Rosario

Rosario Flores lanza su disco soñado, disco que había planeado toda su vida y en el que quería mezclar la música negra con el quejío flamenco. . “Es lo que yo soy y lo he conseguido” confiesa sobre este disco número 12, el que lleva su propio nombre, ‘Rosario’.

Junto al productor Andrés Saavedra, ganador de dos premios Grammy Latinos, que le puso en contacto para la composición con Fernando Osorio y Claudia Brant. “Ya tenía un ramillete de canciones y tenía mis ideas de estas canciones. Di con Andrés Saavedra, le dije lo que quería, y creo que me entendió perfectamente. Mi esencia, me la triplicaron”. Y así nació este trabajo, bajo el cobijo de “sus alas” y su alma, que por ahora tardará un poco en subirse a un escenario. “En enero empezaremos a girar” comenta la intérprete que de momento aún busca La Voz en televisión.

¿Cuánto tiempo hacía que Rosario Flores quería darle una vuelta a su sonido? Ni ella misma lo sabe. ¿Cuándo lo ha hecho? En el momento en que lo ha sentido, justo cuando ha surgido el momento, la ciudad, las personas, el entorno ideal para conducir ese brote de energía en forma de canción hacia otros caminos.

Y ese momento acaba de llegar, hasta el punto de bautizarlo por primera vez con su propio nombre. Bien podría decirse que Rosario es un disco que la cantante lleva preparando 20 años, justo el tiempo que acaba de cumplir en el mundo de la música. Porque todo lo que ha hecho y vivido, cada acierto y cada fallo, todo lo aprendido hasta ahora ha sido lo que le ha traído a este disco, que hace el número 12 de su prolífica carrera. Porque sí, ha nacido una nueva Rosario, que ni pestañea cuando asegura que se siente con las mismas ilusión y ganas que los meses anteriores al lanzamiento de su mítico De ley.

Este cambio viene precedido de una seguridad en sí misma que Rosario quizá nunca tuvo tan clara como ahora. Tras toda una vida con el productor Fernando Illán, el cuerpo le pedía probar otras cosas, ahora que ya no tiene miedo a que nadie la haga hacer algo que no quiere, ahora que ha aprendido a decir si y, sobre todo, a decir no.

Fernando fue la seguridad que siempre necesitó, pero ahora se siente lo suficientemente completa como para probar en otros lares. Así que se puso rumbo a Miami, la ciudad donde se concentran los mejores músicos latinos de toda América. Allí tardó poco en conectar con un joven productor de 29 años, Andrés Saavedra. Lleno del talento, la energía y la vitalidad de la cantante, atesora en menos de una década 8 nominaciones al Grammy Latino (ha ganado dos, igual que Rosario) y tiene en casa un Grammy americano.

Rosario le presentó las canciones que llevaba escritas bajo el brazo, ya bien vestidas y aseadas, con anotaciones y las cuartillas de folio que siempre la acompañan llenas de notas y apuntes. Y Saavedra entendió a la primera cómo quería Rosario que las peinara y perfumara: fue capaz de materializar en sonido lo que Rosario le transmitía. En ese viaje, Saavedra le presentó a la argentina Claudia Brant, que ha trabajado en varias de las letras, de las que Rosario es una vez más la autora principal.

¿Hacia dónde ha ido este nuevo disco? Nunca Rosario había estado tan bien vestida, con tanto sentido de la musicalidad, tanto swing, y sobre todo en un abanico tan amplio. Porque en buena parte del mimo, Rosario parece haberse comido una fábrica de hacer Soul, Blues, R&B, Jazz y los sonidos latinos más elegantes para, una vez transformados por el torbellino flamenco de Jerez de la Frontera que Rosario lleva dentro, convertirse en 10 auténticas joyas y el disco más redondo de la artista en años, temas que a veces acarician, otros estimulan, casi siempre te mantienen alerta y, a veces, te levanta de la silla como sólo sabe hacerlo una obra maestra.

Un disco que en general suena muy negro, como ella siempre he sido. Pero ahora se le nota más y mejor que nunca. No hay más que escuchar el primer single, “Yo me niego”, para comprobarlo, aunque el disco suena contenido en joyas como “Comenzamos a flotar”, explosivo en ese homenaje a Miami con toques de sigiloso ska llamado “Rumba americana”, flamenco como ella saber en “Tu boca” o con trompetas canallas con sabor a pop en la canción que da título al disco.

“Las estrellas se alinean de vez en cuando para ti”. Rosario está segura, satisfecha y se le nota en la cara. Ha decidido poner en práctica lo que llevaba toda la vida planeando: mezclar la música negra con el quejío flamenco. “Es lo que yo soy y lo he conseguido” confiesa sobre este disco número 12, que lleva su propio nombre. Viajó a Miami y encontró al productor Andrés Saavedra, ganador de dos premios Grammy Latinos, que le puso en contacto para la composición con Fernando Osorio y Claudia Brant. “Ya tenía un ramillete de canciones y tenía mis ideas de estas canciones. Di con Andrés Saavedra, le dije lo que quería, y creo que me entendió perfectamente. Mi esencia, me la triplicaron”. Y así nació este trabajo, bajo el cobijo de “sus alas” y su alma, que por ahora tardará un poco en subirse a un escenario. “En enero empezaremos a girar” comenta la intérprete que de momento aún busca La Voz en televisión.

YO ME NIEGO. Las teclas de un piano y la voz de Rosario marcan el inicio del primer single de este disco, donde el soul y el R&B con aroma británico es traído por la cantante a sus raíces de una forma tan natural que asombra. La cantante tenía hace tiempo escrita esta historia sobre “un hombre malo, pero malo de verdad”, como ella dice.

OYE, DIME LUNA. Algo de la Rosario más clásica está muy presente en esta balada, estrofas inéditas sobre un estribillo que ha rescatado de “Me duele el corazón”, un clásico de La Venta que ella escuchaba en el tablao de Caripén en Madrid cuando era de su madre, Lola Flores.

COMIENZO A FLOTAR. Una joya, literal, surgida de un momento mágico. En una de las esperas del estudio, en Miami, surgió coger las guitarras. Entre Rosario y Fernando Osorio iban improvisando versos. Ya tenían el disco terminado, ya prácticamente se marchaban. Pero de la cosa más pequeña puede salir lo más grande. Sencilla y bella, una canción que será imprescindible en su repertorio.

PA QUERER. Sobre una idea original de Fernando Osorio, Rosario compuso este cruce entre rumba y balada en un canto a la vida como ella sólo sabe hacer, al que Andrés Saavedra supo dotar de un soplo de aire fresco a un tema que es Rosario en esencia pura.

TU LIBERTAD. Rosario es capaz de hacer pop como la que más, y mezclado con las trompetas del mejor soul ya vuela alto, muy alto, con un halo anglosajón que conjuga a la perfección. Un canto de lo más canalla que compuso a la par con Claudia Brant. Si no consigue levantarte de la silla, háztelo mirar.

RUMBA AMERICANA. Ha sido tanto lo que Miami le ha dado a Rosario que ella ha querido devolvérselo en forma de canción. Todos los músicos, pero también las olas, el sol y los colores de la ciudad están reunidos en este tema, cruce entre el son rumbero con gotas de ska y una pizca de reggaeton. Si, has leído bien.

AQUÍ, AQUÍ. Cuando Rosario es sutil, es sutileza pura. De un solo acorde, un día en su casa madrileña, le salió toda una letra de una sola vez, narrando la historia de una mujer enamorada que no es capaz de contar sus sentimientos al hombre que quiere. Esta canción no es para escuchar, sino para dejarse acariciar.

UNA LAGRIMA. De nuevo, Rosario se pone negra como la que más y, como en “Yo me niego”, el soul y el R&B británico es llevado a Miami y pasado por su filtro gitano convierte este tema en un puntal básico del disco. Nunca algo flamenco pudo ser tan negro, tan blues.

TU BOCA. ¿Qué pasa cuando Rosario se junta con Antonio Carmona y hay dos guitarras cerca? Pues que salen canciones como “Tu boca”: guitarras, palmas, compás y unos coros que harán bailar allá donde se pongan el disco. Si alguna vez Rosario suena luminosa y feliz, aquí la tienen.

VIVIR Y SOÑAR. No es nada nuevo que Rosario es una apasionada de la naturaleza, las montañas, el mar y los paraísos terrenales que este mundo tiene. De nuevo, sutilmente acompañada por las cuerdas y el viento del R&B, Rosario consigue que el tema siga siendo tan suyo al final como lo era al principio.

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