Por Fabián Esteban Beltrán • Noviembre 6, 2009

Lo que en un principio fuera una banda familiar transformada en fenómeno por cuenta de discos cargados de guitarras eléctricas en frenesí e ideas frescas, Kings Of Leon toman rumbos insospechados con su cuarta entrega Only By The Night. Distinto pero no menos sorprendente que sus predecesores, apunta a un sonido sofisticado e inteligente, de melodías poderosas y cuerdas tratadas con precisión desde lo interpretativo hasta la notable producción.

Only By The Night, grabado en los estudios Blackbird de Nashville (Tennesse), atrapa desde la melancólica y sideral Closer, donde el lastimero canto de Caleb Followill golpea en lo más profundo y se perfila como uno de los puntos más altos del álbum. Con su inequívoco timbre sureño resulta el contraste perfecto para ese aire que por momentos llega a ser tan británico en la banda proveniente de la tierra de “el rey”, Memphis (Tennesse). Y es que “contrastes” parece ser la palabra que mejor define a Only By The Night: Atmósferas oscuras súbitamente iluminadas por guitarras contrapuestas que van y vienen en apariciones fantasmales mientras el oportuno bajo lleva la batuta de canciones tan eficaces como bien pensadas, cargadas de sexo decadente en Sex On Fire y I Want You, crítica política en Clawl y amoríos prohibidos y lícitos en 17, Revelry, Use Somebody y melancolía desbordada en el magnífico corte de cierre, Cold Desert. Toda una gama de texturas que se amplían tras cada pasada.

Only By The Night reafirma a Kings Of Leon como una de las bandas más interesantes de la década, y el cambio de su sonido inevitablemente abre la pregunta sobre lo que depara el futuro para la banda y una base de seguidores que crece en número y en devoción por el trabajo de la familia Followill. Only By The Night de Kings Of Leon.

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