Luego de 30 años de haber creado uno de los paradigmas más importantes en la historia del rock como lo es The Wall, Pink Floyd influenció y seguirá afectando las vidas de millones de simpatizantes de la música de gran factura. Revolucionario, alegórico, taciturno y visionario, los ingleses crearon una pieza maestra cuyo inmenso legado repasaremos brevemente a continuación.

Lanzado oficialmente en 1979 bajo la producción de Bob Ezrin, The Wall representó el punto más histriónico y teatral de la agrupación británica, teniendo como eje principal, un enorme espectáculo en el cual se construía un muro mientras la banda interpretaba su música. Roger Waters bajista de la agrupación, quiso echar toda la carne en el asador y fusionó los elementos más melancólicos y metafóricos de su espectro compositivo, logrando confeccionar una grabación única que tuvo gran recepción a nivel mundial.

El álbum causó tanto impacto que el director Alan Parker decidió hacer una versión cinematográfica protagonizada por Bob Geldof (Boomtown Rats), quien realizó una excelente interpretación del protagonista “Pinky” y sus delirios surrealistas, llevando a los Floyd a sentar un fuerte precedente en el mundo de la música, demostrando como las artes visuales y sonoras pueden complementarse perfectamente, concibiendo un mensaje fuerte, impactante,
poético y porque no decirlo, crítico sobre muchos aspectos de la sociedad británica y occidental en general, como lo son la educación y la guerra.

Centrándonos específicamente en la película, los continuos guiños a la estética fascista presentados en la cinta de Parker, han sido replicados por figuras tan importantes del medio como Scott Weiland de los Stone Temple Pilots y el mismo Lemmy Kilmister de Motörhead, reconocido coleccionista de memorabilia nazi, entre muchos otros.

Dentro del film existe una escena recurrente para el tema “In the Flesh”, en la cual, Pinky realiza una intervención ante una múltitud exacervada, emulando las grandes liturgias hitlerianas, influenciada por la pelicula El Triunfo de la Voluntad del cineasta alemán Leni Riefenstahl y que fue retomada por Marilyn Manson para hacer un potente performance de su tema Antichrist Superstar, en donde aparece cantando sobre un atril en el escenario,
acompañado por los miembros de su banda ataviados con uniformes de la Gestapo.

A nivel visual, las animaciones y la estética planteada en la cinta por el artista Gerald Scarfe, ha dejado una huella indeleble en el inconsciente colectivo, principalmente en el mundo de la caricatura, con su característica recreación grotesca de las figuras de poder y la representación onírica de las emociones del ser humano que han cimentado una manera diferente y exquisita de manifestar la sátira.

Su singular obra, lo ha llevado a convertirse en uno artístas gráficos más reconocidos de nuestros tiempos, teniendo una importante participación en la cinta Hércules de Walt Disney Pictures.

En el ambito teatral, The Wall estuvo ad portas de ser llevado a las tablas en Broadway en el año 2004, aprovechando todos los elementos histriónicos con los que cuenta el disco, sin embargo, problemas por derechos de autor con los temas compuestos por el guitarrista David Gilmour, entre los cuales se encuentran “Young Lust”, “Run Like Hell” y “Comfortably Numb”, habrían sido un fuerte obstáculo para que esto se llevara a cabo.

Socialmente, la canción “Another Brick on the Wall” ha sido adoptada como himno revolucionario y de protesta por jóvenes estudiantes de muchas partes del mundo, tal y como sucedió en Chile con alumnos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, quienes a mediados del presente año reunieron a una cantidad aproximada de 30 mil personas para realizar un flashmob ambientado en la estética de la película mientras proferían consignas como las que enuncia el track, en protesta por las reformas educativas promovidas por el Gobierno austral.

“En 1980, mi canción Another Brick in the Wall Part 2 fue prohibida por el gobierno de Sudáfrica porque los niños negros de ese país la entonaban para reivindicar su derecho a una educación igualitaria. Ese gobierno del apartheid impuso un bloqueo cultural, por así decir, sobre algunas canciones, incluida la mía. 25 años después, en 2005, los niños palestinos que participaban en un festival en Cisjordania usaron la canción para protestar contra el muro del apartheid israelí. Cantaban: “We don’t need no occupation! We don’t need no racist wall!” (¡No necesitamos la ocupación! ¡No necesitamos el muro racista!). En ese entonces yo no había visto con mis propios ojos aquello sobre lo que cantaban”, manifestó Roger Waters en carta
abierta publicada en marzo de 2011, como protesta a la ocupación de Palestina.

Un legado inconmensurable con más de 3 décadas encima, una obra de arte que habla por si misma y que con el paso del tiempo se transforma, se adapta y sigue teniendo la misma vigencia que tuvo en 1979. Sin espacio para especulaciones, Pink Floyd y The Wall son un referente inagotable para vislumbrar el rock como una expresión artística compleja y completa, capaz de exponer la naturaleza del ser humano con el delicado sonido del trueno.

Por Hugo Alejandro Bernal, Artículo originalmente escrito para el especial de Pink Floy editado por la revista Disidencia

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