Señoras y señores, estamos ante el mejor disco de Ozzy Osbourne en muchos años. Pero que mi declaración no los haga saltar de la silla: Si bien Scream ostenta momentos notables, no escapa de los altibajos a los que Ozzy nos ha tenido acostumbrados en sus últimas entregas. Varias son las particularidades del álbum, entre las más reseñables están el debut de Gus G, nuevo amo de las 6 cuerdas en la banda del príncipe de las tinieblas luego de más de 20 años de reinado del gran Zakk Wylde. Por otra parte, la aparición de Adam Wakeman (hijo de Rick, legendario líder de Yes) no solo como teclista, sino como co-escritor de un buen número de cortes, crédito que comparte con Ozzy y Kevin Churko, de nuevo ocupando la silla del productor.

Scream es un disco pensado, por momentos demasiado pensado. Pero ni la sobreproducción y su consecuente merma en la efectividad en algunos pasajes del álbum logran echar por tierra el buen resultado general. Incluso cortes como el de apertura, Let It Die, de estrofa mediocre, se recuperan impulsados por la sorprendente guitarra de Gus G y sus solos alucinantes y riffs que oscilan entre lo groove y lo thrash, entre lo virtuoso y lo agresivo a lo largo y ancho del disco. Honestamente creo que el aire industrial de canciones como el primer sencillo Let Me Hear You Scream, no favorece el sonido de Ozzy. En un probable afán por escapar de lo anticuado nuestro “mad man” cae en pretensiones innecesarias que ya habían aparecido en Black Rain (2007) y terminan dejando un tufillo a relleno. Al hilo de lo anterior, las canciones más tradicionales de Scream marcan el éxito del disco: lo tradicional no quita lo ambicioso en cortes como Diggin’ Me Down, la mejor canción de Scream, con Gus G brillando una vez más y un Ozzy lúcido en líricas y estructuras musicales que recuerdan al clásico Diary of a Mad Man (1981); Fearless conserva la dureza en contraste con un sonido más matizado y maleable de canciones como Life Won’t Wait y Time, para volver a cargar decibeles en I Want It More y temas menos inspirados pero agradables como Soul Sucker, Crucify y Latimer’s Mercy.

Ozzy cierra su nueva entrega con un agradecimiento con aire a despedida llamada I Love You All, un minuto con sección de cuerdas y guitarra acústica a bordo: “For all these years you’ve stood by me, God Bless, I love you all (Por todos estos años en que me han apoyado, Dios los bendiga, los amo a todos)”. Una despedida que sus seguidores preferimos ignorar, no porque la canción suponga algún tipo de descalabro artístico, aunque resulta una inclusión bastante rara, sino porque queremos creer que la inmortalidad abrazará a Ozzy Osbourne, y que este nuevo título en su colección es un logro importante de muchos más por venir.

Por Fabián Esteban Beltrán.

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