Si bien es el más variado de todos en cuanto a ritmos, creo que los temas tienen algo en común por haber sido compuestos todos juntos. Puede ser que los teclados se noten más que antes, pero yo creo que los que más se destacan son los arreglos de caños. Digamos que hay un cambio bastante grande en cuanto a los arreglos de teclados y de caños. Es un disco con otro concepto de sonido; la batería suena completamente distinta y las percusiones son electrónicas o con tumbadoras y bongós, de acuerdo a cada tema.”

Como ya es moneda corriente, colocaron un cover en este disco, con la característica especial de ser el único ska presente: Rudy (un mensaje para vos). “Tocarlo es algo que ya hicimos hace mucho –relataba Vaino-. Acá lo incluimos un poco por nostalgia y también como homenaje al ska y los Specials. Es el único ska del disco y es como que sintetiza todo lo que fue para nosotros el ska. Aparte, es un tema que nos pegó muchísimo cuando empezamos”.

La canción formó parte del simple de difusión, que fue completado por el primer corte: ‘El mensaje soy yo’, el tema más rappeado en la historia Cadillac, vocalizado por Gaby y Luciano, quien mostraba una presencia cada vez más fuerte en la banda. La letra era otra clara respuesta a las críticas que atacaron al grupo en su corta vida, un recado de rebeldía adolescente. La música es una base electrónica acompañada con el ritmo de los vientos y decorada por algunos toques de scratch.

Desde el título mismo (basado en ‘El satánico Dr. No’), los Cadillacs dejan ver su amor por el cine, que queda sellado también en otros pasajes, como ‘Mi nombre es Travis’ inspirado en el personaje que interpretaba Robert De Niro en ‘Taxi Driver’.

Fiebre ’90 funcionaba a manera de intuición de la década que ya comenzaba, y mostraba el deseo de los Cadillacs de seguir rompiendo esquemas. Adelantaban la avanzada por el continente, aunque esto recién se concretaría muchos años después: “Soy un cóctel Molotov, peor que una bomba. No podés callar mi voz, ni cambiar mi idioma.. Pisando fuerte, marcando el paso latino”.

VITO RIVELLI

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