Reseña Metallica en Colombia

por Administrador • Marzo 19, 2010

Foto: Metontour.com

Finalmente lo prometido es deuda…Y la saldamos con esta espectacular reseña del concierto de Metallica en Colombia, gentilmente realizada por Fabián Esteban Beltran, para Ruidosis.net.

Metallica: Los buenos, los malos, los feos.
Por: Fabián Esteban Beltrán

Lo que parecía imposible hace más de una década para quienes estuvimos ese inolvidable 2 de Mayo de 1999, estaba a punto de ocurrir: Metallica, los influyentes y eternos cuatro jinetes, amados con pasión y odiados con desdén, pisaban por segunda vez territorio colombiano. Toda una nueva generación de fans, sumado a quienes no les vieron 11 años atrás y aquellos quienes querían repetir uno de los actos más apetecidos del rock mundial, abarrotaron la plaza de eventos del Parque Metropolitano Simón Bolívar en medio de una expectativa enorme. Hace meses corría la voz en medios especializados de que los de San Francisco habían recuperado mucho del filo de antaño en tarima luego del lanzamiento de Death Magnetic, que si bien no hace sombra a sus trabajos más notables, sí supone la recuperación de algo de la memoria perdida durante largos años. Sus recientes lanzamientos en dvd confirmaron que se trataba de un gran momento para ver a Metallica en vivo, probablemente el mejor de su carrera en los últimos 15 años.

Atrás quedaron los años de espera, la angustiosa preventa, las filas interminables y los extensos anillos de seguridad. Unas 40.000 personas aguardábamos al interior de la plaza de eventos cuando hacia las 6 de la tarde los locales Deep Trip en la Casa hicieron su aparición en medio de gestos poco decorosos del cada vez menos “respetable” público. Si bien ganaron una convocatoria y en el tema de teloneros es imposible complacer a todo el mundo, seguramente habría sido posible optar por una propuesta más acorde a la ocasión, aún cuando Metallica no ha sido precisamente la banda más ortodoxa de la historia. Por otro lado, y como ya se ha vuelto costumbre, Deep Trip contó con un sonido que no dejó lucir las cualidades musicales que les pusieron en ese sitio que ha pasado de ser un privilegio a un arma de doble filo.

Acto seguido, el apetecible show de apertura que acompaña a Metallica en su World Magnetic Tour: Los geniales Mastodon nos regalaron buena parte de su trabajo Crack The Skye (2009), sin lugar a dudas uno de los más notables álbumes de la década pasada. Tardamos un poco en escuchar el sonido a punto en una presentación tan alucinante como corta en la que desfilaron, además de Divinations, Quintessense, Ghost of Karelia y la canción homónima de su más reciente placa, temas de su indispensable colección, en curioso orden descendente, dando prioridad a los últimos, para seguir con Circle Of Cysquatch de su magnífico Blood Mountain (2006), Aqua Dementia y Iron Tusk de Leviathan (2004) y el cierre con March Of The Fire Ants de su debut, Remission (2002). Luego de poco más de media hora de concierto Troy Sanders, Brann Dailor, Hill Kelliher y Brent Hinds abandonaron la tarima entre aplausos y dejando la sensación de que bien valdría la pena verles como cabeza de cartel de su propia gira, en honor a su bien merecida reputación como una de las mejores y más influyentes bandas del mundo en la actualidad.

El reloj marcaba las 7:50 de la noche cuando el intro de conciertos más clásico que existe, The Ecstasy Of Gold de la cinta The Good, The Bad and the Ugly, retumbó en el sitio. Una constelación de cámaras se encendían mientras las solemnes notas ponían fin a vidas enteras de espera, 11 años para quienes, en el instante, recordábamos el 2 de Mayo de 1999 con una nitidez renovada. Había pasado tiempo, más de una década, en la que vimos bandas antes impensables, y sin embargo el corazón deliraba con salir del pecho una vez más, como la primera vez. La diminuta figura de Lars Ulrich aparece sobre la gran batería y tras él las inconfundibles siluetas de James Hetfield, Kirk Hammett y Robert Trujillo.

Se enciende la descomunal pantalla y ya no hay duda: Metallica ha regresado. Se despachan para abrir con una tripleta despiadada de Ride The Lightning: Creeping Death, todo un clásico para cantar con los puños crispados, la infaltable y magnífica For Whom The Bell Tolls y la canción que da nombre a la placa de 1984, grata sorpresa en un set list glorioso. Hetfield se toma un momento para dirigirse a un público extasiado, -“estamos aquí para hacerlos sentir bien”- asegura el vocalista, y para pasar del dicho al hecho, interpretan la enigmática Harvester Of Sorrow, acertadamente desempolvada para algunos shows de esta gira. La presencia de una guitarra acústica dispuesta sobre una pasarela alta hacía prever que The Unforgiven cobraría revancha luego de ser ignorada en el primer concierto, pero contra todos los pronósticos luego del tridente inicial, el himno suicida por excelencia Fade To Black hechizó al enardecido público que no paró de cantar un solo minuto. Kirk Hammett ofreció el sentido solo de manera brillante y sin darnos cuenta, a menos de la mitad del concierto, ya habían tocado 4 de los 8 cortes que componen Ride The Lightning. Tras una pausa breve era turno para el material nuevo: That was Just Your Life y The End Of The Line fueron las primera cuotas de Death Magnetic que cobra un insospechado vigor en vivo y del cual también aparecieron en escena Broken, Beat, and Scarred, que James Hetfield dedicó a los seguidores incondicionales que estuvimos en el 99 y repetíamos para esta ocasión; así como Cyanide, dos tandas de canciones nuevas unidas por la inquietante y siempre bien recibida Sad But True, primera aparición del disco responsable de iniciar a tanta gente en la música pesada, el gran álbum negro.

Aunque sepas que va a pasar jamás estás lo suficientemente preparado: One se abre paso entre metrallas, juegos artificiales y espectaculares llamas mientras la pantalla muestra imágenes de la banda a blanco y negro en un notorio guiño al video de 1989. El bajo de Robert Trujillo es espléndido, preciso y robusto, Lars Ulrich castiga su batería en un final frenético y tras los solos de Hammett revienta la que fácilmente podría ser la mejor canción de metal jamás escrita: Master Of Puppets. No hay tiempo de recuperarse, solo respirar profundo y cantar con toda la fuerza que permita el cuerpo para hacerle justicia a una canción que lo tiene todo. Una necesaria pausa es lentamente interrumpida por la que, para quien escribe, fue la mejor interpretación de la noche: Blackened, mostró que hoy por hoy Metallica en vivo es roca sólida, una máquina perfectamente aceitada para volarlo todo en pedazos. Luego del frenesí que ofrecieron sin misericordia, llegaría otra estación obligada con Nothing Else Matters coreada al unísono al igual que su sucesora: Enter Sandman, hizo temblar, literalmente, al parque Simón Bolívar.

Hora del encore, y tras juguetear un poco con el riff de Frayed Ends Of Sanity, es justo un cover de aquellos que la banda siempre interpretó gustosa en vivo y en estudio. El elegido para Bogotá fue Stone Cold Crazy original de Queen, inmediatamente aplaudido por la audiencia capitalina que tendría que alistarse para un embate más con la primera canción grabada por Metallica, por aquellas épocas del Metal Massacre, en que junto a algunas otras bandas delinearon el camino a seguir para el metal de los 80s y que posteriormente apareció como corte de apertura de su debut oficial, Kill’em All de 1983. Hit The Lights arrasó como la oda máxima del thrash metal que es, puntiaguda y aplastante. El final llegaría en medio del éxtasis, con el inmortal riff de Seek And Destroy, el broche de oro para una presentación impecable, entregada y de seguro inolvidable para más de 40.000 almas que apenas daba crédito a lo que acababa de suceder.

Metallica hizo historia una vez más en Bogotá, ante un público que a pesar de estar acostumbrándose a los grandes espectáculos, vivió con intensidad cada momento ofrecido por los 4 jinetes a lo largo de dos horas de concierto. La despedida de la banda se dio en medio de abrazos efusivos entre los asistentes que esperamos no tener que aguardar una década más para ver a Metallica de nuevo. Regresó la nostalgia de hace 11 años al mirar la tarima vacía, pero también regresó la satisfacción de haber cumplido con la banda que compuso momentos cruciales en la banda sonora de nuestras vidas, y la felicidad de sentir que ellos a su vez cumplieron con nosotros al ponerlo todo en escena.

Evenpro cumplió cabalmente con los requerimientos de seguridad, logística, montaje y sonido para un espectáculo de tal magnitud. Capítulo aparte merecen quienes apandillados tras una falsa pasión por esta música entrañable protagonizan actos delincuenciales condenables desde todo punto de vista, poniendo en serio riesgo la integridad de muchas personas y la continuidad del trabajo serio de organizaciones que se ocupan de traer bandas al país. Es hora de buscar alternativas eficaces para desterrar para siempre a estos pocos quienes buscan borrar con el codo lo que muchos otros hacen con la mano.

Agradecimientos especiales para el Laboratorio del Rock.

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