21 meses después del lanzamiento de Vitalogy, Pearl Jam presentó su cuarta placa de estudio, No Code, disco que contó con Jack Irons como nuevo baterista, y uno de los registros más discutidos del célebre conjunto alternativo. Con la reseña de este y de Yield su registro inmediatamente posterior, Estereofónica hace entrega del segundo de tres artículos dedicados a lo mejor de su discografía, a propósito de la primera presentación de la icónica banda de Seattle, Washington en Bogotá. El largamente esperado concierto tendrá lugar, como ya es sabido, el próximo 25 de noviembre en el Parque Simón Bolívar.

Yield

Con una linda presentación en digipak y tres o cuatro sencillos que gozaron de permanente  difusión en el momento de su estreno, No Code, lanzado el 27 de agosto de 1996, sigue siendo hasta hoy uno de los trabajos más discutidos que haya hecho Pearl Jam, sobre todo por los notorios cambios que hubo en su sonido, ahora distanciado de la dirección que siguieron los tres primeros discos del grupo. De No Code se ha dicho también que fue un disco grabado en medio de una serie de numerosas discrepancias, que no contaba con un claro enfoque a seguir a pesar de la intervención de Brendan O’Brien como productor, o que carecía de la inspiración que hubo en álbumes de la talla de Ten o Vs. No obstante, sería el tiempo quien se encargara de darle valor a No Code. En un análisis retrospectivo de las cosas, el esfuerzo de Pearl Jam por no seguir repitiendo la anterior fórmula de éxito hace que el disco en conjunto adquiera especial valía dentro de todo su catálogo, sobre todo por algunas canciones como las que a continuación se describirán, y que, de hecho, se han convertido en temas de culto a pesar de la moderada rotación que tuvieron inicialmente en la radio norteamericana e internacional.

No Code exploraba lírica e instrumentalmente dentro de una espiritualidad imprecisa, una suerte de religión sin nombre que intentaba aliviar ciertos problemas del vocalista Eddie Vedder y que, a juzgar por sus letras y ritmos, demuestra gran proximidad con los cultos de Oriente y de la India. Canciones como “Who You Are” presentan interrogantes acerca de la trascendencia del individuo y de su lugar e identidad en el mundo. Dichas temáticas, afines a otras corrientes universales de la expresividad estética, como la novela de formación alemana, inspirada en la religiosidad oriental, fue de decisiva influencia para diversos músicos británicos norteamericanos, entre ellos, por supuesto, Pearl Jam. Los arreglos de percusión de “Who You Are”, así como los de “In my Tree”, hacen pensar en los sonidos de aquel lado del mundo. Dicho interés por una conexión con el idealismo de oriente sugiere una fase de madurez creativa de la banda, cosa que no asimilaron ciertos críticos, pero que tampoco era de menospreciar en virtud de la búsqueda de horizontes que refrescaran el sonido del grupo. De similar naturaleza hubo otros cortes en el disco, lo cual se infiere de frases como “Sometimes I reach to myself, dear God”, conclusión de Eddie Vedder en “Sometimes”, canción que abre No Code.

Los nuevos intereses líricos no obligaban a la banda a renunciar completamente al rock alternativo más robusto que los había llevado a la fama, aunque los cambios sí resultaban notorios; algunas canciones como “Hail, Hail” estaban algo más cerca del ánimo propio del grunge de aquella década, como también “Smile”, uno de los sencillos más populares de No Code, donde todo el conjunto (con Eddie Vedder tocando por primera vez en estudio la armónica) recuerda un poco al canadiense Neil Young, compositor de indiscutible influencia en el sonido del conjunto de Seattle. “Habit”, “Lukin” y “Mankind” (esta última en voz de Stone Gossard) conservan una orientación semejante, aunque sin destacar como los mejores sencillos del disco. Entre tanto, otros cortes como “I’m Open” muestran a una banda adulta en su propuesta lírica, decidida a conseguir un sonido de otra trascendencia, más universal y menos ligado a los lineamientos mismos del género del grunge. Ante todo, destaca de nuevo la sensibilidad poética de Vedder. “Red Mosquito”, en cambio, se acerca al rock americano tradicional, con algunos guiños al blues y con más fraseos de guitarra que cualquier otra canción de No Code.

No Code

A diferencia del resto del álbum, “Presen Tense” suena como el soundtrack de una road movie y es, sin lugar a dudas, uno de los grandes logros de la carrera de Pearl Jam. De autoría de Eddie Vedder y Mike McCready, la canción  reflexiona sobre el eventual temor que puede suponer el asumir la vida a determinada edad, o sobre la inutilidad de arrepentirse por episodios pasados sin ver un presente de panoramas distintos: “Makes much more sense to live in the present tense”, añade Vedder. El resultado final es sobrecogedor. Sin embargo, por motivos de difícil comprensión, este sencillo no alcanzó la difusión que bien merecía en su momento. Con el tiempo se llegó a afirmar que el título del mismo estaba inspirado en la figura de Pete Townshend y, a decir verdad, tanto su sección rítmica como los riffs de guitarra en el tramo final de la canción recuerdan a los The Who de Quadrophenia o Who’s Next, otra banda que influyera decisivamente a Pearl Jam. Únicamente por “Present Tense” se justificaba la adquisición de No Code.

El álbum permaneció en el primer lugar de los listados por espacio de dos semanas. Los tesoreros del sello Epic esperaban agotar más de medio millón de copias en su primera semana de lanzamiento, pero en ese momento apenas se vendió una suma cercana a los 366.500 ejemplares. El disco tampoco consiguió la certificación multiplatino de los tres álbumes anteriores y recibió todo tipo de comentarios por parte de la prensa especializada. Aún así, No Code acertaba en la tentativa de lograr cierta madurez, muy a pesar del método que para ello eligiera la banda. Quienes esperen encontrar en No Code el mismo nervio de otros discos anteriores podrán desalentarse al principio, aunque se trata de un registro que va ganando con el paso de los días, y que adquiere mayor significado cuando se somete a repetidas y muy atentas escuchas. El atractivo empaque del CD no recurría al tradicional “booklet” con créditos y cancionero, sino a un fajo de 9 fotos tipo Polaroid en cuyo respaldo aparecían las letras de las canciones. Dicho paquete, por cierto, se organizaba de manera aleatoria, ya que para el álbum se habían diseñado 144 diapositivas, motivo por el cual ningún seguidor de la banda tenía en sus manos el cancionero completo ni tampoco un digipak idéntico al de otros compradores. En suma, y a pesar de la controversia mediática, No Code será recordado como una de las entregas más originales en la discografía de Pearl Jam.

Yield, el quinto álbum en estudio de Pearl Jam, apareció en febrero de 1998. Muchos se animaron a afirmar que el disco se aproximaba más a lo que la banda presentó entre 1990 y finales de 1994. A pesar de ello, el álbum tampoco obtuvo el éxito de antes, aunque sí dejó mejores dividendos que el polémico No Code. Por otra parte, el disco estaba líricamente inspirado en los relatos de Charles Bukowski, prolífico autor de la corriente literaria conocida como “Dirty realism” y en la de otros autores como Daniel Quinn, lo cual supone, al menos en términos de contenido, cierta correlación con lo que la banda intentó en su registro previo. “Given To Fly” y “Do The Evolution” (para este último se realizó un estupendo video de animación donde se pone en cuestión la tan difundida idea de la razón instrumental de Occidente y del predominio del hombre con respecto al resto de las especies) fueron los sencillos más destacados de Yield.  Aún así, el disco contaba con otras canciones notables como “No Way”, un track sin título de la autoría de Jack Irons (conocido como “Red Bar” o “) y “N.F.C”.

En resumen, Yield era un trabajo correcto, pero el material más excepcional de la banda no estaba allí. En el momento de aparición del álbum, tanto Eddie Vedder como Pearl Jam estaban asomándose de nuevo en la televisión estadounidense para promocionar sus canciones, después de haber expresado su negativa a intervenir en festivales como Woodstock 94 o haber dejado de grabar videoclips. Sin embargo, y a pesar de encontrarse en un momento de aparente declive comercial, la venta de un millón y medio de copias de su quinto álbum de estudio en los Estados Unidos seguía siendo una cifra gruesa. En Colombia, como era de esperarse, la recepción y venta del disco fue pésima. Expuestas las cosas con firmeza y objetividad, los antiguos ejecutivos de Sony Music afirman acertadamente que, para el año de aparición de Yield, el público que adquiría discos de rock y pop estaba interesado en otros géneros. Sin duda, la banda líder en el modesto mercado de producto anglo en Colombia era KoЯn.

No sería descabellado afirmar que el sector de entusiastas colombianos de Pearl Jam allí seguía siendo relativamente pequeño para 1998, y que los discos que los de Seattle habían vendido en dicho mercado también dependían de la compenetración que hubo entre la radio y las tiendas nacionales con las novedades musicales de la primera mitad de la década del noventa. En la segunda, sin embargo, no hubo un seguimiento legítimo y atento de una hinchada de fans del grunge en el país. Por el contrario, las agrupaciones que más vendían en 1998 eran Aerosmith (Nine Lives), Everclear (So Much for The Afterglow) o Limp Bizkit (Three Dollar Bill, Yall$), entre otros; quienes buscaban sonidos distintos preferían las propuestas de Jamiroquai, Dave Matthews Band, Moloko y otros artistas de la corriente hip hop.

La tercera y última reseña, correspondiente a la discografía de Pearl Jam entre 2000 y 2015, también hará una breve mención a sus célebres discos “bootleg” y a los pormenores de la gira que la banda adelantará en territorio latinoamericano: Chile, Argentina, Brasil, Colombia y México.

Iván Torres.

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